Una muestra del ingenio español

Con el fin de homenajear a nuestros inventores con motivo de la celebración, el pasado miércoles 9 de noviembre, de su día internacional, os vamos a informar sobre la existencia de dos inventos creados por españoles que solucionan problemas prácticos de la vida cotidiana y han dado lugar al registro de modelos de utilidad y patentes.

El primer invento es un retrovisor denominado TRSI. Ideado y diseñado para colocarse fácilmente en los pilares interiores de la carrocería del automóvil, su cometido es evitar los accidentes que se producen en el ámbito urbano cuando el pasajero de un coche se dispone a salir del vehículo, y abre la puerta trasera del mismo sin haberse podido cerciorar de la llegada de otro utilitario, motocicleta, bici, etc.

Luis Ros Santasusana, inventor de este sencillo sistema de seguridad, nos ha comentado que la idea le surgió debido a un accidente de tráfico sufrido por él mismo. “Afortunadamente no tuvo consecuencias graves para nadie. Iba en mi motocicleta y el pasajero de un taxi abrió la puerta sin que tuviera tiempo de maniobrar para esquivarla, lo que me hizo caer con la moto”. Tras investigar en profundidad sobre la casuística de este tipo de siniestros y comprobar la gran cantidad de personas (sobre todo peatones, ciclistas y motoristas) que los sufren tanto en España como en Europa, Ros decidió sacar adelante su proyecto.

Al preguntarle sobre el tiempo transcurrido desde el momento en que tuvo la idea de cómo evitar estos accidentes hasta ver fabricados los primeros retrovisores TRSI, Ros nos ha aclarado que se han de asumir dos clases de plazos “los relativos al registro de la patente del invento y los vinculados al proceso de fabricación”. En el primer caso, el joven inventor catalán relata que “desde que presenté el registro de la invención ante la Oficina Española de Patentes y Marcas hasta que me fue concedida la patente a escala estatal transcurrió un año. En lo que se refiere al reconocimiento de la patente europea esperé cinco años”.

Con respecto al procedimiento que siguió para solicitarla, Ros aclara que “para un inventor independiente como yo es fundamental acudir a un ingeniero. La redacción de la solicitud ha de hacerse empleando términos muy técnicos, no hay que olvidar de que se trata de un texto jurídico. Es importante ser preciso y pertinente si quieres aspirar a que la patente te sea reconocida”. Ros no sólo patentó el retrovisor TRSI como accesorio para el automóvil, también un sistema electrónico digital provisto de una pantalla capaz de detectar la proximidad de un vehículo y emitir una señal de alerta a los pasajeros antes de que abran la puerta para abandonar el automóvil.

Pese a tratarse de un invento útil, sencillo y barato capaz de facilitar la solución preventiva a un problema vial que ocasiona muchos muertos al año, Ros nos ha comentado que tras años de inversión, trabajo y esfuerzos ha dejado aparcado el proyecto. Fundamentalmente debido a la falta real de un compromiso por parte de la industria del automóvil y las instituciones por contribuir a que este tipo de retrovisores se incorporen de serie en los vehículos.

Ros nos ha comentado que, en un principio, tuvo esperanzas fundadas de conseguirlo “ya que recibí el respaldo del Servei Catalá de Transit para dar a conocer mi invento e incluso se aprobó una Proposición No De Ley del grupo parlamentario socialista (28-09-2010) que instaba específicamente a emplear el retrovisor de seguridad integrado TRSI para acabar con los accidentes de tráfico ocasionados por la falta de visibilidad de los pasajeros al salir de los vehículos. En ese momento, tras viajar a varios países en busca de proveedores para fabricar el producto y enseñarlo a las grandes marcas, él mismo vendió 20.000 retrovisores TRSI para el Institut Metropolitá del Taxi en Catalunya. En el marco de una campaña de seguridad vial organizada por el Servei Catalá de Transit.

Además de esto, Ros acudió a varios eventos internacionales sobre seguridad vial para dar a conocer su retrovisor y lo presentó a concurso en algunos certámenes, obteniendo muy buenos resultados. Por ejemplo, ganó la medalla de oro en la Feria Internacional de Invenciones de Ginebra en 2010; fue finalista en los Premios Delta que otorga la la Asociación de Diseño Industrial ADI-FAD al mejor diseño de producto y, finalmente, obtuvo en 2013 la medalla de oro en INPEX, la mayor feria de inventos de EE.UU. En uno de los certámenes citados Ros nos ha comentado que compitió y ganó a todo un dinosaurio de la industria como es la firma Volvo “presentaba a concurso un modelo de coche autoconducido. Pues el jurado consideró mi invento digno del más alto reconocimiento que se concedía en el certamen”.

Tras reunirse con fabricantes y representantes de instituciones tanto locales como estatales; viajar por todo el mundo en busca de proveedores y financiación e incluso endeudarse personalmente Ros ha podido comprobar las dificultades con las que se encuentran los inventores individuales para comercializar sus creaciones. No hay que olvidar que, según aclaraba recientemente en RNE María Ángeles Moreno, jefa de servicio de Información y Atención al ciudadano en la OEPM, tan sólo un 3% de las patentes llega a comercializarse.

Hoy en día es el propio Ros quien se ocupa de comercializar el retrovisor TRSI. Puede adquirirse vía web y encontrarse en algunas grandes superficies, talleres de automoción y tiendas de accesorios para el automóvil. Entre sus clientes hay desde organismos oficiales como el Ayuntamiento de Barcelona o la Consejería de Educación y Cultura hasta la Dirección General de Trafico o la RACC.

El cuchillo Frozencut

El segundo invento del que os vamos a hablar se comercializará a partir del próximo mes de marzo a un precio de unos treinta euros. Se trata de un cuchillo especial que facilita el corte de alimentos grasos, congelados o duros sin necesidad de esperar a que se reblandezcan o hacer esfuerzos extra. Patentado por Francisco Javier Esteban, este cuchillo, denominado Frozencut incorpora una batería en su empuñadura que suministra corriente eléctrica a la resistencia interior de la hoja posibilitando que esta se caliente con tan solo pulsar un botón. Es inalámbrico y se carga igual que un teléfono móvil.

 

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