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Sonia María Rodríguez Huerta, una inventora de tan sólo 17 años

Nueve fueron los inventores/as españoles que, bajo el auspicio del despacho profesional especializado en propiedad industrial Oficina García Cabrerizo, acudieron a la pasada edición del Salón Internacional de Invenciones de Ginebra, celebrado entre los días 11 y 15 del pasado mes de abril, para mostrar sus creaciones.

Algunas de ellas obtuvieron varios premios, hito del que dimos cuenta en esta entrada publicada hace unas semanas en el blog. Tras redactarla reparamos en el hecho de que una de las inventoras premiadas, Sonia María Rodríguez Huerta, ganadora de una medalla de oro y del reconocimiento especial del jurado por la creación de un dispositivo para la retirada aséptica de excrementos caninos, era una estudiante de tan sólo 17 años.

Actualmente, Sonia compagina sus estudios de segundo de Bachillerato Nacional de España con los de segundo de Bachillerato Internacional, en el que, según sus propias palabras, se ha matriculado por tener “otra metodología de estudio”. Además, Rodríguez Huerta nos aclara que también estudia danza en la Royal Academy of Dance, habiendo alcanzado ya el grado Intermediate.

Al preguntarle sobre cuáles son las materias de estudio que más le apasionan, la inventora nos aclara que, si bien le gustan todas las asignaturas, siente una especial predilección por la literatura, razón por la que ha dedicado a ésta su monografía del Bachillerato Internacional. Además, la joven inventora nos confiesa que también le fascina la rama biosanitaria. De hecho ha optado por orientar sus estudios de bachillerato hacia dicho campo de conocimiento. Dentro de ella, sus asignaturas favoritas, afirma, “son biología y química”.

Esta brillante alumna de bachillerato también ha obtenido galardones en diferentes facetas; ella misma destaca “la medalla de bronce en el concurso nacional de danza clásica del año pasado, así como premios en baile contemporáneo, inglés, narrativa, microrrelatos, poesía, en certámenes para jóvenes talentos creadores, etc. Además, ha sido finalista en la Olimpiada Asturiana de Matemáticas y hace poco más de un mes obtuvo el tercer premio en la Olimpiada Filosófica Asturiana.

Aunque es una persona muy polifacética, la joven nos comenta que tiene claro el enfoque de su carrera académica hacia el campo biosanitario: biología o biotecnología. También espera poder completar su formación cursando una segunda carrera en el ámbito de las letras.

Jugar a inventar en un entorno estimulante

Al preguntarle sobre el origen de su pasión por inventar cosas, Rodríguez Huerta nos aclara que siempre le ha gustado “idear cosas. Cuando era pequeña era una aficionada loca de los Playmobiles y me dedicaba a construirles cosas útiles sin ningún sentido aparente. Con bolígrafos, cositas, telas… inventaba modos para subir cosas, poleas, cuando no sabía ni lo que era una polea”.

Esa inquietud por aportar soluciones a problemas prácticos siempre ha sido bien recibida por su entorno. Con respecto a ello, Sonia afirma que “familia, profesores, compañeros y amigos han comprendido y apoyado siempre todas mis inquietudes y mis ideas. Quiero destacar a mis abuelos y a mi tío Eduardo, que es incondicional. Mi entorno siempre me ha apoyado y ha confiado en mí desde que era pequeña”.

Sonia María Rodríguez Huerta muestra el diploma obtenido en el Salón Internacional de Invenciones de Ginebra (2018)

Sobre el invento premiado en el Salón de Ginebra

Según nos explica su propia creadora, el invento por el que recibió la medalla de oro y el reconocimiento del jurado durante la última edición del Salón Internacional de Invenciones de Ginebra “es básicamente un recoge-cacas, hablando mal y pronto; lo que hace es recoger la caca de las mascotas sin que tú tengas que hacer el nudo ni tener que tocarla, de manera totalmente aséptica”. Los motivos que impulsaron a la joven inventora a buscar esta solución están relacionados con el hecho de que “quería tener un perro y existía en casa el problema de la higiene”.

Como les sucediera a otros muchos inventores/as a lo largo de la historia, la primera recepción del invento descrito, gracias al que Sonia obtuvo su premio en Ginebra, no fue buena. Ella misma nos cuenta que “el invento se me ocurrió con ocasión de un concurso para emprendedores que había en mi colegio, San Ignacio de Oviedo. Pero a ellos no les gustó nada, así que participamos con otra idea sobre algo biotecnológico, completamente diferente; gracias a esa idea llegamos a ganar un concurso nacional hace dos años”.

Su inquietud por la inventiva permitió a la joven inventora conocer la existencia del Salón de gracias a la Fundación García Cabrerizo; “me enviaron la invitación y después, hablándolo con mis amigos, mis profesores y mi familia, que me apoyaron en la aventura del viaje, decidí ir…en pleno curso”. Lo que a tenor de los resultados obtenidos fue todo un acierto.

Cuando preguntamos a la estudiante si se le ha ocurrido aprovechar el éxito cosechado para obtener algún tipo de beneficio económico comercializando su invento nos aclara que “en un principio no, pero parece ser que debo pensar en ello, o eso es a lo que me han incitado, por lo que sí tendré que hacerlo. Se han dirigido a mí muchas empresas. Tengo muchas hojas con firmantes y gente interesada en producirlo, comprarlo o en venderlo”. En caso de decidirse a comercializarlo, Rodríguez Huerta asegura tener claro “lo que son y también para qué sirven una patente o un modelo de utilidad”.

En cualquier caso, llegue o no a ver triunfar su recogedor de excrementos de mascota en el mercado, Rodríguez Huerta declara que piensa seguir inventando “sí, tengo en mente muchas cosas pero, por lo que he visto, aquí no se pueden contar datos hasta que el producto esté patentado o modelizado de utilidad, así que la respuesta es sí, y tanto sola como con otras personas, compañeros y amigos”.

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“España tiene una fuerte capacidad emprendedora y excelentes institutos de investigación.”

Publicamos la entrevista que hemos mantenido con María Luisa Hernández Latorre, tercera de las mujeres españolas que optan este año a recibir el premio europeo a la mujer innovadora, galardón que se otorgará el próximo 22 de junio. Hernández Latorre es licenciada en Ingeniería Industrial (Universidad Politécnica de Valencia) que lleva más de una década al frente de Ingelia, compañía de base tecnológica radicada en la capital levantina que co-fundó en 2005 con el objetivo de desarrollar los recursos tecnológicos necesarios para poder utilizar el proceso de carbonización hidrotermal a escala industrial.

Ideado en 1913 pero relegado al olvido por el auge de la industria del petróleo, el citado proceso permite transformar los residuos orgánicos (biomasa) en materiales de carbono que pueden ser empleados en la bio-industria. En 2007, gracias a la colaboración científica con el Instituto de Tecnología Química (ITQ) de la Universidad Politécnica de Valencia, Ingelia consiguió su objetivo: fundar una avanzada planta industrial de Carbonización Hidrotérmica de biomasa (HTC) y conseguir convertirla en una de las más avanzadas de Europa.

 

Recientemente hemos sabido que usted está entre las tres mujeres españolas que han sido nominadas para la obtención del premio Europeo a la Mujer Innovadora ¿Cómo valora la noticia? ¿Qué beneficios considera puede traer su nominación al proyecto empresarial de Ingelia?

Se trata de un excelente reconocimiento a la labor de innovación realizada por Ingelia al más alto nivel europeo. Tengo el honor de liderar un gran equipo de profesionales y expertos internacionales y este reconocimiento es una recompensa también para ellos que reconoce nuestra labor en los últimos años.

¿Qué razones le impulsaron a co-fundar Ingelia en el año 2005?

El proyecto de desarrollo tecnológico de Ingelia inicia como una idea en el año 2007 y las razones que me impulsaron a llevar a cabo este proyecto fueron varias: la visión de una enorme oportunidad de negocio creada en el sector de valorización de materia orgánica húmeda, la responsabilidad de contribuir a la creación de valor en la sociedad y la inquietud de aprender y mejorar nuestra gestión de residuos desarrollando un proyecto de innovación industrial.

Su empresa produce a escala industrial y comercializa biocarbón y fertilizantes líquidos utilizando el procedimiento de carbonización hidrotermal, que tras ser desarrollado en 1913 prácticamente no se aplicó durante más de 90 años ¿A qué considera que se debe este olvido?

El proceso químico HTC fue descubierto en laboratorio en el año 1913 por el Premio Nobel de Química Friedrich Bergius y no fue desarrollado a nivel industrial debido a que en aquel tiempo se apostaba por otro tipo de combustibles como los derivados del petróleo. Fue en el año 2006 cuando el Instituto Max Planck en Potsdam (Berlín) retomó las investigaciones en HTC y organizó un workshop eligiendo a doce empresas europeas para establecer una colaboración. Ingelia participó en este workshop hasta el año 2009 a partir del cual inicia la colaboración científica con el Instituto de Tecnología Química (CSIC-UPV) donde trabaja con investigadores de reconocido prestigio como el Prof. Avelino Corma y el Dr. Michael Renz.

Ingelia se fundó a mediados de la primera década del siglo XXI y, con apenas tres años de vida, sobrevino la crisis económica ¿Cómo pudieron afrontar esos años y conseguir sacar adelante la empresa?

Ingelia ha cerrado tres ampliaciones de capital en 2009, 2012 y 2014, incorporando inversores a la compañía y aumentando su balance hasta casi 10 millones de € invertidos en el proyecto. En plena crisis económica, Ingelia crece gracias a la excelencia de su proyecto y al proceso de internacionalización que puso en marcha abriendo delegaciones inicialmente en UK, Italia y Bélgica y en general en otros países de la Unión Europea. El compromiso del equipo de Ingelia y la disposición de herramientas financieras de la Comisión Europea, Incentivos Regionales, Enisa y CDTi para financiación de la innovación, han facilitado el desarrollo del proyecto. La coordinación con los agentes de su entorno y la involucración de los mismos en el proyecto ha sido clave para el éxito del proyecto de Ingelia.

Su empresa comercializa productos de un valor añadido muy alto ¿Qué compañías compiten actualmente con Ingelia en el mercado internacional y qué lugar ocupa su empresa actualmente en él?

Ingelia construyó y puso en marcha en el año 2010 la primera planta industrial en el mundo que funciona con la tecnología HTC. Esta tecnología permite valorizar todos los residuos orgánicos, de cocinas, lodos de depuradora, industrias agroalimentarias y restos verdes agrícolas que representan el 50% de la cantidad de residuos generada, transformándolos en biomateriales. El proyecto se dirige a un mercado en pleno crecimiento que a día de hoy es de 150 millones de toneladas anuales en Europa.

Ingelia se sitúa como líder en su sector a nivel mundial con una ventaja competitiva de cinco años respecto a sus principales competidores. El sector HTC crece en número de empresas e institutos de investigación e Ingelia tras finalizar la fase de desarrollo tecnológico consolida su posición de liderazgo con dos plantas industriales en el mercado en Valencia e Immingham (UK) y acuerdos comerciales para la construcción de dos plantas adicionales en Italia y Escandinavia en 2018.

Hace poco supimos que una de las razones por las que la mayoría de start-ups no consigue estabilizarse en el mercado es la falta de protección de sus bienes intangibles ¿Cómo han afrontado dicha protección en Ingelia?

Ingelia mantiene una sólida estrategia de inversiones en I+D y ha desarrollado un plan de protección de su Propiedad Intelectual basada en el mantenimiento de la ventaja competitiva y su posición de liderazgo. Realiza inversiones continuas en I+D para el desarrollo de nuevas aplicaciones de la tecnología y productos HTC y protege sus resultados mediante patentes, realizando publicaciones y participando en conferencias de prestigio especializadas.

Desde su experiencia ¿Considera que los emprendedores en España tienen conciencia de la importancia que tiene proteger de forma adecuada los resultados de sus investigaciones (activos intangibles)?

Creo que España tiene una fuerte capacidad emprendedora y un excelente grupo de institutos de investigación. Hace falta mejorar la coordinación entre los mismos y salir de nuestra esfera de confort adquiriendo un compromiso por los proyectos de innovación. El emprendedor debe disponer de las herramientas financieras necesarias para proteger la innovación e invertir en su introducción en el mercado.

¿Cuántos de los procedimientos y productos innovadores que han desarrollado han decidido patentar? Sus patentes ¿Las han solicitado a escala Europea o mundial? ¿Han recibido asesoría legal para ello?

Ingelia dispone a día de hoy de catorce patentes internacionales a nombre de la empresa que forman parte de su valor estratégico. Las patentes han sido desarrolladas por nuestro director tecnológico Dpl. Ing. Martin Hitzl, socio de Ingelia que colabora con un despacho de asesoría específica internacional para la redacción de las patentes, protección de los derechos y vigilancia de la propiedad intelectual.

Según hemos podido conocer, Ingelia mantiene un acuerdo de colaboración científica con el Instituto de Tecnología Química (ITQ) de la Universidad Politécnica de Valencia. Dicho acuerdo ¿Regula los procesos de transferencia tecnológica entre la citada Universidad e Ingelia? ¿En qué términos beneficia a ambas partes?

Ingelia mantiene un acuerdo de colaboración con el ITQ para el desarrollo conjunto del proceso HTC y nuevas aplicaciones de los productos. Ingelia e ITQ disponen de patentes conjuntas y el acuerdo prevé beneficios en base a royalties por cada unidad de Ingelia que se instala en el mercado, según la capacidad de producción de biocarbón. Esta modalidad ha permitido a Ingelia disponer para su proyecto de un equipo de investigadores de primer nivel desde el inicio del proyecto y al ITQ le permite obtener ingresos a largo plazo que aumentan con la introducción de la tecnología en el mercado.

¿Qué opinión tiene de la forma de canalizar y organizar los procesos de transferencia tecnológica entre Universidad y Empresa? Teniendo en cuenta su experiencia ¿Cambiaría algo de ese proceso?

Hace falta mejorar la coordinación entre los grupos de investigación y los emprendedores, incluso incluyendo al equipo tecnológico en los órganos de toma de decisión o administración de la empresa. Es necesario dotar al emprendedor de medios específicos de financiación para proyectos de innovación incluyendo la colaboración para el desarrollo de standards y procedimientos administrativos de legalización para la puesta en el mercado de los proyectos de innovación.

¿Qué opina sobre quienes consideran que una excesiva relación entre empresa y universidad podría condicionar en exceso el enfoque de las investigaciones y la distribución de los fondos económicos entre disciplinas científicas? En el sentido de que se abandonarían aquellas disciplinas consideradas “menos rentables” para privilegiar las desarrolladas en campos de la ciencia cuyos resultados pudieran generar potenciales beneficios en un mercado.

La empresa que realiza innovación debe trabajar estrechamente con los institutos de investigación con el objetivo de llevar al mercado la innovación realizada. Los fondos disponibles se invierten con criterio de rentabilidades a más largo plazo que las inversiones tradicionales, teniendo en cuenta que una vez en el mercado el proyecto innovador dispone de posibilidades de crecimiento mucho mayores y por tanto es necesario definir una financiación específica para el proyecto. Ingelia trabaja con financiaciones en condiciones flexibles adaptadas al proyecto innovador.

¿Ha percibo la señalada “brecha de género” durante el desarrollo de su carrera profesional, sea en el ámbito científico o en el de los negocios al afrontar la creación de Ingelia? Desde su experiencia en ambos campos de actividad ¿Qué acciones considera sería oportuno llevar a cabo para terminar con dicha brecha?

Creo que la incorporación de la mujer en el mundo emprendedor y en los puestos directivos de las empresas es una necesidad, existe una gran cantidad de mujeres en Europa con nivel alto de formación que pueden representar una mejora indiscutible para nuestro tejido productivo aumentando el porcentaje de innovación exitosa en las empresas y por tanto su crecimiento.

Está demostrado que empresas que han incorporado mujeres en sus órganos de administración han experimentado una mejora de sus resultados, en mi opinión debido a un enriquecimiento en el proceso de toma de decisiones. Yo me he sentido siempre integrada y cómoda en el ámbito científico y de negocios, llevando a cabo una coordinación con todos los agentes indistintamente de su género, con el objetivo de sumar, aportar y crear valor.

Para terminar, os ofrecemos el vídeo que la organización ha grabado a María Luisa Hernández Latorre con objeto de presentar su nominación a los premios

“Pensé que para liderar en primera persona la transferencia de la tecnología la mejor vía era crear una spin-off”

Entrevistamos a María Pau Ginebra, una de las tres mujeres españolas que optan este año a recibir el Premio Europeo a la Mujer Innovadora. En 2013 co-fundó una empresa de base tecnológica que fabrica bio-implantes óseos a partir de los hallazgos de varias investigaciones realizadas en la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC).

El pasado 20 de marzo difundimos en este mismo blog los nombres de las tres españolas que optan este año a recibir el Premio Europeo a la Mujer Innovadora, galardón mediante el que desde la Comisión Europea se brinda un merecido reconocimiento público a emprendedoras de todo el continente. En especial, se presta atención a quienes hayan demostrado su capacidad para levantar proyectos empresariales prósperos a partir de los resultados de investigaciones punteras, a ser posible realizadas en sectores productivos clave para la consecución de los objetivos que marca el plan Horizonte2020.

Como decimos, de las 12 finalistas nominadas para recibir este prestigioso premio tres son españolas: Maria Pau Ginebra, Alicia Asín y María Luisa Fernández Latorre. La cifra representa la cuarta parte del total. Con objeto de conocer algo más de cerca su trayectoria y logros profesionales decidimos entrevistar a cada una de ellas.

Hoy os acercamos el fruto de la mantenida con Maria Pau Ginebra, Catedrática del Departamento de Ciencia de los Materiales e Ingeniería Metalúrgica de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) de Barcelona; Directora de la División de Biomateriales del Centro de Investigación en Ingeniería Biomédica de la UPC; Investigadora Asociada del Instituto de Bioingeniería de Catalunya; y co-fundadora, Presidenta y Asesora Científico-técnica de Mimetis, firma especializada en el diseño, fabricación y validación clínica de injertos óseos biomiméticos con varios avances patentados en dicho campo.

Entre los últimos hitos que ha conseguido la compañía está el haber sido seleccionada para participar en el proyecto europeo MaxiBone, concretamente en la fase de validación preclínica de biomateriales fabricados a medida mediante una técnica de bio-impresión tridimensional. El proyecto ha recibido una subvención de 320.000 €.

A continuación os acercamos las respuestas de la Doctora M.P. Ginebra a nuestras preguntas sobre aspectos relacionados con la transferencia tecnológica, la protección de los bienes intangibles o la relación universidad-empresa, entre otros temas. Esperamos que os resulte interesante.

“El mundo académico es como una “isla” de conocimiento, que está desconectado del “continente” de la realidad. Es necesario tender muchos puentes que unan estos dos mundos”

Recientemente hemos sabido que usted está entre las tres mujeres españolas nominadas para la obtención del premio Europeo a la Mujer Innovadora ¿Cómo valora la noticia? ¿Qué beneficios considera puede traer su nominación al proyecto empresarial “Mimetis”?

Es muy reconfortante recibir una noticia de este tipo. Haber llegado a ser finalista es ya de por sí un reconocimiento al trabajo realizado no sólo por mi sino por todo mi equipo. Aparte de la alegría de ver que estamos remando en la dirección adecuada, esta nominación conlleva un reconocimiento social y ayuda a dar a conocer nuestro proyecto, por el prestigio que tienen estos premios.

¿Qué le impulsó a co-fundar una empresa como Mimetis en el año 2013?

La motivación vino del deseo de transformar en un producto real la tecnología que habíamos desarrollado en mi grupo de investigación, el grupo de Biomateriales, Biomecánica e Ingeniería de Tejidos de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), después de muchos años de trabajo.

Teníamos estudios científicos que mostraban las buenas propiedades de una nueva familia de materiales para regeneración ósea, y además de proteger la tecnología mediante patentes, pensé que para liderar en primera persona la transferencia de la tecnología la mejor vía era crear una spin-off de la UPC. El punto crítico fue contar con un equipo competente y con ilusión en el proyecto, formado por dos estudiantes de doctorado que conocían muy bien la tecnología, David Pastorino y Yassine Maazouz, y otro profesor de mi grupo de investigación, Javier Gil.

¿Cuáles son sus responsabilidades dentro de la empresa y cómo valora este primer lustro de actividad?

Actualmente soy la Presidenta y me encargo del asesoramiento científico y técnico. Estos casi cinco años han sido muy intensos y hemos abierto camino en muchos frentes. Sacar un producto al mercado en el campo de los dispositivos médicos no es nada fácil, hay un recorrido regulatorio largo y complejo. Mirando atrás realmente el balance es muy positivo; hemos avanzado bastante rápido y hemos aprendido mucho.

Su empresa comercializa productos de un valor añadido muy alto ¿Qué compañías compiten con Mimetis y qué lugar ocupa su empresa actualmente en el mercado internacional?

Hay grandes empresas que comercializan sustitutos óseos. Gran parte del mercado está ocupada por materiales de origen animal. El sector de los materiales sintéticos es más reducido pero está cobrando mucha fuerza en los últimos años y nuestro propósito es posicionarnos con un producto sintético pero diferenciado de los ya existentes. Nuestro producto representa un avance significativo porque está elaborado siguiendo un proceso más natural, más parecido al proceso fisiológico de remodelado del propio hueso. Mimetis está actualmente en el mercado nacional pero además tenemos un acuerdo de colaboración con opción de distribución con una compañía multinacional.

Sobre la protección de los resultados de las investigaciones

Hace poco supimos que una de las razones por las que la mayoría de start-ups no consigue estabilizarse en el mercado es la falta de protección de sus bienes intangibles ¿Cómo han afrontado dicha protección en Mimetis?

Como he mencionado Mimetis es una start‐up de la UPC. Al constituirse, la universidad acordó con la empresa cederle en exclusiva la licencia de diversas patentes presentadas por nuestro Grupo de Investigación. Actualmente estamos desarrollando nuevos productos y procesos que nos planteamos también proteger. Lo que está claro es que la presentación y el mantenimiento de patentes tiene un coste muy alto, que la empresa debe estar en condiciones de afrontar, y esto no es fácil.

¿Considera que la comunidad científica tiene conciencia de la importancia que tiene proteger de forma adecuada los resultados de sus investigaciones (activos intangibles)?

En el ámbito académico hay actualmente mucha presión por publicar. El sistema de evaluación al que están sometidos los investigadores hace que haya mucha competitividad y en muchos casos hay la tentación de buscar la rentabilidad a corto plazo, que se obtiene con los artículos publicados.

Patentar es un proceso complicado y largo, y además después de la patente es necesario hacer un seguimiento, y buscar como licenciarla al sector industrial. Todos estos mecanismos se escapan del ámbito académico y por esto muchas veces se descarta esta opción.

¿Cuántas de las innovaciones que han desarrollado en el campo de los bio-materiales han decidido patentar? Sus patentes ¿Las han solicitado a escala Europea o mundial? ¿Han recibido asesoría legal para ello?

Soy autora de 10 patentes, algunas de ellas a escala estatal y otras a escala europea. En la mayoría de ellas hemos recibido asesoramiento desde el Departamento de patentes de la UPC, y en algunos casos hemos recibido también asesoría por parte de agentes de patentes.

El difícil camino a emprender para transformar el avance científico en producto innovador

Teniendo en cuenta que usted ha desarrollado su carrera en el ámbito de la investigación científica dentro de la Universidad ¿Qué retos le resultó más difícil afrontar dentro del ámbito de los negocios? ¿Qué ha aprendido durante estos cinco años de actividad en Mimetis?

Hay dos aspectos que son especialmente complicados de afrontar para una persona que accede al mundo de las empresas de base tecnológica desde el entorno académico. Por una parte el tema regulatorio para productos del sector biomédico, que es muy complicado (aunque ciertamente menos que para el sector farmacéutico). Se deben cumplir muchos requisitos y el proceso para obtener la marca CE, que permite comercializar un producto,  es largo y costoso.

El segundo aspecto, que enlaza con el primero expuesto, es la necesidad de disponer de una cantidad sustancial de fondos para financiar todo el proceso. Este tipo de empresas tienen un periodo de latencia largo; hasta poder empezar a vender el producto y obtener ganancias gracias a ello puede pasar un tiempo considerable. En estos años me he dado cuenta de hasta qué punto el mundo académico, que es como una “isla” de conocimiento, está desconectado del “continente” de la realidad. Es necesario tender muchos puentes que unan estos dos mundos.

¿Qué opinión tiene de la forma de canalizar y organizar los procesos de transferencia tecnológica entre Universidad y Empresa? Teniendo en cuenta su experiencia de 5 años al frente de una firma de como Mimetis ¿Cambiaría algo de ese proceso?

Lo cierto es que se están haciendo esfuerzos para acelerar esta transferencia desde la Universidad a la empresa, y tender esos puentes de los que hablaba en la pregunta anterior. De hecho, mi universidad, la UPC, es puntera en este sentido, y tengo que decir que he disfrutado en primera persona del apoyo y asesoramiento que, con los medios limitados con los que cuenta, me han proporcionado el Programa Innova de apoyo a las spin-offs y el Departamento de patentes y licencias.

Creo que es indispensable que la Universidad cuente con más medios para articular programas de ayuda eficientes; y más aún ahora, cuando parece que ya no será posible que las Universidades presenten patentes a “coste cero”. Esto puede dificultar mucho la cultura de protección de la propiedad intelectual que se ha intentado impulsar en los últimos años.

Pros y contras del acercamiento entre el mundo académico y el empresarial

¿Qué opina sobre quienes afirman que la aplicación práctica de los resultados de una investigación científica, esto es, su transformación en bienes y servicios de potencial éxito en un mercado concreto, debería ser un baremo a considerar en los méritos curriculares de los científicos?

Estoy totalmente de acuerdo. Actualmente los méritos curriculares están muy restringidos a las publicaciones científicas, en parte porque es un criterio fácil de estandarizar y cómodo. Pero esto tiene un gran riesgo, el de frenar el espíritu emprendedor de los investigadores, que se adaptan al entorno y dejan de innovar porque les es más rentable, en términos de evaluación, publicar. Paradójicamente, con el ánimo de estimular la calidad de la investigación podemos estar matando la creatividad y la emprendeduría de los investigadores.

Por contra ¿Qué opina sobre quienes consideran que una excesiva relación entre empresa y universidad podría condicionar en exceso el enfoque de las investigaciones y la distribución de los fondos económicos entre disciplinas? En el sentido de que se abandonarían aquellas disciplinas consideradas “menos rentables” para privilegiar las desarrolladas en campos de la ciencia cuyos resultados pudieran generar potenciales beneficios.

De la misma manera que creo que se ha de valorar la transferencia de tecnología, también opino que es fundamental apoyar la ciencia básica. Muchos de los desarrollos tecnológicos de los que disfrutamos hoy no hubieran sido posibles sin los avances de la física o la química fundamentales.

La investigación básica y la investigación aplicada no son auto-excluyentes, hay que potenciar las dos, no tendría sentido potenciar una en detrimento de la otra. No es cierto que la investigación básica no sea rentable. Puede no serlo a corto plazo pero a largo plazo siempre lo es.

Algunas de las patentes registradas por la protagonista de nuestra entrevista las podéis ver aquí.

Tres españolas entre las finalistas al Premio Europeo a la Mujer Innovadora.

El pasado 8 de marzo, durante la celebración del Día Internacional de la Mujer, la Comisión Europea dio a conocer el nombre de las 12 finalistas que optarán a recibir este año el Premio Europeo a la Mujer Innovadora.

La ganadora se sabrá el próximo 26 de junio, fecha en la que recibirá un buen respaldo a su trabajo ya que el certamen, fundado bajo el marco de la iniciativa Horizonte2020, otorga cantidades que van desde los 20.000 € hasta los 100.000 € a proyectos desarrollados por mujeres innovadoras que hayan beneficiado el avance de las investigaciones europeas en su campo y/o que hayan fundado compañías de éxito en el mercado.

El pasado año hubo cuatro mujeres españolas entre las finalistas, hito del que dimos cuenta en esta entrada del blog, y este año seguimos de enhorabuena; de entre las mujeres que optan a recibir el premio principal tres son españolas, lo que representa un tercio del total.

En concreto hablamos de Alicia Asín Pérez, co-fundadora de la compañía Libelium de Zaragoza, responsable del desarrollo de una tecnología de sensores inteligentes útil para desplegar redes y aplicaciones para crear entornos IoT.

María-Pau Ginebra, fundadora de la compañía Mimetis en Barcelona, que diseña y manufactura nuevos materiales bio-sintéticos para la regeneración ósea y aplicaciones ortopédicas.

Y finalmente María Luisa Hernández Latorre, co-fundadora de la compañía Ingelia en Valencia, cuya actividad se centra en la aplicación de una novedosa tecnología industrial desarrollada para reciclar residuos biológicos en biomateriales

Las otras seis finalistas proceden de Francia (2), Italia, Austria, Reino Unido y Lituania. Podéis ver qué proyectos empresariales les ocupan visitando la web donde la Comisión Europea ofrece la lista completa de aspirantes a recibir el premio en esta su quinta entrega.

Criterios de selección y decisión muy claros

Las finalistas han sido seleccionadas por un jurado independiente compuesto por expertos del ámbito de los negocios, de entidades de capital riesgo, emprendedores y académicos. La Comisión recibió 122 solicitudes procedentes de todos los países de la UE alineados con los objetivos que marca el plan Horizonte2020. Las compañías creadas por las mujeres participantes se han levantado en torno a ideas innovadoras aplicadas a un amplio espectro de sectores de mercado, siendo el sanitario, el bio-tecnológico y el de innovación social los tres más prominentes. A la hora de escoger a las potenciales ganadoras el jurado ha seguido cuatro criterios básicos muy claros.

  • La originalidad y potencial comercial del producto o servicio provistos por la compañía de la participante (teniendo en cuenta para evaluarlos el número de patentes, co-patentes y marcas registradas por ella).
  • El impacto económico, medido por el número de países de la UE a los que haya sido exportado el producto y por el volumen de retorno de la inversión generado en 2015 y 2016.
  • El impacto social, medido por la cantidad de empleos que haya podido generar la llegada del producto innovador al mercado y en qué medida contribuye a combatir los retos que ha de afrontar la UE
  • El peso del papel que ha cumplido la mujer que opta a recibir el premio en el éxito cosechado por la compañía. Con arreglo a este último criterio, deberá explicar su grado de influencia en ese éxito y servir así como inspiración para que otras mujeres se conviertan en emprendedoras.

Una iniciativa encaminada a cerrar la brecha de género

Al igual que el resto de potencias económicas, Europa necesita seguir innovando para impulsar su crecimiento económico, mantener un buen nivel competitivo y afrontar con ciertas garantías de éxito los retos que se le presentan durante las próximas décadas (envejecimiento de la población, cambio climático, búsqueda de la eficiencia energética, conservación del medio ambiente…).

Se trata de un triple objetivo difícil de conseguir para el viejo continente en caso de no saber aprovechar como debe todos los recursos humanos de los que dispone, siendo inaceptable el desperdicio de las capacidades, conocimientos y destrezas atesorados por las mujeres a causa del insuficiente reconocimiento público de sus logros y su infra-representación en el ámbito empresarial.

Pese a que constituyen el 52% de la población europea, las mujeres tan sólo representan el 34,4% del total de personas que trabajan por cuenta propia en la UE, y el 30% de las que son dueñas de su empresa. A pesar de ser bastante mejorable, este último porcentaje está entre los más altos del mundo, si bien se sitúa aún por debajo de los registrados en EE.UU, donde de acuerdo con éste estudio especializado publicado en 2017 el 30,7% de las personas que son dueñas de sus propios negocios son mujeres; ó China, país en el que el número de mujeres propietarias de empresas llega a ser del 30,9% del total.

Siguiendo con el repaso de las cifras recogidas en el estudio de referencia citado, es interesante destacar que en él España aparece como el país europeo en el que hay más mujeres emprendedoras dueñas de sus negocios. El 30,8% del total de personas que son propietarias de una empresa en nuestro país son mujeres. Los países del viejo continente que se sitúan más cerca de esta cifra son Polonia (29,6%), Portugal (29,1%) y Bélgica (26,2%).

Con el fin de hacer menor esta brecha de género en el ámbito empresarial, la Comisión Europea está trabajando para alentar a más mujeres a sacar adelante sus propios negocios. La celebración de los Premios Europeos a la mujer innovadora es una de las iniciativas que se organizan persiguiendo ese objetivo. Según palabras del comisario europeo en materia de innovación, investigación y ciencia Carlos Moedas, por medio de estos galardones “se brinda reconocimiento público a mujeres emprendedoras excepcionales, lo que esperamos inspire a otras a seguir sus pasos”.

En la web historica de la Oficina Española de Patentes y Marcas hay un apartado dedicado a las mujeres inventoras que también os puede servir de inspiración e impulso.

La ONU destaca el trabajo del “Movimiento 11 de febrero” durante la celebración del día Internacional de la mujer y la niña en la ciencia

Hace poco más de dos años, concretamente el 15 de diciembre de 2015, la Asamblea General de Naciones Unidas hizo oficial su decisión de proclamar el 11 de febrero “Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia”.

Según comenta la propia institución en su página web, el objetivo que pretende conseguir vinculando una fecha determinada con una temática definida es “señalar que existe un asunto importante pendiente de resolver en las sociedades para que, a través de esa sensibilización, los gobiernos y los estados actúen y tomen medidas, o para que los ciudadanos así lo exijan a sus representantes.”

En este caso, el 11 de febrero ha pasado a convertirse en el día en que la ONU invita tanto a colectivos de la sociedad civil como a instituciones a difundir entre la opinión pública los importantes descubrimientos y aportaciones que han hecho las mujeres en el ámbito de la ciencia. También es una fecha destinada a señalar las dificultades que han encontrado y encuentran las mujeres para avanzar en las carreras científicas con el fin de hacerlas desaparecer.

Con todo ello se aspira a conseguir que las mujeres y las niñas disfruten de unas condiciones de acceso y un reconocimiento idénticos a los que tienen los hombres en las carreras científico-tecnológicas.Una igualdad de género que, pese a las sobresalientes contribuciones de muchas mujeres al avance de todo tipo de disciplinas científico-técnicas a lo largo de la historia, aún está lejos de alcanzarse.

Movilización por la igualdad de género en la ciencia

Haciéndose eco de la proclamación del 11 de febrero como “Día Internacional de la “mujer y la niña en la ciencia” un grupo de investigadoras y comunicadoras científicas españolas lanzaron en 2016 una iniciativa homónima. Desde entonces gracias a ella se canalizan vía web la organización y promoción de todas las actividades que se celebran durante esa fecha tanto para difundir los logros alcanzados por mujeres en las más diversas disciplinas científico-técnicas como para resaltar el protagonismo de éstas en su actual progreso.

En 2018 hasta catorce mujeres profesionales de diferentes ámbitos científicos (física, química, biología, medicina, biotecnología o periodismo) y oriundas de distintas ciudades (Madrid, Zaragoza, Oviedo y Sevilla) integran el grupo de coordinación del movimiento 11 de febrero, cuyo progreso ha sido posible gracias a las miles de personas que se han implicado en el diseño y organización de las actividades a nivel local. El grupo coordinador se encarga de gestionar los contenidos de una página web que se ha convertido en la semilla desde la que el reconocimiento al papel que han jugado y juegan las mujeres en el desarrollo de la ciencia no ha parado de crecer. Tanto es así que las 350 actividades que se organizaban en el año de su nacimiento pasaron a ser 1.000 durante la pasada celebración de la efeméride.

En opinión de Gloria Brea, Bióloga Celular, doctora en Biotecnología, profesora e investigadora en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y una de las impulsoras del movimiento 11 de febrero, su firme crecimiento se debe a la confluencia de varios factores que han ido reforzándose. “Por un lado –afirma– este año hemos empezado a organizar las actividades en otoño, mientras que el año pasado se comenzó en enero. Hemos contado con más tiempo para llegar a la ciudadanía y para que ésta organizase actividades. Además, se ha hecho un gran esfuerzo de difusión por redes sociales y tenemos constancia de que el boca a boca entre docentes de diferentes centros educativos también ha funcionado muy bien”.

Nuestra interlocutora asevera que la implicación de diversas instituciones también ha ayudado a que este año la celebración del Día Internacional de la mujer y la niña en la ciencia haya tenido una mayor repercusión. En 2018 muchas universidades y centros de investigación del CSIC, sociedades científicas, museos e incluso ayuntamientos han difundido y organizado actividades. En lo que se refiere a los consistorios, declara Brea, un caso reseñable ha sido el de Zaragoza, “donde el apoyo que ha brindado el Ayuntamiento de la ciudad a la difusión de las actividades organizadas desde la plataforma ha tenido un efecto positivo, aumentándose su número y variedad”.

En lo que se refiere a la repercusión de la convocatoria entre los niños, la doctora en Biotecnología asegura que abrir en la página web de la plataforma un espacio para que los centros escolares solicitasen la visita de alguna científica a sus instalaciones en calidad de conferenciante ha sido todo un acierto. Hasta 700 colegios expresaron ese deseo, demanda a la que según declara Brea “las investigadoras respondieron de manera encomiable implicándose voluntaria y y masivamente en la organización de las visitas”.

Ejemplo para la ONU y desencadenante de las primeras políticas firmes

Haciendo un balance general, Brea comenta que “en la convocatoria de este año es muy positivo. Ha habido una gran implicación de los centros educativos y la movilización de las científicas (y científicos) españolas ha sido espectacular, acudiendo a dar charlas por todo el territorio, tanto en las grandes ciudades como en pequeñas localidades. De forma voluntaria, se han implicado desde doctorandas hasta investigadoras de tanto peso en nuestro país como María Blasco, o profesoras y divulgadoras como Clara Grima. Se han involucrado centros de investigación de todos los ámbitos científicos, bibliotecas, librerías, centros culturales, universidades…e incluso bares”.

El efecto “bola de nieve” que ha desencadenado el Movimiento 11 de febrero es evidente y, a juicio de una de sus fundadoras, “un ejemplo precioso de cómo muchas personas haciendo cosas pequeñas y trabajando juntas pueden llegar a conseguir algo realmente grande”. Por su parte Brea atestigua ese hecho al hacernos saber que el eco de sus logros ha cruzado ya el Atlántico: “en el discurso leído en la sede de la ONU en Nueva York durante la celebración del último 11 de febrero, la iniciativa fue mencionada como ejemplo a imitar para quienes quieran organizar y difundir acciones destinadas a impulsar el papel de la mujer y la niña en la ciencia”.

Si bien el camino abierto parece estar despejándose a buen ritmo, tanto la profesora e investigadora de la Universidad Pablo Olavide de Sevilla como sus compañeras son conscientes de que aún queda mucho por desbrozar; así lo expresa al aseverar que “aún es pronto para apreciar cambios significativos a nivel de políticas educativas, pero creemos que estamos en el camino adecuado al haber hecho conscientes de la situación de desigualdad a un mayor número de personas”.

En lo que se refiere al logro de objetivos que modifiquen la situación de desigualdad a largo plazo, Brea destaca como un buen primer paso la creación de Comisiones de Género en los centros de investigación, ya que “nacen para analizar la situación a nivel local e implementar acciones que puedan contribuir a la disminución de la brecha de género en ciencia”.

Desigualdad manifiesta debida a múltiples causas concurrentes

Varias cifras recientes recogidas en España sobre la dedicación de mujeres y niñas al estudio y/o ejercicio de profesiones científico-técnicas evidencian la existencia de esta problemática y nos permiten apreciar su dimensión a escala estatal.

Si bien el porcentaje de mujeres que se matricula para cursar estudios universitarios en nuestro país es el 54,5% del total de alumnos, cifra ligeramente superior al 54,2% que se registra en la UE, su distribución en las distintas ramas del saber es muy desigual, sobre todo si se atiende al porcentaje de mujeres que inician estudios en disciplinas científico-técnicas. Por poner un ejemplo, en la carrera de ingeniería tan sólo el 26% de las personas matriculadas son mujeres. Un porcentaje que aún parece alto en comparación con el que se registra en los estudios de informática, disciplina en la que tan sólo 12 de cada 100 estudiantes son mujeres.

Además, una vez terminados sus estudios superiores, las mujeres que deciden continuar investigando en ramas del saber del ámbito científico-técnico obtienen un menor reconocimiento académico y profesional. Así queda reflejado en varios datos recogidos por el CSIC sobre el personal contratado en 2016. Por ejemplo, del total de investigadores post-doctorales el 56,38% son hombres y el 43,62% mujeres. Si observamos el porcentaje de Profesores de Investigación atendiendo a la misma variable las diferencias son aún mayores, ya que el 75,16% son hombres y tan sólo el 24,84% de mujeres. Las distancias se acentúan aún más al poner el foco de atención en el porcentaje de mujeres que ocupan cátedras en áreas de conocimiento como la ingeniería, tecnología, medicina, agricultura, ciencias sociales o ciencias naturales. En la universidad tan sólo el 21% de las cátedras de las citadas disciplinas del saber están ocupadas por mujeres.

Según la UE hay varios factores que influyen decisivamente en la aparición de esta prolongada desigualdad (techo de cristal, sesgos a la hora de evaluar el trabajo femenino en la ciencia, falta de estímulo en el entorno familiar a causa de la poca visibilidad y prestigio del que gozan las mujeres dedicadas a la ciencia, falta de confianza de las estudiantes en sus habilidades…) muchos de ellos se recogen en este documento al que se puede acceder desde la propia web.

El museo histórico virtual de la OEPM tiene una galería temática dedicada a las mujeres inventoras que os invitamos a visitar.