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“Pensé que para liderar en primera persona la transferencia de la tecnología la mejor vía era crear una spin-off”

Entrevistamos a María Pau Ginebra, una de las tres mujeres españolas que optan este año a recibir el Premio Europeo a la Mujer Innovadora. En 2013 co-fundó una empresa de base tecnológica que fabrica bio-implantes óseos a partir de los hallazgos de varias investigaciones realizadas en la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC).

El pasado 20 de marzo difundimos en este mismo blog los nombres de las tres españolas que optan este año a recibir el Premio Europeo a la Mujer Innovadora, galardón mediante el que desde la Comisión Europea se brinda un merecido reconocimiento público a emprendedoras de todo el continente. En especial, se presta atención a quienes hayan demostrado su capacidad para levantar proyectos empresariales prósperos a partir de los resultados de investigaciones punteras, a ser posible realizadas en sectores productivos clave para la consecución de los objetivos que marca el plan Horizonte2020.

Como decimos, de las 12 finalistas nominadas para recibir este prestigioso premio tres son españolas: Maria Pau Ginebra, Alicia Asín y María Luisa Fernández Latorre. La cifra representa la cuarta parte del total. Con objeto de conocer algo más de cerca su trayectoria y logros profesionales decidimos entrevistar a cada una de ellas.

Hoy os acercamos el fruto de la mantenida con Maria Pau Ginebra, Catedrática del Departamento de Ciencia de los Materiales e Ingeniería Metalúrgica de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) de Barcelona; Directora de la División de Biomateriales del Centro de Investigación en Ingeniería Biomédica de la UPC; Investigadora Asociada del Instituto de Bioingeniería de Catalunya; y co-fundadora, Presidenta y Asesora Científico-técnica de Mimetis, firma especializada en el diseño, fabricación y validación clínica de injertos óseos biomiméticos con varios avances patentados en dicho campo.

Entre los últimos hitos que ha conseguido la compañía está el haber sido seleccionada para participar en el proyecto europeo MaxiBone, concretamente en la fase de validación preclínica de biomateriales fabricados a medida mediante una técnica de bio-impresión tridimensional. El proyecto ha recibido una subvención de 320.000 €.

A continuación os acercamos las respuestas de la Doctora M.P. Ginebra a nuestras preguntas sobre aspectos relacionados con la transferencia tecnológica, la protección de los bienes intangibles o la relación universidad-empresa, entre otros temas. Esperamos que os resulte interesante.

“El mundo académico es como una “isla” de conocimiento, que está desconectado del “continente” de la realidad. Es necesario tender muchos puentes que unan estos dos mundos”

Recientemente hemos sabido que usted está entre las tres mujeres españolas nominadas para la obtención del premio Europeo a la Mujer Innovadora ¿Cómo valora la noticia? ¿Qué beneficios considera puede traer su nominación al proyecto empresarial “Mimetis”?

Es muy reconfortante recibir una noticia de este tipo. Haber llegado a ser finalista es ya de por sí un reconocimiento al trabajo realizado no sólo por mi sino por todo mi equipo. Aparte de la alegría de ver que estamos remando en la dirección adecuada, esta nominación conlleva un reconocimiento social y ayuda a dar a conocer nuestro proyecto, por el prestigio que tienen estos premios.

¿Qué le impulsó a co-fundar una empresa como Mimetis en el año 2013?

La motivación vino del deseo de transformar en un producto real la tecnología que habíamos desarrollado en mi grupo de investigación, el grupo de Biomateriales, Biomecánica e Ingeniería de Tejidos de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), después de muchos años de trabajo.

Teníamos estudios científicos que mostraban las buenas propiedades de una nueva familia de materiales para regeneración ósea, y además de proteger la tecnología mediante patentes, pensé que para liderar en primera persona la transferencia de la tecnología la mejor vía era crear una spin-off de la UPC. El punto crítico fue contar con un equipo competente y con ilusión en el proyecto, formado por dos estudiantes de doctorado que conocían muy bien la tecnología, David Pastorino y Yassine Maazouz, y otro profesor de mi grupo de investigación, Javier Gil.

¿Cuáles son sus responsabilidades dentro de la empresa y cómo valora este primer lustro de actividad?

Actualmente soy la Presidenta y me encargo del asesoramiento científico y técnico. Estos casi cinco años han sido muy intensos y hemos abierto camino en muchos frentes. Sacar un producto al mercado en el campo de los dispositivos médicos no es nada fácil, hay un recorrido regulatorio largo y complejo. Mirando atrás realmente el balance es muy positivo; hemos avanzado bastante rápido y hemos aprendido mucho.

Su empresa comercializa productos de un valor añadido muy alto ¿Qué compañías compiten con Mimetis y qué lugar ocupa su empresa actualmente en el mercado internacional?

Hay grandes empresas que comercializan sustitutos óseos. Gran parte del mercado está ocupada por materiales de origen animal. El sector de los materiales sintéticos es más reducido pero está cobrando mucha fuerza en los últimos años y nuestro propósito es posicionarnos con un producto sintético pero diferenciado de los ya existentes. Nuestro producto representa un avance significativo porque está elaborado siguiendo un proceso más natural, más parecido al proceso fisiológico de remodelado del propio hueso. Mimetis está actualmente en el mercado nacional pero además tenemos un acuerdo de colaboración con opción de distribución con una compañía multinacional.

Sobre la protección de los resultados de las investigaciones

Hace poco supimos que una de las razones por las que la mayoría de start-ups no consigue estabilizarse en el mercado es la falta de protección de sus bienes intangibles ¿Cómo han afrontado dicha protección en Mimetis?

Como he mencionado Mimetis es una start‐up de la UPC. Al constituirse, la universidad acordó con la empresa cederle en exclusiva la licencia de diversas patentes presentadas por nuestro Grupo de Investigación. Actualmente estamos desarrollando nuevos productos y procesos que nos planteamos también proteger. Lo que está claro es que la presentación y el mantenimiento de patentes tiene un coste muy alto, que la empresa debe estar en condiciones de afrontar, y esto no es fácil.

¿Considera que la comunidad científica tiene conciencia de la importancia que tiene proteger de forma adecuada los resultados de sus investigaciones (activos intangibles)?

En el ámbito académico hay actualmente mucha presión por publicar. El sistema de evaluación al que están sometidos los investigadores hace que haya mucha competitividad y en muchos casos hay la tentación de buscar la rentabilidad a corto plazo, que se obtiene con los artículos publicados.

Patentar es un proceso complicado y largo, y además después de la patente es necesario hacer un seguimiento, y buscar como licenciarla al sector industrial. Todos estos mecanismos se escapan del ámbito académico y por esto muchas veces se descarta esta opción.

¿Cuántas de las innovaciones que han desarrollado en el campo de los bio-materiales han decidido patentar? Sus patentes ¿Las han solicitado a escala Europea o mundial? ¿Han recibido asesoría legal para ello?

Soy autora de 10 patentes, algunas de ellas a escala estatal y otras a escala europea. En la mayoría de ellas hemos recibido asesoramiento desde el Departamento de patentes de la UPC, y en algunos casos hemos recibido también asesoría por parte de agentes de patentes.

El difícil camino a emprender para transformar el avance científico en producto innovador

Teniendo en cuenta que usted ha desarrollado su carrera en el ámbito de la investigación científica dentro de la Universidad ¿Qué retos le resultó más difícil afrontar dentro del ámbito de los negocios? ¿Qué ha aprendido durante estos cinco años de actividad en Mimetis?

Hay dos aspectos que son especialmente complicados de afrontar para una persona que accede al mundo de las empresas de base tecnológica desde el entorno académico. Por una parte el tema regulatorio para productos del sector biomédico, que es muy complicado (aunque ciertamente menos que para el sector farmacéutico). Se deben cumplir muchos requisitos y el proceso para obtener la marca CE, que permite comercializar un producto,  es largo y costoso.

El segundo aspecto, que enlaza con el primero expuesto, es la necesidad de disponer de una cantidad sustancial de fondos para financiar todo el proceso. Este tipo de empresas tienen un periodo de latencia largo; hasta poder empezar a vender el producto y obtener ganancias gracias a ello puede pasar un tiempo considerable. En estos años me he dado cuenta de hasta qué punto el mundo académico, que es como una “isla” de conocimiento, está desconectado del “continente” de la realidad. Es necesario tender muchos puentes que unan estos dos mundos.

¿Qué opinión tiene de la forma de canalizar y organizar los procesos de transferencia tecnológica entre Universidad y Empresa? Teniendo en cuenta su experiencia de 5 años al frente de una firma de como Mimetis ¿Cambiaría algo de ese proceso?

Lo cierto es que se están haciendo esfuerzos para acelerar esta transferencia desde la Universidad a la empresa, y tender esos puentes de los que hablaba en la pregunta anterior. De hecho, mi universidad, la UPC, es puntera en este sentido, y tengo que decir que he disfrutado en primera persona del apoyo y asesoramiento que, con los medios limitados con los que cuenta, me han proporcionado el Programa Innova de apoyo a las spin-offs y el Departamento de patentes y licencias.

Creo que es indispensable que la Universidad cuente con más medios para articular programas de ayuda eficientes; y más aún ahora, cuando parece que ya no será posible que las Universidades presenten patentes a “coste cero”. Esto puede dificultar mucho la cultura de protección de la propiedad intelectual que se ha intentado impulsar en los últimos años.

Pros y contras del acercamiento entre el mundo académico y el empresarial

¿Qué opina sobre quienes afirman que la aplicación práctica de los resultados de una investigación científica, esto es, su transformación en bienes y servicios de potencial éxito en un mercado concreto, debería ser un baremo a considerar en los méritos curriculares de los científicos?

Estoy totalmente de acuerdo. Actualmente los méritos curriculares están muy restringidos a las publicaciones científicas, en parte porque es un criterio fácil de estandarizar y cómodo. Pero esto tiene un gran riesgo, el de frenar el espíritu emprendedor de los investigadores, que se adaptan al entorno y dejan de innovar porque les es más rentable, en términos de evaluación, publicar. Paradójicamente, con el ánimo de estimular la calidad de la investigación podemos estar matando la creatividad y la emprendeduría de los investigadores.

Por contra ¿Qué opina sobre quienes consideran que una excesiva relación entre empresa y universidad podría condicionar en exceso el enfoque de las investigaciones y la distribución de los fondos económicos entre disciplinas? En el sentido de que se abandonarían aquellas disciplinas consideradas “menos rentables” para privilegiar las desarrolladas en campos de la ciencia cuyos resultados pudieran generar potenciales beneficios.

De la misma manera que creo que se ha de valorar la transferencia de tecnología, también opino que es fundamental apoyar la ciencia básica. Muchos de los desarrollos tecnológicos de los que disfrutamos hoy no hubieran sido posibles sin los avances de la física o la química fundamentales.

La investigación básica y la investigación aplicada no son auto-excluyentes, hay que potenciar las dos, no tendría sentido potenciar una en detrimento de la otra. No es cierto que la investigación básica no sea rentable. Puede no serlo a corto plazo pero a largo plazo siempre lo es.

Algunas de las patentes registradas por la protagonista de nuestra entrevista las podéis ver aquí.

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Tres españolas entre las finalistas al Premio Europeo a la Mujer Innovadora.

El pasado 8 de marzo, durante la celebración del Día Internacional de la Mujer, la Comisión Europea dio a conocer el nombre de las 12 finalistas que optarán a recibir este año el Premio Europeo a la Mujer Innovadora.

La ganadora se sabrá el próximo 26 de junio, fecha en la que recibirá un buen respaldo a su trabajo ya que el certamen, fundado bajo el marco de la iniciativa Horizonte2020, otorga cantidades que van desde los 20.000 € hasta los 100.000 € a proyectos desarrollados por mujeres innovadoras que hayan beneficiado el avance de las investigaciones europeas en su campo y/o que hayan fundado compañías de éxito en el mercado.

El pasado año hubo cuatro mujeres españolas entre las finalistas, hito del que dimos cuenta en esta entrada del blog, y este año seguimos de enhorabuena; de entre las mujeres que optan a recibir el premio principal tres son españolas, lo que representa un tercio del total.

En concreto hablamos de Alicia Asín Pérez, co-fundadora de la compañía Libelium de Zaragoza, responsable del desarrollo de una tecnología de sensores inteligentes útil para desplegar redes y aplicaciones para crear entornos IoT.

María-Pau Ginebra, fundadora de la compañía Mimetis en Barcelona, que diseña y manufactura nuevos materiales bio-sintéticos para la regeneración ósea y aplicaciones ortopédicas.

Y finalmente María Luisa Hernández Latorre, co-fundadora de la compañía Ingelia en Valencia, cuya actividad se centra en la aplicación de una novedosa tecnología industrial desarrollada para reciclar residuos biológicos en biomateriales

Las otras seis finalistas proceden de Francia (2), Italia, Austria, Reino Unido y Lituania. Podéis ver qué proyectos empresariales les ocupan visitando la web donde la Comisión Europea ofrece la lista completa de aspirantes a recibir el premio en esta su quinta entrega.

Criterios de selección y decisión muy claros

Las finalistas han sido seleccionadas por un jurado independiente compuesto por expertos del ámbito de los negocios, de entidades de capital riesgo, emprendedores y académicos. La Comisión recibió 122 solicitudes procedentes de todos los países de la UE alineados con los objetivos que marca el plan Horizonte2020. Las compañías creadas por las mujeres participantes se han levantado en torno a ideas innovadoras aplicadas a un amplio espectro de sectores de mercado, siendo el sanitario, el bio-tecnológico y el de innovación social los tres más prominentes. A la hora de escoger a las potenciales ganadoras el jurado ha seguido cuatro criterios básicos muy claros.

  • La originalidad y potencial comercial del producto o servicio provistos por la compañía de la participante (teniendo en cuenta para evaluarlos el número de patentes, co-patentes y marcas registradas por ella).
  • El impacto económico, medido por el número de países de la UE a los que haya sido exportado el producto y por el volumen de retorno de la inversión generado en 2015 y 2016.
  • El impacto social, medido por la cantidad de empleos que haya podido generar la llegada del producto innovador al mercado y en qué medida contribuye a combatir los retos que ha de afrontar la UE
  • El peso del papel que ha cumplido la mujer que opta a recibir el premio en el éxito cosechado por la compañía. Con arreglo a este último criterio, deberá explicar su grado de influencia en ese éxito y servir así como inspiración para que otras mujeres se conviertan en emprendedoras.

Una iniciativa encaminada a cerrar la brecha de género

Al igual que el resto de potencias económicas, Europa necesita seguir innovando para impulsar su crecimiento económico, mantener un buen nivel competitivo y afrontar con ciertas garantías de éxito los retos que se le presentan durante las próximas décadas (envejecimiento de la población, cambio climático, búsqueda de la eficiencia energética, conservación del medio ambiente…).

Se trata de un triple objetivo difícil de conseguir para el viejo continente en caso de no saber aprovechar como debe todos los recursos humanos de los que dispone, siendo inaceptable el desperdicio de las capacidades, conocimientos y destrezas atesorados por las mujeres a causa del insuficiente reconocimiento público de sus logros y su infra-representación en el ámbito empresarial.

Pese a que constituyen el 52% de la población europea, las mujeres tan sólo representan el 34,4% del total de personas que trabajan por cuenta propia en la UE, y el 30% de las que son dueñas de su empresa. A pesar de ser bastante mejorable, este último porcentaje está entre los más altos del mundo, si bien se sitúa aún por debajo de los registrados en EE.UU, donde de acuerdo con éste estudio especializado publicado en 2017 el 30,7% de las personas que son dueñas de sus propios negocios son mujeres; ó China, país en el que el número de mujeres propietarias de empresas llega a ser del 30,9% del total.

Siguiendo con el repaso de las cifras recogidas en el estudio de referencia citado, es interesante destacar que en él España aparece como el país europeo en el que hay más mujeres emprendedoras dueñas de sus negocios. El 30,8% del total de personas que son propietarias de una empresa en nuestro país son mujeres. Los países del viejo continente que se sitúan más cerca de esta cifra son Polonia (29,6%), Portugal (29,1%) y Bélgica (26,2%).

Con el fin de hacer menor esta brecha de género en el ámbito empresarial, la Comisión Europea está trabajando para alentar a más mujeres a sacar adelante sus propios negocios. La celebración de los Premios Europeos a la mujer innovadora es una de las iniciativas que se organizan persiguiendo ese objetivo. Según palabras del comisario europeo en materia de innovación, investigación y ciencia Carlos Moedas, por medio de estos galardones “se brinda reconocimiento público a mujeres emprendedoras excepcionales, lo que esperamos inspire a otras a seguir sus pasos”.

En la web historica de la Oficina Española de Patentes y Marcas hay un apartado dedicado a las mujeres inventoras que también os puede servir de inspiración e impulso.

La ONU destaca el trabajo del “Movimiento 11 de febrero” durante la celebración del día Internacional de la mujer y la niña en la ciencia

Hace poco más de dos años, concretamente el 15 de diciembre de 2015, la Asamblea General de Naciones Unidas hizo oficial su decisión de proclamar el 11 de febrero “Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia”.

Según comenta la propia institución en su página web, el objetivo que pretende conseguir vinculando una fecha determinada con una temática definida es “señalar que existe un asunto importante pendiente de resolver en las sociedades para que, a través de esa sensibilización, los gobiernos y los estados actúen y tomen medidas, o para que los ciudadanos así lo exijan a sus representantes.”

En este caso, el 11 de febrero ha pasado a convertirse en el día en que la ONU invita tanto a colectivos de la sociedad civil como a instituciones a difundir entre la opinión pública los importantes descubrimientos y aportaciones que han hecho las mujeres en el ámbito de la ciencia. También es una fecha destinada a señalar las dificultades que han encontrado y encuentran las mujeres para avanzar en las carreras científicas con el fin de hacerlas desaparecer.

Con todo ello se aspira a conseguir que las mujeres y las niñas disfruten de unas condiciones de acceso y un reconocimiento idénticos a los que tienen los hombres en las carreras científico-tecnológicas.Una igualdad de género que, pese a las sobresalientes contribuciones de muchas mujeres al avance de todo tipo de disciplinas científico-técnicas a lo largo de la historia, aún está lejos de alcanzarse.

Movilización por la igualdad de género en la ciencia

Haciéndose eco de la proclamación del 11 de febrero como “Día Internacional de la “mujer y la niña en la ciencia” un grupo de investigadoras y comunicadoras científicas españolas lanzaron en 2016 una iniciativa homónima. Desde entonces gracias a ella se canalizan vía web la organización y promoción de todas las actividades que se celebran durante esa fecha tanto para difundir los logros alcanzados por mujeres en las más diversas disciplinas científico-técnicas como para resaltar el protagonismo de éstas en su actual progreso.

En 2018 hasta catorce mujeres profesionales de diferentes ámbitos científicos (física, química, biología, medicina, biotecnología o periodismo) y oriundas de distintas ciudades (Madrid, Zaragoza, Oviedo y Sevilla) integran el grupo de coordinación del movimiento 11 de febrero, cuyo progreso ha sido posible gracias a las miles de personas que se han implicado en el diseño y organización de las actividades a nivel local. El grupo coordinador se encarga de gestionar los contenidos de una página web que se ha convertido en la semilla desde la que el reconocimiento al papel que han jugado y juegan las mujeres en el desarrollo de la ciencia no ha parado de crecer. Tanto es así que las 350 actividades que se organizaban en el año de su nacimiento pasaron a ser 1.000 durante la pasada celebración de la efeméride.

En opinión de Gloria Brea, Bióloga Celular, doctora en Biotecnología, profesora e investigadora en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y una de las impulsoras del movimiento 11 de febrero, su firme crecimiento se debe a la confluencia de varios factores que han ido reforzándose. “Por un lado –afirma– este año hemos empezado a organizar las actividades en otoño, mientras que el año pasado se comenzó en enero. Hemos contado con más tiempo para llegar a la ciudadanía y para que ésta organizase actividades. Además, se ha hecho un gran esfuerzo de difusión por redes sociales y tenemos constancia de que el boca a boca entre docentes de diferentes centros educativos también ha funcionado muy bien”.

Nuestra interlocutora asevera que la implicación de diversas instituciones también ha ayudado a que este año la celebración del Día Internacional de la mujer y la niña en la ciencia haya tenido una mayor repercusión. En 2018 muchas universidades y centros de investigación del CSIC, sociedades científicas, museos e incluso ayuntamientos han difundido y organizado actividades. En lo que se refiere a los consistorios, declara Brea, un caso reseñable ha sido el de Zaragoza, “donde el apoyo que ha brindado el Ayuntamiento de la ciudad a la difusión de las actividades organizadas desde la plataforma ha tenido un efecto positivo, aumentándose su número y variedad”.

En lo que se refiere a la repercusión de la convocatoria entre los niños, la doctora en Biotecnología asegura que abrir en la página web de la plataforma un espacio para que los centros escolares solicitasen la visita de alguna científica a sus instalaciones en calidad de conferenciante ha sido todo un acierto. Hasta 700 colegios expresaron ese deseo, demanda a la que según declara Brea “las investigadoras respondieron de manera encomiable implicándose voluntaria y y masivamente en la organización de las visitas”.

Ejemplo para la ONU y desencadenante de las primeras políticas firmes

Haciendo un balance general, Brea comenta que “en la convocatoria de este año es muy positivo. Ha habido una gran implicación de los centros educativos y la movilización de las científicas (y científicos) españolas ha sido espectacular, acudiendo a dar charlas por todo el territorio, tanto en las grandes ciudades como en pequeñas localidades. De forma voluntaria, se han implicado desde doctorandas hasta investigadoras de tanto peso en nuestro país como María Blasco, o profesoras y divulgadoras como Clara Grima. Se han involucrado centros de investigación de todos los ámbitos científicos, bibliotecas, librerías, centros culturales, universidades…e incluso bares”.

El efecto “bola de nieve” que ha desencadenado el Movimiento 11 de febrero es evidente y, a juicio de una de sus fundadoras, “un ejemplo precioso de cómo muchas personas haciendo cosas pequeñas y trabajando juntas pueden llegar a conseguir algo realmente grande”. Por su parte Brea atestigua ese hecho al hacernos saber que el eco de sus logros ha cruzado ya el Atlántico: “en el discurso leído en la sede de la ONU en Nueva York durante la celebración del último 11 de febrero, la iniciativa fue mencionada como ejemplo a imitar para quienes quieran organizar y difundir acciones destinadas a impulsar el papel de la mujer y la niña en la ciencia”.

Si bien el camino abierto parece estar despejándose a buen ritmo, tanto la profesora e investigadora de la Universidad Pablo Olavide de Sevilla como sus compañeras son conscientes de que aún queda mucho por desbrozar; así lo expresa al aseverar que “aún es pronto para apreciar cambios significativos a nivel de políticas educativas, pero creemos que estamos en el camino adecuado al haber hecho conscientes de la situación de desigualdad a un mayor número de personas”.

En lo que se refiere al logro de objetivos que modifiquen la situación de desigualdad a largo plazo, Brea destaca como un buen primer paso la creación de Comisiones de Género en los centros de investigación, ya que “nacen para analizar la situación a nivel local e implementar acciones que puedan contribuir a la disminución de la brecha de género en ciencia”.

Desigualdad manifiesta debida a múltiples causas concurrentes

Varias cifras recientes recogidas en España sobre la dedicación de mujeres y niñas al estudio y/o ejercicio de profesiones científico-técnicas evidencian la existencia de esta problemática y nos permiten apreciar su dimensión a escala estatal.

Si bien el porcentaje de mujeres que se matricula para cursar estudios universitarios en nuestro país es el 54,5% del total de alumnos, cifra ligeramente superior al 54,2% que se registra en la UE, su distribución en las distintas ramas del saber es muy desigual, sobre todo si se atiende al porcentaje de mujeres que inician estudios en disciplinas científico-técnicas. Por poner un ejemplo, en la carrera de ingeniería tan sólo el 26% de las personas matriculadas son mujeres. Un porcentaje que aún parece alto en comparación con el que se registra en los estudios de informática, disciplina en la que tan sólo 12 de cada 100 estudiantes son mujeres.

Además, una vez terminados sus estudios superiores, las mujeres que deciden continuar investigando en ramas del saber del ámbito científico-técnico obtienen un menor reconocimiento académico y profesional. Así queda reflejado en varios datos recogidos por el CSIC sobre el personal contratado en 2016. Por ejemplo, del total de investigadores post-doctorales el 56,38% son hombres y el 43,62% mujeres. Si observamos el porcentaje de Profesores de Investigación atendiendo a la misma variable las diferencias son aún mayores, ya que el 75,16% son hombres y tan sólo el 24,84% de mujeres. Las distancias se acentúan aún más al poner el foco de atención en el porcentaje de mujeres que ocupan cátedras en áreas de conocimiento como la ingeniería, tecnología, medicina, agricultura, ciencias sociales o ciencias naturales. En la universidad tan sólo el 21% de las cátedras de las citadas disciplinas del saber están ocupadas por mujeres.

Según la UE hay varios factores que influyen decisivamente en la aparición de esta prolongada desigualdad (techo de cristal, sesgos a la hora de evaluar el trabajo femenino en la ciencia, falta de estímulo en el entorno familiar a causa de la poca visibilidad y prestigio del que gozan las mujeres dedicadas a la ciencia, falta de confianza de las estudiantes en sus habilidades…) muchos de ellos se recogen en este documento al que se puede acceder desde la propia web.

El museo histórico virtual de la OEPM tiene una galería temática dedicada a las mujeres inventoras que os invitamos a visitar.