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Conoce la historia de la innovación científico-técnica en España

Una lectura para el estío “Made In Spain: cuando inventábamos nosotros”

Recomendar alguna lectura de especial interés con la que deleitarse durante las vacaciones estivales es un tópico habitual en el que no hemos podido resistir caer tras conocer el interesante libro de Alejandro Polanco Masa “Made In Spain:cuando inventábamos nosotros” (Glyphos Publicaciones). En sus más de cuatrocientas páginas el autor ha recopilado historias sobre las investigaciones, creaciones y descubrimientos alcanzados por los más audaces científicos e inventores españoles del pasado reciente.

Se trata de una obra con la que A.Polanco enmarca el fruto de su trabajo de redacción al frente del blog “Tecnología Obsoleta” (2005) y como responsable de la sección “Made In Spain” incluida en la revista “Historia de Iberia Vieja”. A ambos se suman años de investigación, durante los cuales el El fondo histórico del Archivo de la OEPM ha sido una fuente principal de consulta.

Todo ello convierte “Made In Spain: cuando inventábamos nosotros” en un libro de especial interés para quienes deseen conocer la historia de la innovación científico-técnica en España, y en especial la de sus intrépidos pioneros, muchos hoy injustamente olvidados.

Con la intención de acercaros un poco más al autor de “Made In Spain: cuando inventábamos nosotros”, y a modo de prólogo que acompañe la lectura de la obra, os invitamos a leer la entrevista que mantuvimos con Alejandro Polanco a propósito del libro. Esperamos os resulte interesante.

¿Qué motivos le impulsaron a escribir este libro sobre inventores españoles “olvidados”?

A.Polanco: Desde 2005 llevo publicando en uno de mis blogs personales, Tecnología Obsoleta (alpoma.net) multitud de historias acerca de científicos, inventores y tecnologías de otros tiempos. Además de eso, desde 2007 soy el responsable de redactar los contenidos de la sección Made in Spain en la revista Historia de Iberia Vieja. Además de eso, ya había publicado en 2003 un libro que guardaba cierta relación con el tema: Herejes de la ciencia. Si juntamos todo eso, creo que el siguiente paso era evidente: reunir muchas de esas historias en un libro con un tema común. Desde siempre me ha atraído la historia de la tecnología y, sobre todo, aquella que tiene a personas que han vivido en la Península Ibérica como protagonistas. Puede decirse que el libro nació como resultado de más de una década de búsqueda de estas historias, del modo más natural.

¿Durante cuánto tiempo estuvo documentándose y recopilando información para redactarlo? 


A.Polanco: Made in Spain recoge sólo una pequeña parte de las muchas historias relacionadas con inventores españoles que he logrado ir “armando” a lo largo del tiempo. ¡Y aun así contiene referencias a más de un centenar de ellos! Lo que quiero expresar con esto es que el tema no se agota con este libro, ni mucho menos. Ha sido más de una década de búsqueda, tanto en redes como en bibliotecas y archivos, como por ejemplo en el Fondo histórico del Archivo de la OEPM, un lugar que guarda auténticos tesoros, muchos de ellos totalmente desconocidos.

De entre todas las historias que recoge el libro ¿Podría destacar alguna que le haya llamado con fuerza la atención o le haya suscitado una especial admiración?

A.Polanco: Todas tienen su interés y, dado que son muy diferentes unas de otras, es complicado elegir alguna. Si acaso, puedo mencionar varias que me atraen especialmente. Por ejemplo, el caso del motor rotativo que se adelantó a su tiempo, obra de Morillas Cobo. Apasionante es también la historia de Emilio Herrera Linares y su escafandra estratonáutica, algo que podría considerarse como precursor de los trajes espaciales actuales, y que fue sólo uno de los muchos apasionantes proyectos en los que Herrera estuvo investigando.

Cabe destacar también a los hermanos Delhuyar y su descubrimiento del wolframio, o la aventura de Antonio Ulloa con el platino. ¿Y qué decir de la máquina que generaba energía con las olas del mar que inventó en el siglo XIX José Barrufet? O el telégrafo eléctrico de Francisco Salvá y Campillo, que apareció antes que cualquier otro en el mundo.

No quiero olvidar tampoco el libro “eléctrico” ideado por Ángela Ruiz Robles, o la invención de la anestesia epidural por Fidel Pagés. Esto, entre otros muchos que aparecen en el libro, bien conocidos, como el caso del genial Leonardo Torres Quevedo, el autogiro de Juan de la Cierva, o los submarinos de Cosme García, Monturiol, Peral y Cabanyes. Este último, verdadero genio polifacético, que a principios del siglo XX ideó la tecnología de las centrales eólico-solares, puesta en práctica casi un siglo más tarde. En fin, no es cosa de aburrir, simplemente cabe decir que son decenas los ejemplos desgranados en las páginas de Made in Spain.

Quizá influenciada por novelas y películas, la idea que el imaginario popular conserva sobre la figura del inventor de finales del Siglo XIX y principios del XX presenta a éste como alguien muy creativo, conocedor de varias ramas de la ciencia y la técnica, y capaz además de trabajar afanosa e incansablemente en su taller/laboratorio para materializar extraordinarias ideas que cambiarán el mundo ¿Cuánto hay de realidad y de mito en el caso de los inventores españoles sobre los que se ocupa el libro?

A.Polanco: Puede sorprender, pero esa imagen se aproxima a la realidad en muchos casos. Naturalmente, no hay un modelo de inventor que se ajuste a todos ellos, porque cada uno vivió una aventura sin igual, pero hay ciertos elementos comunes en casi todos ellos. Uno fue el de luchar contra los problemas de la propia vida: ya sean económicos, políticos o de salud. Estos genios también eran humanos ante todo y, claro está, tuvieron que luchar para sobrevivir y, además, crear ingenios novedosos. Muchas de estas historias terminaron bastante mal, como por ejemplo en el caso de Virgilio Leret, pionero de los aviones a reacción que fue asesinado al comienzo de la Guerra Civil.

La guerra se interpuso en la vida de muchos de ellos, haciendo que no pudieran continuar con sus investigaciones, como le sucedió a Emilio Herrera Linares. Sin embargo, cada caso es un mundo propio. Aparecen en las páginas del libro genios autodidactas como el increíble Mónico Sánchez, y sus máquinas portátiles de rayos X, quien antes de marchar a estudiar a Estados Unidos aprendió los fundamentos de la electricidad, y el idioma inglés, por correspondencia. Muchos otros fueron ingenieros y científicos plenamente considerados por la ciencia oficial y trabajaron dentro de instituciones y laboratorios de prestigio.

Puede decirse que el caso del inventor solitario que crea algo genial se dio, pero no llega a representar una mayoría. El único punto en común en todas las historias que se tratan en el libro es la obstinación: todos ellos lucharon por llevar a cabo una idea, para llevarla a la realidad, incluso a pesar de tener que sortear obstáculos peligrosos.

¿Cómo financiaban sus proyectos los inventores españoles de los siglos pasados? ¿Contaban con ayuda institucional, el apoyo de mecenas, o buscaban por su propia cuenta los fondos necesarios para investigar?

A.Polanco: Nuevamente, había de todo y los casos son muy dispares. Hubo quien trabajó para el gobierno y el ejército, o la Corona, como en el caso de Jerónimo de Ayanz, precursor de la máquina de vapor. También médicos, ingenieros o técnicos que trabajaban para empresas o universidades, no son casos excepcionales. Ahora bien, es cierto que la financiación era un problema para muchos de ellos, sobre todo los que jugaban por libre. En esos casos debían utilizar recursos propios, no se daban ampliamente casos de mecenazgo. En muchos de los ejemplos que aparecen en el libro, el capital para lograr llevar a la vida una idea fue, por desgracia, proporcionado mayormente por los propios inventores, a riesgo de ruina en muchas ocasiones.

¿Eran conscientes los inventores españoles del periodo investigado de la importancia que tenía proteger y registrar sus invenciones?

Sí, y por ello el Fondo histórico del Archivo de la OEPM es tan pródigo en hallazgos asombrosos, porque la mayor parte de aquellos inventores tenían claro que el poseer una patente era algo vital. Otra cosa bien diferente es que, en la mayor parte de los casos, fueron precursores de nuevas tecnologías, pero no encontraron apoyo económico ni interés suficiente como para convertir una patente en un modelo de negocio viable. Muchos de ellos ni siquiera pudieron pagar las diversas anualidades que les permitían mantener sus patentes en vigor.

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“Heroes of Invention” analiza el estatus social alcanzado por el inventor en la época victoriana

El estío es una buena época para recuperar la buena costumbre de leer un buen libro. Así que a lo largo del verano bucearemos por las hemerotecas y bibliotecas en búsqueda de lecturas que creemos interesantes para el perfil de nuestros seguidores.

Hoy hemos elegido un libro cuya lectura nos permitirá saber cómo ha cambiado a lo largo de la historia la consideración social que han tenido los inventores. ¿En qué medida la figura del inventor fue ensalzada por su contribución al refuerzo de la identidad nacional durante la Revolución Industrial? ¿Llegaron en algún momento los inventores a gozar del respeto, prestigio y popularidad que tenían aristócratas, líderes políticos o estrategas militares?

Christine MacLeod responde a estas y otras preguntas de indudable interés histórico en su interesante libro “Heroes of Invention: Technology, Liberalism and Briths Identitity”. Publicado por Cambridge University Press en 2007 y en una segunda edición en 2010, recomendamos su lectura por tratarse de uno de los pocos estudios en los que se analiza el estatus social que alcanzó la figura del inventor, en este caso en Inglaterra, en el periodo que va desde los primeros compases de la Revolución Industrial hasta la Primera Guerra Mundial.

Christine MacLeod, autora de artículos sobre la materia como “Concepts of invention and the patent controversy in Victorian Britain” (1996) ó “The nineteenth-century engineer as a cultural hero” (2006), pone al alcance del lector una interesante recopilación de publicaciones de la época, artículos, fotografías, ilustraciones y material académico que permiten comprobar la extraordinaria relevancia que alcanzó la figura del inventor durante el periodo histórico victoriano, caracterizado por la exaltación del progreso y desarrollo industriales que situaron a Inglaterra a la cabeza del desarrollo económico, militar y mercantil.

La obra se divide en doce capítulos más una reflexión crítica final. En los tres primeros capítulos la autora muestra el elevado estatus social alcanzado por los inventores industriales cuando, en la Inglaterra del siglo XIX, el imaginario colectivo los convirtió poco menos que en héroes, al considerar que, en gran parte, eran responsables de la hegemonía tecnológica, económica y política alcanzadas por la nación. El hombre de ciencia y técnica se situó a la altura de las grandes figuras aristocráticas, militares y políticas por su capacidad para contribuir, genio mediante, al progreso económico y moral de la sociedad.

Los capítulos cuatro, cinco y seis estudian la repercusión de la figura de James Watt en Inglaterra. Al ser visto como uno de los responsables del avance económico y militar del país, Watt fue considerado un ciudadano ejemplar. El reconocimiento a su figura fue, por extensión, un reconocimiento a todos los inventores, lo que llevó a intelectuales, ingenieros, empresarios, políticos y trabajadores industriales a debatir encendidamente sobre la forma en que se había de recompensar e incentivar su ingenio y trabajo. Fruto de esa discusión pública fueron la reforma del sistema de patentes y de litigación para favorecer ambos.

En los capítulos siete y ocho la autora se ocupa de presentar a otros inventores a quienes también se consideró modelos a seguir por la sociedad de la época. En ellos se documenta cómo se llevaron a cabo iniciativas públicas y se articularon políticas que reforzaron la posición de los inventores en la sociedad: remuneración del inventor (tanto en vida como a título póstumo), retribuciones económicas directas, pensiones, homenajes públicos, etc.

El capítulo nueve expone la relación entre el auge social de los inventores y la reforma de leyes que hicieron posible que se les remunerara por su contribución al progreso social, entre ellas el sistema de patentes en Inglaterra.

En el décimo capítulo del libro muestra también la alta estima en que las clases populares inglesas tuvieron a los inventores, que fueron especialmente valorados por el gremio de ingenieros y por los trabajadores de la industria metalúrgica. Ambos veían en ellos una muestra indudable de la valía que podía llegar a tener la experiencia acumulada durante años por obreros y artesanos en el desarrollo de sus oficios.

En los capítulos once y doce se muestra como, hacia 1880, la figura del inventor perdió su fulgor romántico para pasar a ser visto como un empleado industrial o un hombre de ciencia. El inventor sin formación científica pierde paulatinamente relevancia,reconocimiento y presencia a causa de la institucionalización del proceso inventivo y la creciente importancia de la ciencia en el proceso de cambio técnico.

Finalmente, la autora hace en el último episodio una reflexión crítica en la que describe la invención como un proceso guiado por la demanda y el crecimiento sociales, ale
jándolo así de la idea que pervive en el imaginario colectivo como fruto del genio de personas excepcionales capaces de revolucionar el mundo con sus descubrimientos.

Por todo esto y mucho más el libro merece la pena leerse. Lamentablemente no hemos encontrado una edición en castellano sobre la obra y desde aquí animamos a alguna editorial interesada en la materia a que se lance a adquirir los derechos de traducción para poder disfrutarla en castellano.

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Nota: Las fuentes de esta reseña el propio libro y el análisis de la figura de la autora y su obra hecha por David Pretel O’Sulliva.