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David Martínez Martín, premio a la innovación 2018 de la fundación Elzaburu

“Conseguir desarrollar invenciones con el suficiente atractivo comercial para que una empresa las licencie, requiere muchas dosis de esfuerzo”

Hoy os relatamos la conversación sostenida con un joven investigador David Martínez Martín galardonado con el premio a la innovación 2018 de la fundación Elzaburu por el desarrollo de una nueva tecnología que permitirá explorar enfermedades que hoy son incurables. Martínez trabaja desde 2012 como investigador científico en la Universidad ETH Zúrich y es el inventor principal de la patente “Procedimiento de control de un microscopio de barrido” por la que se le otorgó el premio.

La imagen recoge el momento en que David Martínez Martín recibe el premio de manos de Alberto Elzaburu

Martínez considera que tiene mucha suerte por poder dedicarse a la investigación, algo que le apasiona, y confiesa “ este trabajo también tiene gran cantidad de momentos difíciles, pero la satisfacción de crear algo que puede mejorar la vida de los demás es insuperable”

La fundación Alberto Elzaburu le premió hace unos meses por ser el inventor principal de la patente llamada “Procedimiento de control de un microscopio de barrido”¿Qué ventajas y novedades presenta esta innovación y cuáles son los puntos claves de su patente?

Se trata de un sistema de control que puede ser implementado por ejemplo en microscopios de fuerza atómica. Estos microscopios de gran potencia son fundamentales en nanotecnología. No sólo permiten visualizar muestras, sino que también son capaces de manipularlas. Las muestras pueden ser muy variadas desde átomos y moléculas a células vivas y tejidos, y sus aplicaciones alcanzan campos muy distintos como la ciencia de materiales, química o biomedicina. Sin embargo, la utilización de estos microscopios requiere de personal muy entrenado, y en muchas ocasiones el funcionamiento de estos microscopios se vuelve inestable, limitando fuertemente su utilización. Gracias a esta patente se solucionan gran parte de estos problemas, y la utilización de estos microscopios se vuelve mucho más sencilla en todos los ambientes de trabajo (condiciones ambientales, de vacío o en líquidos).

Además de la invención previa, la fundación Alberto Elzaburu tuvo en cuenta otras invenciones que he realizado, por ejemplo, la regulación de la masa y tamaño de las células. Esta regulación es fundamental para la vida, ya que la fisiología celular está fuertemente ligada al tamaño y masa celular. Gracias a esos mecanismos de regulación, las células son capaces de crear organismos altamente complejos como los seres humanos, con una sofisticada arquitectura de tejidos y órganos. A día de hoy es conocido que el origen de muchas enfermedades (cáncer, hipertrofias, diabetes…) está relacionado con problemas en la regulación de la masa celular, por lo que descubrir el funcionamiento de estos mecanismos es prioritario. Sin embargo, aunque caracterizar los cambios de masa de sistemas mucho más grandes o más pequeños que las células se hace de manera rutinaria, no contábamos con tecnologías que nos permitieran este tipo de medidas a nivel celular con la resolución necesaria. Por lo que decidí acometer el desarrollo de nueva instrumentación que permitiera medir la evolución de la masa de una única célula (o también agregados celulares) con gran resolución y en tiempo real.

-¿Se puede calificar esta investigación científica como base que pueda dar lugar a la creación de nuevos productos? Si es así nos podía poner un ejemplo.

Efectivamente. Actualmente 4 de las 5 patentes que hemos solicitado como resultado de estas investigaciones, se encuentran licenciadas a empresas de alta tecnología. Estas empresas están incorporando estos nuevos desarrollos para mejorar productos existentes que ya tienen en el mercado, como por ejemplo microscopios de fuerza atómica, y para desarrollar otros nuevos como por ejemplo el monitor de cytomasa (https://www.nanosurf.com/en/products/cytomass). Este último será de gran utilidad en áreas como la fisiología celular, el desarrollo de nuevos fármacos, la investigación sobre el cáncer…

-El galardón reconoce también el esfuerzo de los investigadores e innovadores españoles menores de 40 años que hayan sabido explotar comercialmente sus invenciones. La fórmula que han elegido para rentabilizar su invenciones ha sido la concesión de licencias ¿en estos momentos qué beneficios les aportan dichas licencias?

Ciertamente, conseguir desarrollar invenciones con el suficiente atractivo comercial para que una empresa las licencie, requiere muchas dosis de esfuerzo. Con motivo de estas licencias, tengo una colaboración muy estrecha y directa con el mundo de la empresa, lo que me permite desarrollar otras muchas habilidades y conocimientos diferentes a los del entorno universitario, por lo que me supone un gran beneficio personal y profesional. Además, las licencias conllevan el pago de regalías (royalties) por parte de los licenciatarios, por lo que también me suponen un beneficio económico.

-¿La conexión entre inversión en ciencia y rentabilidad, en su opinión, es siempre posible?

Para conectar eficientemente la inversión en ciencia y rentabilidad, es necesario desarrollar un ecosistema de innovación muy robusto. La innovación es proceso complejo y requiere de la participación no sólo de científicos, sino también de emprendedores, inventores y creativos, empresarios, inversores, especialistas en Propiedad Intelectual e Industrial… Por lo tanto, es fundamental cuidar y fomentar el crecimiento sano de todos estos actores que intervienen en el proceso.

-Ser el inventor principal en un proyecto es difícil para un investigador joven ¿cómo lo ha conseguido?

El inventor principal debe ser aquel que ha realizado la contribución más importante en una invención, y eso ha sido lo que se ha valorado en mi caso. En las universidades en las que he trabajado, de manera previa a la solicitud de patente, los inventores declaran y firman el porcentaje de contribución que han tenido en la invención, aunque ciertamente esto puede ocasionar conflictos que hay que tratar de gestionar de la mejor manera posible.

Por otro lado, también he contado con el apoyo y colaboración de científicos con gran prestigio internacional y dilatada experiencia, como el Prof. Daniel Müller y el Prof. Christoph Gerber, quienes me han abierto sus puertas y acogido en sus laboratorios. Gracias a ellos, he podido solicitar también importante financiación para la ejecución de los proyectos, que de otra manera hubiera sido imposible, al no disponer de mi propio laboratorio.

-En estos momentos está trabajando como investigador científico en la Universidad ETH Zúrich ¿Cuáles fueron los motivos que le empujaron a irse a esa universidad? ¿Se puede decir que con ello engrosa la lista de las más de 12.000 investigadores que han abandonado España desde 2010 ante la falta de recursos?

La ciencia es una actividad global y no tiene fronteras, y a mí me gusta ser un ciudadano global. Cuando terminé mi doctorado, tuve la suerte de poder elegir dónde quería continuar mi carrera. Conseguí una beca del programa de excelencia internacional EMBO (European Molecular Biology Organization) y me trasladé a Suiza con el reto de diseñar un instrumento que nos permitiera seguir la evolución de la masa de las células con gran precisión.

El proyecto era muy arriesgado. Se necesitaba una financiación muy importante y había que construir el instrumento desde cero. Un proyecto de esta estas características no se puede realizar en cualquier lado, pero Suiza cuenta con un entorno muy favorable. El sistema científico del país es muy robusto y competitivo, y destaca en áreas como la biofísica y biotecnología. Además, la ETH Zurich es una universidad muy enfocada en la investigación, considerada entre las mejores del mundo. El departamento en el que trabajo se encuentra ubicado en Basilea, una atractiva ciudad con mucha innovación, sede de grandes farmacéuticas y que también aloja un gran número de empresas nuevas del sector de alta tecnología. Finalmente, el país dispone de una gran calidad de vida y una naturaleza espectacular. Así que me decidí a venir, y ciertamente estoy muy feliz.

-¿Cree que para un investigador joven es imprescindible salir del país y tener una buena productividad científica, para tener después alguna opción de volver a España?

Llevo más de 6 años viviendo en Suiza, y actualmente estoy preparando mi traslado a Australia, pues recientemente he aceptado una oferta de la Universidad de Sídney. Desde mi experiencia, estoy convencido de que marcharse al extranjero, al menos por un tiempo, es muy recomendable para todo el mundo, y en particular para los científicos. Te permite abrirte a otras culturas, conocer otras formas de trabajo, dominar otra lengua. Ayuda a eliminar muchos prejuicios y fomenta enormemente el desarrollo personal.

El mundo científico es muy competitivo, cada vez más, tanto en España como fuera. Existen muchas menos plazas en investigación que el número de doctores que se gradúan, por lo que para tener buenas posibilidades de estabilizarse, es importante desarrollar un CV de gran solidez.

-Por último nos gustaría saber los motivos que le llevaron a dedicarse a la investigación y qué es lo que le produce más satisfacción de su trabajo.

Desde niño quería ser inventor. Me encantaban los juegos con lo que podía construir motores, circuitos eléctricos, bombas de agua, etc. En el Instituto descubrí que las matemáticas y la física me encantaban, y que me daban el poder de explicar y predecir muchos fenómenos. Por lo que decidí estudiar Física en la Universidad.

Considero que tengo mucha suerte de poder dedicarme a algo que me apasiona, y el esfuerzo que requiere lo dedico con mucha ilusión. Este trabajo también tiene gran cantidad de momentos difíciles, pero la satisfacción de crear algo que puede mejorar la vida de los demás es insuperable.

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Crónica de un premio de innovación de utilidad social con patente

Jesús Muñoz fue el ganador del premio a la innovación otorgado por la Fundación Alberto Elzaburu en su tercera edición.

La semana pasada acudimos al auditorio de la Fundación Mapfre, invitados por la Fundación Alberto Elzaburu (FAE) para asistir a la ceremonia de entrega de los premios a la innovación que concede la entidad desde hace ya tres años.

El evento, presentado por Manuel Desantes (ex Vicepresidente de la Oficina Europea de Patentes, miembro del consejo asesor de la FAE y miembro del Jurado del Premio a la Innovación) contó con la presencia del propio Alberto Elzaburu, presidente de la FAE, al que también acompañaron el Catedrático de la Universidad Complutense, Pedro García Barreno; la Directora General de la OEPM, Patricia García-Escudero y la científica e investigadora galardonada con el Gran Premio Internacional de Invenciones de Ginebra en 2013, Celia Sánchez-Ramos.

Durante la presentación de los premios, oficiada por Patricia García-Escudero y Manuel Desantes, se hizo mención al currículo de todos los asistentes y se agradeció su presencia en el evento. Además, se celebró la continuidad que la FAE ha decidido dar a este certamen, concebido para reconocer y recompensar el trabajo de quienes consiguen resolver problemas, sean de mayor o menor grado, mediante la creación de inventos de utilidad social.

Tras esta introducción tomó la palabra Pedro García Barrero, Catedrático Emérito de la Universidad Complutense con una amplia y reconocida trayectoria docente, ejecutiva y como investigador, quién pronunció una conferencia en la que destacó la importancia capital que tienen la innovación, el avance de los conocimientos científicos y su aplicación a la solución de problemas para el desarrollo económico de Estados y regiones, señalando algunos de los que ocupan los puestos más destacados en virtud de su apuesta por impulsar y basar la economía en los conocimientos.

Jesús Muñoz fue el ganador por su “Modelo Articulado del Cuerpo Humano”20161122088rAlberto Elzaburu entregando el premio al ganador

Celia Sánchez-Ramos, científica e investigadora galardonada con el Gran Premio Internacional de Invenciones de Ginebra en 2013, fue quien se ocupó de presentar a continuación a Jesús Muñoz Jiménez, ganador de esta tercera edición del premio a la innovación convocado por la fundación, por su patente española de invención (con examen previo con número de publicación 2409535) y título “Modelo articulado del cuerpo humano”.

Sánchez Ramos quiso destacar del joven inventor menor de cuarenta años que su patente “Modelo articulado del cuerpo humano”, no sólo mejora tanto la enseñanza de la anatomía como del entrenamiento deportivo, sino que además es objeto de una licencia de uso de explotación comercial.

Durante el repaso de su extenso currículum, Sánchez-Ramos señaló los méritos de J. Muñoz como docente en la Universidad de Extremadura; investigador y miembro del grupo de optimización del rendimiento en el deporte y socio fundador junto con el Doctor Kiko León Guzmán de la spin off Sliz Emotions, creada en 2015 para comercializar productos y servicios asociados a patentes salidas de la Universidad de Extremadura. Para finalizar su intervención, Celia Sánchez también quiso mencionar a la investigadora Doña Lidia Bares López, ausente en el evento por motivos personales pero a quien el jurado había otorgado una mención especial por su patente española con examen previo titulada “elemento accesorio de distribución y re-dirección del caudal de aire acondicionado para unidades interiores tipo estándar”.

Jesús Muñoz Jiménez recibió de manos del propio Alberto Elzaburu la estatua diseñada por Ignacio Vicens con la que se reconoce la concesión del premio, así como la dotación de 5.000 € con la que viene acompañado. Elzaburu aprovechó el momento para dar las gracias a Carolina García de La Rosilla, responsable de organización del evento. Acto seguido tomó el galardonado tomo la palabra.

Formación de una spin-off para dar salida comercial a sus patentes.

Inició su intervención en la ceremonia de premios agradeciendo a la FAE la concesión del premio a la innovación, apuntando que “es muy gratificante cuando alguien realmente reconoce tu trabajo, ya que estamos en un contexto en el que no suele pasar” A continuación comentó que en el entorno universitario tanto él como su compañero el Dr. León Guzmán eran “ extraños.” En el momento en que empezamos a dedicarnos al mundo de la innovación y de las patentes, nuestros compañeros nos comentaban ¿Y qué pasa con los JCR, con los artículos.?. Nosotros investigamos también pero lo hacemos para transferir el conocimiento. Que la FAE reconozca este tipo de labor nos parece muy importante”.

Muñoz pasó a agradecer a sus familiares, amigos y compañeros el afecto y apoyo recibidos durante todos estos años, así como a la Universidad de Extremadura la oportunidad que les ha brindado de formar una spin-off para dar salida comercial a sus patentes. Con respeto a ellas comentó que la premiada es una más “de las doce que tenemos registradas actualmente, más seis que están en proceso y seis nuevas aún por inscribir.

Puntualizó a continuación que empezó “en 2007 con este trabajo, y no es fácil. Cuando el fruto de tus investigaciones y de tu know how te permiten patentar soluciones novedosas que pueden resultar útiles siempre se ha de pasar un examen bastante riguroso, no siempre se concede” .

Además, Muñoz mencionó lo laborioso que resulta afrontar la responsabilidad de dar salida comercial a las patentes mediante la creación de una spin-off “somos científicos e introducirnos en el mundo empresarial nos está costando”.

Cerró el evento Patricia García-Escudero dando la enhorabuena a Jesús Muñoz y reseñando la importancia de que un premio como el otorgado por la FAE tenga continuidad. También se dirigió al Catedrático Pedro García Barrero para agradecerle su rica intervención afirmando “los que somos de ciencia siempre agradecemos que nos hablen en nuestro idioma y de innovación, que es lo que ha hecho en un momento tan importante como es la entrega de este premio”.

Por último, García-Escudero informó a los asistentes de que la OEPM, entidad que preside, seguirá ayudando a las grandes empresas, pymes e inventores a proteger sus patentes; contribuyendo con ello a que obtengan los beneficios que merecen sus esfuerzos por dar solución útil a problemas sociales de toda índole.