MOOEVO, la tecnología que soluciona la movilidad eléctrica de las personas

Más que una entrevista, la de hoy ha sido una conversación de auténticos amigos que siempre han ido de la mano en el entorno de la Propiedad Industrial. Uno de ellos, con una visión muy clara de lo que quería hacer en la vida, inventar, mientras que su compañero es el “cerebro” empresarial. ¿Quién es quién? La historia de Ignacio y Pablo pasa por tener a la movilidad como motor de su emprendimiento.

Se conocieron con 16 años en Málaga, donde Pablo Carrasco vivía y donde Ignacio Estellés pasaba los veranos. Una relación casual que se alimentaba con las charlas de Pablo sobre inventos, todos los que tenía en la cabeza desde que le explicaron lo que era una patente, “allá por 1º de Primaria”. En esas conversaciones, Ignacio aportaba “la labia y el desparpajo” que le faltaban a Pablo para las relaciones sociales, motivo por el que se dieron cuenta de que se necesitaban para emprender en un futuro que no tardó en llegar.

Pablo Carrasco e Ignacio Estellés, en sus inicios profesionales

Tanto es así que, antes de que acabara Pablo la carrera de Ingeniería Aeronáutica en Madrid, ya sintió la necesidad de “hacer”, al fin, una patente, pensamiento que no le dejaba ni estudiar, según él mismo reconoce. Ignacio, cómplice hasta la médula, le acompañó a la Oficina Española de Patentes y Marcas en un tiempo en el que no existía internet y donde todo eran papeles y fotocopias, “haciendo los dibujos, recortándolos y pegándolos para darles el formato concreto que te piden al presentar una invención”, un proceso que le llevó a hacer varios viajes a la fotocopiadora de su barrio, movido por los nervios y porque era consciente de que se trataba de uno de los momentos más importantes de su vida, que pasaba por la ilusión de patentar, vender su idea y, quizás, “forrarnos”… comenta entre risas.

El caso es que esa primera patente, un sistema de pedaleo para bicis sin puntos muertos, recuerda Ignacio, fue el origen de ROTOR BIKE, empresa de referencia tanto en nuestro país como a nivel internacional, que ya ha cumplido su cuarto de siglo en el mercado. Actualmente, la relación profesional de nuestros entrevistados con la compañía ha cambiado. Si bien se mantienen como Consejeros y accionistas, Ignacio se desligó de ROTOR laboralmente hace poco más de un año mientras que Pablo sigue prestando, parcialmente, un servicio de asesoramiento externo, dado su alto nivel de conocimiento técnico, tanto de patentes como de creación de productos.

Pablo e Ignacio en la época de ROTOR BIKE

Volviendo a esa primera patente que presentaron, Ignacio recuerda que fueron con ella bajo el brazo a BH y a ORBEA, para contarles que habían “reinventado” la bicicleta y que si querían, se la vendían. Durante nuestra conversación, nos cuentan que se sintieron “muy escuchados” por los directivos de ambas empresas, quienes les pidieron un prototipo, lo más desarrollado posible. Y, de hecho, llegaron a tal nivel de desarrollo, que el propio Director de BH les ofreció la posibilidad de que fueran Pablo e Ignacio quienes lo fabricaran para luego ponerlo en venta a este tipo de empresas. Gracias al apoyo de varios inversores, pudieron llevarlo a la práctica. Hoy en día, muchas piezas y componentes de bicicletas, de las marcas más importantes del sector, son clientes de ROTOR, empresa en la que han implementado todas las patentes posteriores.

VALORACIÓN DE LA ACTIVIDAD INVENTIVA

En su opinión, ha habido una evolución “súper positiva” a nivel del proceso de presentación de una solicitud de patente. El hecho de que la información esté tan disponible para el usuario y se facilite el método de entrega online “es lo mejor que le puede pasar al solicitante” aunque, comenta Pablo, a nivel procedimental siguen existiendo diferencias entre las distintas oficinas. Otro tema es el de la “patentabilidad”, añade. Considera que, en la época en la que ellos empezaron, una empresa solicitaba menos patentes que actualmente. Como ejemplo, cita a Shimano, una de las grandes en el sector de piezas de bicicletas de alto rendimiento. “Las patentes actuales son sobre detalles muy pequeños que, bajo criterios del pasado, no tienen mucha actividad inventiva”, afirma, mientras estima que hay un cambio de paradigma en ese sentido que lo “sufren” los inventores ya que, “o te unes a ese modo de patentar o te quedas fuera”.

Sobre esta cuestión, aprecia que quizás deba revisarse el propio concepto de “actividad inventiva” ya que, insiste, patentar de la forma a la que se han referido antes, “debilita a las pymes y a los inventores porque se están dando, como invenciones válidas, pasos tecnológicos demasiado pequeños”.

Independientemente de esto, patentar siempre es “beneficioso” porque el documento, de carácter jurídico, avala el hecho de aportar algo a la sociedad, señala Ignacio Estellés, abogado de profesión. “Muchos inventores tienen una idea y no saben cómo ponerla en valor al constituir una sociedad, levantar un capital o buscar inversores”, pero todo cambia cuando se cuenta con un documento de propiedad, que aunque sea algo tan intangible “te permite empezar a trabajar”, además de ayudar al emprendedor a conseguir recursos económicos porque, en opinión de Ignacio, los inversores solo querrán apostar por una idea si ven que hay una protección sobre ella a través de una patente, que ofrece al inversor “la mayor garantía y seguridad posible a través de una invención coherente y con alto nivel de credibilidad”.

CONSEJOS A PYMES Y STARTUPS

A pesar de todo esto, los dos amigos están de acuerdo en que lo mejor es proteger las invenciones aunque solo sea por todo el proceso previo de idear, crear, prototipar y probar, mucho más “atractivo” que redactar las solicitudes de patente, donde hay que tener cuidado hasta en las comas” y que, para Pablo, es justo lo contrario de lo que quería hacer después de la carrera, cuando pensaba que ya no tendría que volver a examinarse nunca más y resulta que, “cada vez que redacto una patente es casi como escribir una tesis”.

A lo largo de todos los años de experiencia adquirida con las patentes, y con un aumento en el número de acuerdos con grandes empresas del sector, Pablo Carrasco dedica tiempo al estudio de las patentes de la competencia, algo que aconseja hacer a pymes y empresas emergentes. De esta manera, una vez al mes, Pablo analiza tanto el reporte de ROTOR como el de la competencia en el sector y el de algún inventor “francotirador”. Así, averigua lo que se puede infringir y lo que no, por ejemplo. Cuenta la anécdota de estar trabajando en un producto “de lo más caro y de lo más tecnológico” (uno de los primeros potenciómetros que hicieron bajo un acuerdo con Indra) y, durante el proceso, se publicó una patente de Shimano que era “clavada” a lo que ellos estaban haciendo, teniendo que parar porque afectaba a una colaboración muy importante.

Ignacio Estellés se refiere, además de a las patentes, a las marcas, unos de los activos más importantes para ellos, gracias a las que “puedes seguir desarrollando productos con una gran credibilidad, además de afianzar al cliente y aumentar el público”. Y este comentario es el que nos sirve para hablar de su nuevo proyecto, MOOEVO. La marca, ideada por un amigo común que estableció un juego de palabras de los vehículos en movimiento, pretende ser internacional, fácil de pronunciar, que el usuario la retenga “de un vistazo”, que tenga “impronta” y que sea global, pero que también genere contenido, valor y visibilidad a la tecnología desarrollada.

Sistema de propulsión para vehículos tipo carro mediante “scooter” autoequilibrado acoplado mediante estructura articulada.

Pero… ¿Qué es MOOEVO?. Vamos a retroceder hasta el día de Reyes de 2019, cuando a la hija de Pablo le regalaron un “hoverboard”, que enseñó a José, un amigo cuyo hijo tiene parálisis cerebral y que, por ese motivo, es usuario de silla de ruedas. Unas cuantas ideas al aire en torno al patinete y al hecho de facilitarle la vida a su amigo, hicieron que Pablo comenzara, ese mismo día, a realizar bocetos de lo que sería un dispositivo que facilitara los trayectos al mismo tiempo que ayudara al “porteador” a que se encontrara mejor físicamente.

Como ocurre en muchas ocasiones, los mejores inventos surgen de las necesidades y Pablo y su amigo José vieron que debían encontrar una solución para las personas que se encontraban en esa misma situación. Con toda la iniciativa del mundo, el padre de Josete, que así se llama el primer usuario de Mooevo, seguía las instrucciones de Pablo y elaboraba prototipos del dispositivo final a lo “Macgyver”. En una semana ya contaban con uno casero que funcionaba “de maravilla” y con el que llevaron al niño al colegio. La silla motorizada causó tanta sensación que otros padres del centro educativo comenzaron a pedirla.

Más tarde, Pablo y José (coinventor), organizaron un micromecenazgo en la plataforma Gofundme.com donde, por cada 100 euros que conseguían, regalaban uno de los prototipos diseñados a niños con discapacidad. Instalaron los dispositivos en todas las sillas de ruedas que les llegaban y fue tanto el cambio que supuso para los usuarios que, por eso, menciona Pablo, se ven tantos niños sonrientes en los vídeos de su página web.

MOOEVO, 1ºpremio Expansión Startup 2020 en la categoría de Movilidad y Smart Cities (premios Expansión 2020)

Si nos fijamos en la fecha en la que todo se ideó, podréis observar que la pandemia estaba muy cerca. Cuando estaban a punto de lanzar MOOEVO al mercado, contando con un pequeño stock para las personas necesitadas, además de pensar ya en ortopedias, llegó el confinamiento y una llegada masiva de enfermos a todos los hospitales de España, así que, dada la situación y por un tema de sensibilidad social, decidieron no comercializar el producto “a bombo y platillo” y pararon, pero ofreciendo a IFEMA todos los dispositivos con los que contaban. Las imágenes que se emitían por televisión, con los profesionales sanitarios desbordados y trasladando pacientes por todo el recinto madrileño, fue el motivo principal, llegando “en medio del caos” pero alcanzando un nivel de efectividad y de resolución que ha implicado que otros centros, como el hospital Puerta del Hierro, haya contactado con Ignacio y Pablo para que les proporcionen unidades de Mooevo.

Vista del dispositivo desarrollado por MOOEVO para silla de ruedas

APLICACIONES DE UNA TECNOLOGÍA PROTEGIDA POR PATENTE

Las aplicaciones, infinitas. Y todas ellas recogidas en las reivindicaciones de la solicitud de las tres patentes que han desarrollado sobre esta invención porque, al segundo día de llegar a IFEMA, les preguntaron si podían implantar su solución en los carritos que llevan las medicinas, la ropa de cama o los pañales, procediendo a adaptaciones en el dispositivo original. “Testar en situación extrema y real la utilidad de la propia invención, ha sido lo mejor que nos ha podido pasar”, indica Pablo a lo que Ignacio apunta que, además, es una demostración “muy beneficiosa para todo el mundo” de cómo una invención pretende mejorar la sociedad y la vida de las personas.

Ganadores del Reto Lehnica 2020 de CORREOS

El sistema de conducción y conexión entre el hoverboard y cualquier tipo de vehículo, requiere cierta ingeniería (las barras, que controlan los movimientos hacen la gestión de cómo la plataforma del patinete sigue el giro que hace el carro). La batería original del patinete fue sustituida, desde el primer momento, por una más potente. Al “electrificarlo”, se puede mover más carga y a más velocidad y con mayor autonomía y es por ello que, al final, no solo desarrollan la solución para los carros existentes sino que lo que buscan es desarrollar “empujadores” eléctricos que sirvan a “vehículos” adaptados a servicios (limpieza, medio ambiente), movilidad, sociales o última milla. Tecnología nueva que respete toda clase de normativa y que “te lleva permanentemente a ir por delante en la punta de lanza de esa innovación creando nuevas patentes y nuevas soluciones”, afirma Pablo Carrasco porque, en muchas ocasiones, “el vehículo en el que pensamos todavía no existe”, como es el caso de los carros de Correos, empresa que ha otorgado a MOOEVO el Premio Lehnica 2020 a la innovación en Logística y Transporte, lo que ha implicado un contrato para el desarrollo del futuro carro de cartero para la empresa líder de transporte español, testado y validado ya para “scale-up”, y con el que ya se ha demostrado que ahorra un 30% en los tiempos de reparto real. También, para Correos, están trabajando en aplicaciones específicas para sus jaulas de logística y en una aplicación del modelo “Cargo” para repartos urbanos más voluminosos. Igualmente, quieren implementar sus modelos en el futuro carro de limpieza urbana, primero para el Ayuntamiento de Madrid y luego para otros consistorios nacionales e internacionales.

BlackBinder, la pyme que rompe barreras en la lectura de partituras

Hoy vamos a navegar entre notas musicales y partituras. Su relación con los derechos de autor o los secretos industriales e ir un poco más allá, pensando en las patentes y en cómo pueden establecerse en un sector que, como muchos otros, ve la digitalización como un camino en el que también está contribuyendo BlackBinder, una joven startup de base tecnológica que quiere, con su equipo de 10,  romper las barreras que siguen existiendo en el día a día de los músicos.

Para ello cuentan con el asesoramiento de Julián de Juan, “telepredicador” de la Propiedad Industrial como él mismo se define, desde hace más de 20 años, y con un punto de vista muy claro: “no hay que patentar todo lo que tienes entre manos” porque cree que la clave está en que “si en tus desarrollos buscas la novedad y la actividad inventiva, te va a ir bien en cuanto a la innovación y al desarrollo del producto”, afirma.

Esta visión fue la que trasladó al equipo de BlackBinder en 2014. Nos lo cuenta Sergio Peñalver, CEO de una empresa donde se tenía muy claro que era importante proteger aquello que estaban desarrollando en el entorno de las partituras de los músicos. Protegieron la marca desde el primer momento y recurrieron a Julián para definir una estrategia ya que su sistema no consistía en un algoritmo de software sino en una forma de utilizar el conocimiento y aportar una solución para el usuario.

En la actualidad tienen dos familias de patentes, como señala Julián de Juan. La primera de ellas fue “complicada” de tramitar porque era una patente de las llamadas “de software”, es decir, una invención soportada por ordenador que, “ya de por sí, es difícil” y con la que, además, querían una protección amplia, que pelearon en una vista oral, “un duelo en el O.K. Corral donde vas a la última oportunidad con el examinador”. Al final, tras muchas acciones oficiales en las que BlackBinder se mantuvo en la redacción inicial, lograron todo el ámbito de protección de la patente original.

Documento de concesión de la patente a BlackBinder en EE. UU.

EL SECRETO DE BLACKBINDER

Ya que hemos desvelado cuáles son esas familias de patentes, explicamos ahora que la “invención” de BlackBinder consiste en una aplicación de lectura de partituras que discurre, en cualquier dispositivo electrónico, a través de un scroll automático y a la velocidad que le marca el músico con el propio ritmo de su interpretación de forma que de lo único que debe preocuparse el instrumentista es de tocar, sin necesidad de estar pendiente de los papeles de la partitura y, por supuesto, de puntearlos.

Para que os hagáis una idea de cómo se trabaja bajo el sistema tradicional, Sergio Peñalver nos ha explicado que las obras musicales, en las orquestas, son de compra o de alquiler y van “rotando” entre ellas. Cada una interpreta la obra como a cada director le gusta y siempre tras acordar con el concertino (primer violinista) los cambios en la partitura. Cuando llega la obra a la orquesta, todas las partituras se sacan de las carpetas y los archiveros borran, una a una y hoja por hoja, todas las anotaciones que han hecho en la anterior orquesta por cada instrumento. Normalmente, cada una puede tocar dos obras nuevas a la semana y se tarda una media de 45 días en cada proceso de preparación de las partituras, adaptadas a cada director. Cuando están todas las anotaciones escritas, los archiveros deben copiar las indicaciones a todas las partituras de la orquesta y se ensaya, momento en el que también pueden aparecer anotaciones que el director vaya incluyendo. Como vemos, el proceso, además de persistir a lo largo de los años, es muy laborioso.

Sin embargo, con un sistema digital, se puede trabajar por videoconferencia con todos los músicos hasta que llega el día del concierto. Este cambio de procedimiento implica un ahorro de tiempo “brutal”, tal y como se ha demostrado, sin ir más lejos, en el último concierto “In Memoriam” homenaje a las víctimas del terrorismo de la orquesta de RTVE y donde, las tres obras que se tocaron, se prepararon en una semana. Como se puede ver en el vídeo cuyo enlace adjuntamos, todos los músicos disponían de un dispositivo electrónico en su atril.

Por otro lado, se ahorra tiempo de preparación en el escenario porque siempre hay varias personas que se dedican a colocar cada atril, ubicando también cada partitura en el orden en que se tiene que tocar. Este método digital permite que las partituras estén cargadas en el orden correspondiente en el dispositivo del músico que, gracias a su cuenta de usuario, puede, entre otras cosas, editar las anotaciones con mucha facilidad pero, sobre todo, evita que “la mitad de una orquesta deja de tocar para pasar la página a la otra mitad”.

 “Cambiar la forma de trabajar de una orquesta es difícil”, opina Sergio Peñalver quien añade que “no hay una solución mágica” para acelerar el “necesario” proceso de formación y de adaptación que se requiere ante un método vigente desde hace más de 300 años. A ello se añade la que consideran la principal barrera en todo este camino y es el de los derechos de autor de los compositores “clásicos” porque las editoriales que les amparan “se preocupan mucho de las revisiones” para mantener actualizados esos derechos y “atraer” así a los directores de las orquestas. Con todo, tanto Sergio como Julián observan que este hecho se está “resquebrajando” poco a poco, ya que desde BlackBinder les han hecho ver que, frente a formatos como el PDF, el scroll en sí mismo no se puede imprimir. Y además, también ofrecen como solución a las editoriales que si autorizan a la startup a realizar una transformación digital de sus obras, les ceden los derechos generados en el formato digital.

Ejemplo de partitura vista desde el dispositivo de BlackBinder

UN SISTEMA PRESENTE EN CHINA, ESTADOS UNIDOS, RUSIA Y EUROPA

Sergio Peñalver comenta que, en un principio, querían llevar su tecnología a todo el mundo. Apoyándose en la figura de Julián de Juan, el equipo de BlackBinder comprendió que existían otras formas de ver la estrategia empresarial en su negocio digital, donde “o creces muy rápido y coges el mercado enseguida o eres fácilmente copiable”.

Teniendo presente a las patentes como su “baza de negociación, de permanencia y de supervivencia” en el mercado del futuro, establecieron una estructura corporativa de BlackBinder pensada para la explotación del negocio por distintas vertientes. De esta manera, la tenedora de la Propiedad Industrial es la empresa NewMusicNow S.L., su “laboratorio”, mientras que Rolling Scores S.L. es la empresa destinada a la comercialización de la aplicación y a su vez, es la que da servicio a las orquestas. En tercer lugar, está BlackBinder S.L., la “holding” en la que Sergio y Julián supervisan las dos actividades de BlackBinder además de licenciar la tecnología de NewMusicNow, que se desarrolla a través de colaboraciones con entidades como la Universidad de Navarra, por ejemplo.

Como llevar la tecnología a otros países requiere estar allí físicamente con un equipo de trabajo, durante un año al menos, si pueden disponer de ese personal en el país, Blackbinder solo tiene que licenciar el “know-how” y las patentes gracias a acuerdos con distribuidores.

TIEMPO DE PANDEMIA

Como cualquier empresa, BlackBinder también se ha visto afectada por la presente pandemia. Pero han canalizado la situación en positivo para, según afirma Julián de Juan, reforzar sus decisiones. La forma de explotación va a ser licenciar la solución del scroll y ahí es donde han trabajado en una demostración que se ve en la aplicación, gratuita (disponible para Apple), que cuenta con un fondo de partituras y que permite subir otras pero también están trabajando en hacerles ver a las orquestas que es conveniente digitalizar tanto sus archivos como sus procedimientos.

María José de Concepción: “El talento se internacionaliza a través de las patentes”

Nuestra protagonista de hoy estudió Ciencias del Profesorado en la Universidad Complutense de Madrid y, más tarde, Ciencias Biológicas. Con el paso de los años y viendo su evolución profesional, piensa que fue una experiencia “surrealista” pasar cinco años en una de las carreras “con más foco de producción de patentes” y en la que nunca oyó hablar del tema, ni de cómo proteger los resultados de un proyecto de Investigación y Desarrollo.

Su camino profesional empezó en el mundo de la docencia, en un centro de Secundaria en Madrid, donde una amiga suya le comentó que su marido estaba preparando las oposiciones a Técnico Superior Examinador de Patentes en la OEPM, de los que tenía una idea en la cabeza, que probaban los inventos que recibían “para ver si funcionaban o no”. Pero cuando Mariano Nieto, marido de su amiga y actual Jefe de Servicio de documentación del Departamento de Patentes e Información Tecnológica de la oficina, le habló de lo que realmente hacía un examinador de patentes, le pareció tan interesante  que tomó la decisión de darle un cambio a su vida.

María José de Concepción

Corría el año 2001 y era el primero, después de una década, en que se convocaban plazas en la OEPM para Químicos y Biólogos. Asimilando el temario, le llamó la atención la manera en la que se unían el campo técnico y el jurídico, dentro de la Propiedad Industrial, y empezó a descubrir el proceso de “sacarle las tripas” a una patente para llegar a saber qué dimensión podía tener a nivel nacional e internacional, cómo era el sector de la técnica que estudiaba en cada caso y cómo avanzaba.

LAS PATENTES MANTIENEN AL EXAMINADOR EN UNA ACTUALIZACIÓN CONSTANTE

“Los examinadores de patentes ven constantemente por dónde va la tecnología”, afirma María José. Es decir, que las patentes hablan de las necesidades tecnológicas que existen en un momento determinado y van parejos a los intereses de la sociedad. Un ejemplo muy claro lo expresa con la “explosión” de la telefonía móvil en nuestro país, cuando muchos años atrás ya se estaban presentando patentes de lo que serían los dispositivos móviles del futuro.

En el 2009 accedió al Área de Difusión de la OEPM, momento que coincidió con la celebración de la Feria de Madrid por la Ciencia, enfocada a colegios e institutos. En el área, se plantearon que fueran estudiantes de Bachillerato quienes estuvieran en el stand de la OEPM explicando lo que era, desde su punto de vista, una patente, una marca o un diseño, así que, como buena divulgadora, fue la encargada de preparar y llevar a un grupo de Bachillerato Tecnológico de un centro de Majadahonda, al que escuchaba “entusiasmada” hablar sobre Propiedad Industrial.

Pero el cambio de verdad llegó para ella cuando entró a formar parte del equipo de Comunicación de la OEPM, desde donde percibió “un mundo distinto” porque, como examinadora de patentes, se había formado en el trabajo interno de la oficina pero desconocía dónde iba su trabajo después o cómo podría repercutir en la toma de decisiones de una empresa o de una universidad.

Contactar de manera directa con las empresas, atenderlas y saber sus necesidades, le hizo darse cuenta de dónde y cómo estaba colocado el trabajo de la OEPM dentro de un flujo mucho más grande que el de la concesión de una patente, el de la innovación, “en el que hay muchos actores que están en distintos momentos de ese flujo”, de forma que haber aprendido y “absorbido” el trabajo interno y las consecuencias del mismo, fue “enriquecedor” para ella porque un examinador “juega un papel muy importante en la toma de decisiones posteriores a la concesión de una patente”, por lo que el trabajo debe ser “impecable”.

Abrimos ahora un paréntesis para hablar del origen de CEVIpyme, uno de los “bebés” de María José, ya que surgió ese mismo año, en 2009, gracias a la ilusión por poner en marcha un proyecto cuyo propósito inicial sigue en la actualidad, cumpliendo el objetivo de apoyar a las pymes en sus procesos de innovación, íntimamente ligados a la Propiedad Industrial e Intelectual, como recalcamos.

Mónica Castilla, María José de Concepción y Ana Cariño en el proyecto EU Twinning EGPO (febrero 2021)

Pero su evolución profesional continuó. Desde el 2013 es la Directora del Departamento de Patentes e Innovación Tecnológica, en el que trabajan casi 200 personas, cerca de la mitad de todo el personal de la OEPM. Un departamento muy heterogéneo, integrado por un “esencial” personal administrativo y por examinadores, sobre los que ha tenido claro, desde siempre, que debían salir de la oficina para tener contacto directo con las empresas, universidades, centros públicos de investigación o plataformas tecnológicas, “un gran descubrimiento” estas últimas, porque “aúnan al que hace la investigación y presenta la patente con quien la pone en el mercado”.

VISIBILIZAR Y TRANSMITIR LAS FUNCIONES DE LA OEPM

“Nunca tenemos que olvidar que damos un servicio al ciudadano”, recuerda. La cuestión, desde su perspectiva, no es solo estar contento con uno mismo por haber hecho un buen trabajo sino “saber que ese servicio es muy importante para quien lo ha solicitado”, ya que, con la respuesta del examinador, el usuario podrá desarrollar una línea de negocio, otra distinta o incluso abandonar. La OEPM, actualizándose continuamente, transmite la importancia de reducir los plazos, a la hora de dar los informes, o de disminuir las cargas administrativas porque hay que adaptarse a la situación económica de cada momento y adelantarse a lo que puede pasar ya que, com señala nuestra entrevistada, “hay trenes que van muy rápidos y acompañar en ese viaje es fundamental para que los posibles problemas se reduzcan al extremo o no aparezcan”.

Quizás, en la OEPM no se dispongan de todos los recursos económicos necesarios para ayudar más a todos los usuarios del sistema de Propiedad Industrial pero María José considera que “una buena formación también es un buen recurso económico” y la oficina es la que “tiene que llevar esa bandera para que haya una cultura cada vez mejor implantada sobre lo que son estos derechos”, como ocurre en los países anglosajones.

“Llevamos mucho tiempo esperando a que la Propiedad Industrial se incluya en los planes de estudio a nivel universitario”, recuerda María José para quien también deberían tenerse en cuenta en Educación Secundaria como una asignatura “necesaria”, sobre todo en los estudios más implicados en los resultados de I+D, pero también, por extensión, “debería considerarse en beneficio del conocimiento de la sociedad y del tejido empresarial español”.

CONCILIACIÓN LABORAL, NO FAMILIAR

La evolución de la OEPM se ha evidenciado todavía más durante la pandemia. Al comienzo del Estado de Alarma, en marzo de 2020, la práctica totalidad de los funcionarios de la oficina ya estaban teletrabajando. Fueron pioneros tras implementar este modo en un grupo de Patentes que contaba con un sistema de tramitación de expedientes que permitía trabajar de esta forma y que, con el tiempo, se extendió al resto de departamentos, anticipándose así a lo que iba a acontecer.

Por esto mismo, es “muy fácil” conciliar en la OEPM aunque, matiza María José, “parece que cuando hablamos de conciliar siempre pensamos en la mujer y de ahí se nos va la mente a la maternidad” y se trata de que la conciliación no debe entender de sexos porque “todos necesitamos esos espacios necesarios en el día a día para el desarrollo profesional y personal, que tienen que ir a la par, porque si cojea uno, cojea el otro”.

María José de Concepción durante su intervención en “Talent Woman” en 2019

Con respecto a este tema, del que hemos hablado por la celebración del Día Internacional de la Mujer, María José de Concepción cree que la situación también ha cambiado. Si hace unos años acudía a una jornada de Propiedad Industrial en la que se encontraba en un mundo de hombres, en estos momentos no hay que salir ni de la OEPM para ver que la mayoría de la dirección de los departamentos está ocupada por mujeres.

En cuanto a la presentación de patentes, inventoras hay muchísimas. Muchas veces se solicitan a nombre de la empresa o son presentadas por hombres, aunque hayan sido las mujeres las que lideren el proyecto, razón por la que “debemos edificar desde la realidad del presente y darle todavía más voz a la mujer”. A pesar de ello, en el ámbito laboral hay que concienciar sobre la profesionalidad de la persona, independientemente de su sexo porque “a nadie le gusta que le lleven a una jornada para encajar la paridad de los ponentes sino porque es el o la mejor en su tema”.

Pilar Montero: “La Propiedad Intelectual se adapta a la evolución de la sociedad”

Licenciada en Derecho, Pilar Montero llegó a la Propiedad Intelectual a través del Mercantil, donde la parte de Competencia, Propiedad Intelectual y Sociedades era lo que más le atrajo desde el principio. Tanto es así que su camino la llevó a Alicante, a trabajar en la Universidad, en el departamento dirigido por la catedrática Esperanza Gallego, que la animó a que se dedicara científicamente al tema porque “es necesaria una producción importante tanto para los investigadores como para poder ayudar a que la ciencia evolucione”.

En la Propiedad Intelectual “casi nada está aislado, por lo que debes tener en la cabeza todos los derechos que hay, ya que se interrelacionan”, dice. Como divulgadores de la Propiedad Intelectual (PI), comenta que los docentes se ocupan de que la sociedad tenga más conocimiento en este entorno y de que se acerque más a las empresas y emprendedores, que deben detectar qué necesidades tienen o van a tener acerca de la protección de sus intangibles.

“Muchos de los usuarios no son conscientes de lo que tienen y a otros les parece un lujo proteger”, afirma Pilar, razón por la que, para algunas pymes sobre todo, no es “esencial” tener en cuenta la PI y sí vender sus productos para obtener beneficios cuanto antes, descuidando una estrategia definida que les evite problemas, sobre todo en el caso de empresas que despegan en el mercado de manera inesperada y que, ya tarde, se dan cuenta de que proteger sus activos les asegura el éxito de su marca, lo cual “es una lástima porque en España hay muy buena materia prima y protegerla es lo que establece la diferencia en todo”.

De todas formas, este es un asunto que está cambiando, en opinión de nuestra experta de hoy, que considera que reconocer el valor de la PI es propio de una sociedad que, cuanto más desarrollada está, “más importancia le da a las marcas, al diseño o a la patente”, generando más confianza en el consumidor, que estará más dispuesto a pagar por esos productos protegidos.

Pilar Montero

Con todo, insiste, queda labor por hacer puesto que se trata de una disciplina “fundamental” que podría, desde su punto de vista, añadirse incluso a los programas de algunas etapas educativas. Y es que, cuando ha podido dar charlas a alumnos de Secundaria, por ejemplo, ha visto el interés que han mostrado por cuestiones sobre Propiedad Intelectual. Con ejemplos de sentencias sobre marcas que conocen o sobre películas (recuerda a “Vaiana”, cuyo nombre original, “Moana”, ya era una marca registrada en España) o actores, se dan cuenta de que toda esta materia está en el día a día.

Ocurre algo parecido en las universidades donde, en los antiguos planes de Derecho, no se estudiaba en profundidad esta materia, siendo solo un apartado en las asignaturas de Mercantil. En la actualidad, y pone como ejemplo el programa de la Facultad de Derecho de Alicante, un tercio del curso de Derecho Mercantil trata la competencia y la PI. “Los estudiantes saben perfectamente lo que es una patente, pero también lo que es una variedad vegetal”, afirma Pilar.

EMPRESA, OFICINAS Y ABOGADOS

Eternamente agradecida a su mentora, que le enseñó un mundo “muy vivo y cercano a la empresa”, el Máster en Propiedad Intelectual de la Universidad de Alicante (Magister Lvcentinvs) empezó coincidiendo con el origen, en Alicante, de la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea, la EUIPO (antes OAMI). Hoy, con 28 ediciones a sus espaldas, el Máster de la Universidad de Alicante se encuentra “a la vanguardia” en el estudio especializado en Propiedad Intelectual e Innovación Digital.

Pilar Montero en la clausura del Máster en Propiedad Intelectual de la Universidad de Alicante (Magister Lvcentinvs)

Al igual que ocurre con la propia evolución de la sociedad, el avance en este máster pasa por introducir, desde hace pocos años, cuestiones sobre una herramienta directamente relacionada con la PI, la innovación digital, de forma transversal, a través de diferentes vías. Las necesidades actuales del mercado obligan a que los alumnos sepan responder a todas ellas, en un entorno cada vez más digital. Con un aumento en el número de las prácticas que se realizan a lo largo de los módulos, el éxito del máster se contempla en el “feedback” de los alumnos ante estas actualizaciones, alumnado que proviene de todas las partes del mundo y de ámbitos muy diversos. Ingenieros, economistas, filólogos, historiadores, estudiantes de Traducción e Interpretación o gente del mundo de la cultura que revelan la versatilidad de la PI, plasmada en que los sectores del mercado a los que se dirigen tras acabar son muy dispares, independientemente del tronco común que pueda tener la Propiedad Intelectual para todas las especialidades.

INVESTIGACIÓN VERSUS DOCENCIA

Pilar Montero admite que le gustan mucho sus dos facetas principales. Como docente, muchas veces “no se es consciente de la exigencia que hay” sobre todo si, además, se está al frente de otro proyecto, como el máster, que añade, sin duda, más carga de trabajo.

El lado docente le permite estar en contacto, “de verdad”, con las personas. Con la investigación se adquiere un conocimiento que va en aumento pero “es posible que se pierda la perspectiva de lo que piensa la gente a la que te diriges”, que no tiene por qué ser experta en Propiedad Intelectual pero que sí necesita obtener respuestas a sus necesidades.

“El esfuerzo de hacer que mis alumnos entiendan la PI para que la transmitan adecuadamente se compensa con el hecho de ayudarles a que piensen por su cuenta”, dice Pilar, muy satisfecha por ello, incluso en un curso como este, en el que se enfrentan a una situación “difícil y rara” a nivel social.

Conferencia en la EUIPO sobre “MARCAS E INDICACIONES GEOGRÁFICAS: PERSPECTIVAS FUTURAS” (octubre 2018)

Por otra parte, la faceta investigadora también le “encanta”, aunque reconoce que, para dedicarse a ella, se necesita “paz, tiempo, ser un poco ratón de biblioteca” y buscar soluciones a los problemas actuales de la normativa porque en el proceso investigador, hay que adaptarse y trabajar para que se perfeccione lo que regula los derechos, sobre todo los que no son tan conocidos. Los problemas se ven en la jurisprudencia o la actividad diaria de los empresarios, así que si no se pueden solucionar con la ley actual, se trata de dar soluciones alternativas al legislador para que su caso modifique la normativa o si no, que se pueda modificar la jurisprudencia.

LAS DENOMINACIONES DE ORIGEN, SU OJITO DERECHO

Este tipo de trabajo hace que tengan líneas de investigación en los distintos ámbitos, en innovaciones, signos distintivos o denominaciones de origen, por ejemplo. Estas últimas le parecen “apasionantes” porque “te acercan todavía más a las personas de cada sitio” y porque es un ámbito, a nivel económico, “importantísimo y no muy conocido ni muy estudiado”, que le ha dado y le sigue dando muchísimas satisfacciones por lo que el investigador puede aportar. Es un campo “muy rico, con muchas aristas y grandes implicaciones sociales, humanas y legales” pero en el que los usuarios necesitan que se les encienda la “campanita” del “cuidado, aquí nos hace falta que alguien nos asesore” sobre PI.

En las D.O. “queda mucho por hacer y por saber”. A día de hoy, no se conoce bien la diferencia que existe con una Indicación Geográfica, señala Pilar, porque es un sector que no se ha desarrollado tanto a nivel legal, comparándolo con las patentes y las marcas, que están “más maduros”, a pesar de la antigüedad de las Denominaciones de Origen.

CUESTIÓN DE GÉNERO

Por último, en la entrevista hemos tratado el tema de la “igualdad de género” entre los profesionales y expertos en Propiedad Intelectual. Pilar comenta que, “evidentemente, me he podido encontrar con alguna dificultad en mi camino” pero cree que a todas las mujeres les ha pasado lo mismo en alguna ocasión, independientemente del sector al que pertenezcan.

En Propiedad Intelectual, quizás en generaciones anteriores, sí que había más hombres que mujeres. Pero la evolución de la sociedad ha llevado también a un equilibrio en ese sentido. “Todo ha ido cambiando y espero que cambie más”,  asevera y afirma convencida que, “con un buen equipo en el que te ampares siempre todo esto se solventa”, recordando que el suyo es ese buen equipo del que habla, en el que todos se apoyan y en el que no hay ninguna diferencia de género.

Lo único que le da pena es que, en ocasiones, las mujeres “se pongan límites” porque es algo que nos “perjudica”, dice. Y finaliza recalcando que no le gusta hablar de conciliación “familiar” porque “el que no tiene familia también tiene dificultades para conciliar su vida profesional con la personal”, como ocurre en los ámbitos de la docencia y de la investigación que, “aunque te guste mucho y no lo veas como una carga, no permite tener mucho espacio para uno mismo”.

Cristina Natal: una bioquímica embajadora de la Propiedad Intelectual

Cristina Natal es una profesional “multitarea” dentro de la Propiedad Industrial, a la que llegó desde su licenciatura en Bioquímica por la Universidad de Navarra. Tras unos años como investigadora, le surgió la oportunidad de hacer un post doctorado en el Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA) del mismo centro universitario, gracias a una experta en Bioquímica clínica de Harvard que quería establecer una nueva línea de trabajo, con más aplicación, en la que estudiaban la interrelación entre el tejido adiposo y el mayor riesgo cardiovascular. Comenta que, aunque no ha detectado muchos cambios en las cifras de mujeres en los cursos universitarios e investigación en el área de la Salud, donde son mayoría, sí que observa que la situación ha variado en los últimos años con respecto a las carreras “STEM” en las que “clásicamente” ha habido siempre más hombres.

Los 4 años que estuvo trabajando en el CIMA le sirvieron como “excusa” para saber si quería seguir en el ámbito académico e investigador o no, en un momento en el que tenía que dar un salto al extranjero para seguir aprendiendo. Disfrutó de distintas becas hasta los 31 años, momento que coincidió con esta decisión, cuando surgió en la Universidad un puesto de trabajo en el Instituto Científico y Tecnológico de Navarra (actual Servicio de Gestión de la Investigación de la UNAV), dentro del departamento de Patentes. “Fue un camino largo, lleno de entrevistas que fui pasando”, recuerda. El puesto le atraía porque no se trataba solo de una labor de gestión sino que también se precisaba de un perfil de doctor con experiencia en laboratorio, de forma que “se entendía que el profesional elegido, además de tener que formarse mucho en Propiedad Industrial, tenía que entender de verdad al investigador y a sus invenciones”.

El campus pamplonés de la UNAV es “fuerte” en Biomedicina, tal y como nos comenta Cristina, lo cual se hace más evidente con el hecho de que “el grueso de la investigación y de los investigadores más cercanos a patentes están en esta área”. Esta circunstancia ayudó a la creación de un modelo de traslado de conocimientos de investigación innovador en España, que implicaba que la gestión de toda la cartera de patentes de la universidad, de la clínica y del CIMA se diera allí. El centro de investigación traslacional que se implementó con una estructura alrededor de empresas biotecnológicas asociadas para llevar al mercado las posibles invenciones generadas por sus investigadores, permitió a nuestra entrevistada, tras la concesión de la plaza, seguir ligada a la investigación al mismo tiempo que continuaba aprendiendo porque “nunca en mi vida había visto una patente y sentía curiosidad por ver un documento y llegar a interpretarlo”, comenta.

Su currículum apabulla, realmente, pero ella opina que el aprendizaje nunca debe dejarse de lado. Por eso no dejó nunca de “educarse” en este sentido. Hizo todos los cursos que organiza la OEPM con la Universidad de Barcelona, en el Centro de Patentes de Pascual Segura, otros en la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, la Oficina Europea de Patentes y también en el Centro de Estudios Internacionales de Propiedad Intelectual de Estrasburgo (CEIPI) e Instituto Europeo de Patentes, así como un Máster de la Escuela de Organización Industrial (EOI) en colaboración con la OEPM. En todos ellos, la mayoría de sus compañeros provenían de agencias de patentes, recibían mucha información interna e iban “muy encaminados” a estudiar el examen EQE, que cualifica para representar a terceros ante la Oficina Europea de Patentes (EPO). Cristina se planteó no hacerlo, al no ser imprescindible para su trabajo y porque lo que más le gusta de su trabajo en la Universidad, reconoce, “es la posibilidad de ver todo el proceso, desde el asesoramiento básico a los investigadores en el momento en el que surge la invención, con el estudio incipiente del estado de la patentabilidad, hasta que llega a la comercialización en el mercado”.

Fue en 2015 cuando el departamento cambió y pasó de la gestión común a separarse la cartera de patentes de la universidad, la clínica y el CIMA. Antes de ese salto, el departamento funcionaba como una “mini oficina interna de patentes” y, de hecho, se llegaron a gestionar hasta 800 expedientes activos entre dos personas.

EN INVESTIGACIÓN, LA TRANSFERENCIA TECNOLÓGICA ALLANA EL CAMINO DEL LABORATORIO AL MERCADO

En este cambio, Cristina asumió la cartera de patentes en la universidad y el modelo viró a uno que fomentaba la participación activa en el Área de Valorización y Transferencia y donde la Propiedad Industrial “está en la base de todo, jugando un papel muy relevante”. De esta forma, el proceso comienza con una reunión con los investigadores en la que presentan sus proyectos, sigue con una búsqueda inicial de antecedentes relevantes en el estado del arte para evaluar su potencial innovador, el análisis de patentabilidad de la invención y el lanzamiento de propuestas sobre los aspectos a proteger. Cuando todo está claro, se traslada la información al agente para que se pueda redactar la solicitud de patente.

“Las patentes son mis niñas”, dice entre risas Cristina, ya que el nivel de implicación era y es tal que inciden mucho en el trabajo preliminar, con los análisis y estrategias a seguir para no tener ningún problema durante la tramitación y que la redacción de las solicitudes fuera y sea lo más “perfecta” posible.

La tasa de éxito en transferencia, a veces, es reducida, afirma Cristina Natal, aunque reconoce que está contenta con la cartera de patentes que tienen actualmente y con la estrategia que siguen de no tener patentes curriculares, que les permite tener el 90% de la cartera licenciada o transferida. Esto implica el trabajo no solo de protección de los resultados sino también de la valorización de los mismos, de estudios de mercado, aspectos regulatorios y acciones activas encaminadas a esa transferencia que realizan sus compañeros del área de Valorización y Transferencia. Entiende que una patente es una “figura estratégica empresarial” y que las decisiones, a la hora de tramitarla e internacionalizarla, tienen que ser “acordes” a la política de la empresa. En el caso de la Universidad, al no comercializar, el modelo con el que se trabaja busca dar valor a la investigación y transferir cuanto antes la tecnología, ya sea vía spin off o licencia, porque “lo más difícil es superar el valle de la muerte del laboratorio al mercado”.

En general, los investigadores entienden que en el departamento de Cristina no quieran patentes curriculares. Académicamente, cuantas más publicaciones se presentan en revistas con alto impacto, tesis dirigidas, etcétera, es mejor, ya que la ANECA evalúa así. Pero ahora, desde el Ministerio de Ciencia e Innovación, se están apoyando las actividades de transferencia para potenciar la relevancia de los proyectos y la actividad de los investigadores en ese sentido, reconociéndoles las solicitudes de patentes, los contratos con empresas, los doctorados industriales y todo lo que, en general, sea indicativo de transferencia y relación con la empresa.

“HAY QUE SEGUIR SENSIBILIZANDO SOBRE LA IMPORTANCIA DE LA PROPIEDAD INDUSTRIAL E INTELECTUAL”

En investigación hay “una brecha muy grande en todo lo que tiene que ver con transferencia”. Desde su punto de vista, los médicos no lo ven muy cercano, con toda la burocracia que hay de por medio y además, lo que quieren de manera inmediata es “curar al paciente y publicar en las revistas científicas el resultado de su investigación” pero no se dan cuenta que, solo publicando, “están evitando que ese medicamento llegue realmente al paciente porque es difícil que una empresa invierta en un fármaco si no tiene una protección adecuada”. Así que las formaciones que imparte en la Universidad le sirven para, de abajo a arriba, “tratar con los estudiantes y doctorandos, ganarme a los directores de departamento y al investigador principal, que necesitan saber de la importancia de proteger los resultados de sus investigaciones mediante las patentes”, sensibilizando sobre Propiedad Industrial e Intelectual sabiendo que “no existe una formación reglada al respecto pero que es un tema que presenta un componente técnico y legal clave, imprescindible y que necesariamente hay que conocer”.

Durante esos años, con el nuevo modelo de Transferencia de Tecnología y la constitución de Innovation Factory, una unidad de emprendimiento que impulsa la creación de empresas emergentes en la Universidad de Navarra, Cristina comenzó a implicarse cada más en los temas de transferencia hasta que se llegó a constituir una “spin-off” gracias a una cartera de patentes en la que llevaba trabajando 10 años dentro del Área de Tecnología Farmacéutica.

Miembros del consorcio del European IP Helpdesk, representantes de la Comisión Europea y de la EASME (© European IP Helpdesk 2019)

Pero Cristina Natal cumple más funciones dentro del ámbito de la Propiedad Industrial. Desde la Universidad de Navarra participa, a través de Actis, en el proyecto de la Enterprise Europe Network (EEN), un servicio de la Comisión Europea de apoyo a pymes innovadoras a nivel mundial. Más de 3.000 expertos en 600 instituciones de más de 60 países que dan soporte a este tipo de empresas en proceso de internacionalización, informándoles sobre cómo pueden acceder a los servicios de la OEPM, EUIPO, CEVIpyme o a agentes de patentes, entre otros, dependiendo de su necesidad, con una labor de asesoramiento gratuito acerca de la importancia de los intangibles y de su protección, sobre búsqueda de financiación, internacionalización u oportunidades de negocio, entre otros. Y si bien en Navarra, la Asociación de industria de Navarra (AIN)se ocupa de las misiones comerciales, desde la Universidad cubren esa parte que hemos explicado de asesoramiento en IP y transferencia de tecnología.

Por último, Cristina es asesora senior de Propiedad Intelectual del European IP Helpdesk, un servicio oficial de la Comisión Europea (dirigido por EASME, la Agencia Ejecutiva para Pequeñas y Medianas Empresas) que presta asesoramiento gratuito en materia de PI. Desde 2019, además coordina su red de embajadores, pertenecientes a 28 países, miembros de la EEN y expertos en PI, en paridad absoluta, ya que está formado por 24 hombres y 24 mujeres. La Universidad de Navarra forma parte así de un consorcio coordinado por la oficina alemana de investigación y gestión de proyectos EURICE (European Research and Project Office GmbH) y que completan la Universidad de Alicante y la agencia de transferencia tecnológica alemana TUM-Tech GmbH.

Pepe Gimeno: “La imagen de marca de una empresa debe ser el retrato fiel de sus valores”

Hablar de Pepe Gimeno no es referirse únicamente a uno de los máximos representantes del diseño gráfico y de la tipografía en nuestro país, sino que también es hablar de elegancia en un sector en el que el flamante Premio Nacional de Diseño 2020 demuestra, una vez más, ser todo un referente, con una trayectoria marcada por el éxito y el reconocimiento nacional e internacional.

A sus 70 años, todavía mantiene la ilusión de aquel primer día, tras graduarse en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Valencia. Valora muchísimo el estado actual de los diseñadores gráficos ya que, el momento histórico y social en el que él tuvo que desenvolverse a finales de los 60, dejaba en los centros a un profesorado sin preparación junto a planes de estudios “deficientes”. La Guerra Civil y la posterior dictadura marcaron una deficiencia educativa en su ámbito, ya que una gran mayoría de cartelistas y publicistas estaban fuera de España por sus ideas republicanas. El proceso de adaptación que tuvo que vivir su generación fue “brutal”, ante una profesión que había quedado “desvalida” por ese motivo.

Fue en esos años cuando en la Escuela se pudo sustituir el dibujo publicitario ya que el diseño gráfico estaba recogido dentro de los estudios de Publicidad. Muchos años después fueron separados en dos profesiones distintas porque “aunque se solapan, no son lo mismo”, nos cuenta Gimeno.

“La práctica hace al maestro”, señala el diseñador valenciano, que se decidió por esta disciplina porque siempre le había gustado el dibujo y le resultaba atractivo relacionarlo con los temas artísticos. Tras su graduación, comenzó a trabajar en distintas agencias de publicidad de Madrid y Valencia hasta que, en 1987, dio el salto en solitario para crear su primer estudio de diseño gráfico. Unos años después, en 1990, se unió a Nacho Lavernia para desarrollar proyectos en Gimeno y Lavernia y en 1995 ya creó su estudio actual, Gimeno Gráfic donde elaboran trabajos de  packaging, diseño expositivo, señalización y gráfica del entorno o de tipografía corporativa, por citar algunos, con una filosofía que les ha llevado a consolidar una reputación que se manifiesta en los premios y reconocimientos que ha recibido hasta el momento.

En los trabajos que desarrollan siempre velan por sus derechos intelectuales. Quien registra el trabajo es el cliente porque “la marca es de quien contrata los servicios del estudio” pero los derechos intelectuales son de Gimeno Gràfic, demostrando siempre que el proyecto les pertenece, como autores. Si bien no son ellos quienes proceden al registro de la marca, como decimos, hay que dejar claro, matiza el diseñador, que el estudio siempre ayuda al cliente en todo el proceso, “encarándolo y orientándolo para que el registro se dé con éxito y garantía”.

En diseño gráfico “nadie aceptaría registrar”, nos comenta Pepe Gimeno. Tanto es así que, en muchas ocasiones, tienen que firmar una autorización cediendo sus derechos para que el cliente pueda trabajar con la marca, lo que se hace a cambio de los honorarios que el estudio percibe por su trabajo.

“Hay poca gente sin conciencia de no proteger”, afirma, aunque con frecuencia se encuentran con dificultades para encontrar “un nombre que esté libre, una palabra que no esté registrada, un concepto”, por lo que es evidente que, en su sector, “el problema no está en no registrar sino en que algo esté libre para registrarlo”.

La buena sintonía que hay entre los diseñadores de la Comunitat Valenciana, de la que presumen porque da fé de que no pasa en otros sitios, ayuda incluso en lo que se refiere a la protección de los trabajos. Y el corporativismo generado entre los diseñadores de su generación, continúa en las siguientes generaciones, donde hay competencia “de la sana” y donde se hacen favores a pesar de que, reconoce, deberían ser más endogámicos, empezando por proteger más sus diseños.

Tipografía FF Pepe 2001 premiada con el Certificado de Excelencia en Diseño Tipográfico del TDC de Nueva York

En relación a este tema, opina que España se encuentra en “desventaja” con otros países porque, en palabras de Gimeno, “aquí no se valora tanto el trabajo” debido a que el diseño gráfico es “una faceta y un valor que está por descubrir con respecto a la imagen de la empresa”. A su modo de entender, “muy poca gente conoce realmente las posibilidades del diseño, sus opciones para integrarlo en la empresa y los frutos que puede dar” porque se tiene, todavía, una visión “superflua” sobre él, considerándolo algo “bonito e inútil” cuando lo que se pretende es que sea un elemento esencial y absolutamente rentable que sirva para “comunicar con claridad y optimizar los recursos de la empresa”.

Para que cambie la imagen que se tiene del diseño, “las entidades públicas y privadas, los políticos y las empresas deben actuar” y, al mismo tiempo, entender que, aunque sea algo más complicado, por práctico, “este cambio de interpretación es lo que va a implicar una solución a largo plazo, en profundidad y que va a ofrecer unos resultados espléndidos si se hace bien” porque tal y como se sigue entendiendo a día de hoy, causa muchos problemas para los clientes que consideran que, cambiando su marca a través del diseño, mejorarán el estado económico de su empresa”.

LA IMAGEN Y LA EMPRESA DEBEN COORDINARSE

La marca “es un reflejo de lo que es la compañía”, de forma que si una empresa está anclada, no innova, no es eficiente ni racional ni abierta, la marca, “por más que intente tapar esas deficiencias, no va a solucionar nada”, de ahí la gran importancia de que la imagen y la empresa se correspondan y estén coordinadas, tal y como indica el diseñador.

En este sentido, redefinir estéticamente las marcas a través de la tipografía es, todavía, “una cuestión desconocida para casi todo el mundo”, algo que se agrava por la escasez de formación en España, sobre todo si la comparamos con anglosajones y alemanes, como nos cuenta Pepe Gimeno, ya que “no somos una cultura de gran tipografía” que, desde su punto de vista, podría tenerse en cuenta empezando en los colegios, “tanto enseñando conceptos básicos como dándole más importancia a la caligrafía”.

La tipografía “es la base, el gran diferencial del diseño gráfico” porque une escritura e imagen. El equipo de Pepe Gimeno trabaja centrándose en el para qué o para quién sea el proyecto. Así, una marca, un libro, un proyecto de señalización, una web, una animación… se pueden elaborar de forma muy general pero, para su estudio, es “imprescindible” conocer la intención, el punto al que se quiere llegar y los medios que tienen para conseguirlo. Ese, para ellos, es el inicio del proceso y, desde ahí, pasan a optimizar los medios para llegar al fin que el cliente ha propuesto. Ya que cada caso y tipología de trabajo tiene su vía, en el caso de las marcas, Gimeno comenta que requieren un trabajo de síntesis “muy grande”, ya que deben conocer los valores de la empresa, su esencia, para “estrujarla y sacar una imagen que los sintetice o  por lo menos que no esté en disonancia con ellos” y ser fieles a la idea de que una marca es “hacerle un retrato a la empresa pero de manera sencilla, para que sea más fácil de reproducir”.

Conectando con esta última reflexión, nos hemos preguntado cómo definiría un diseñador gráfico algunos de los conceptos que han sido mencionados a lo largo de la entrevista. Empezando por “diseño”, nos dice que, para él, cumple la función de “solucionar problemas y traducir los conceptos a imágenes” obteniendo, con esa mezcla, el resultado de lo que el diseñador puede ofrecer.

Identidad gráfica Presidencia Española de la Unión Europea 2002

En cuanto a “innovar”, considera que implica “hacer y producir algo de manera diferente y mejorada”. Para Gimeno hay muchas cosas que son innovadoras pero que no tienen que ser necesariamente mejores que las de antes y pone el ejemplo de los diseños actuales de algunas sillas que, “aunque espectaculares, no son mejores que otras de hace 10 años”, señalando que es ahí donde radica la diferencia, en “aportar algo que se añade a lo que existía, que lo mejora”.

Siguiendo con las palabras “clave” de este artículo, nos centramos ahora en la “letra” que, además de ser un signo de un alfabeto es la base de la “tipografía”, del “arte de manejar letras y de construirlas de una manera agradable” y que ayude a lo que quiere decir la palabra. La elección de la forma tipográfica “debe de estar de acuerdo a la palabra y a lo que se está transmitiendo”, nos dice el diseñador.

Y no se puede hablar de letras y de tipografía sin pensar en la “imprenta”, el invento que ha llevado a la humanidad a “una evolución brutal” porque su descubrimiento revolucionó todo, como ocurre ahora con la época digital, “donde la fotomecánica ha desaparecido, se ha producido un cambio en la profesión de los fotógrafos o se ha visto que las imprentas ya no son tan imprescindibles como antes”.

La “imagen” es otro concepto a analizar y Pepe Gimeno lo entiende como “la diferencia entre mirar y ver” puesto que, al observar una imagen, tiene que provocar que “gastes unos segundos de tu vida intentando organizar lo que estás viendo”.

El “arte”, palabra imprescindible en este contexto, es la búsqueda de algo que en principio “no tiene sentido, que es inútil, pero que se trata de un impulso que no puedes dejar de seguir porque te interesa ver qué pasa si haces algo”, define mientras recuerda un proyecto en el que trabajó con una serie de alambres cuya manipulación le motivó para ver si era capaz de devolverle una expresión o un sentido a la forma y que produjera interés visual para quien lo viera.

Polifacético como el que más, Pepe Gimeno nos deja claro, al final de la entrevista que, con todos los años de experiencia profesional que lleva a sus espaldas, sigue explorando las distintas expresiones del arte, incluida la tipografía, porque sigue manteniendo la curiosidad, intentando responder a sus propias preguntas, trabajando de manera autodidacta y, sobre todo, con esa humildad que le caracteriza.

ECOALF busca el equilibrio con el planeta a través de la moda sostenible

¿Puede una empresa anteponer el beneficio social al económico?. La respuesta la encontramos en el modelo de negocio de ECOALF, dedicada a la moda “realmente sostenible”, tal y como la define su fundador, Javier Goyeneche, con quien nos acercamos hoy a parte del pasado, presente y futuro de esta pyme española.

Ecoalf es un “estilo de vida”, como lo define su CEO, y viene impregnado por el ADN de la compañía, lo que significa que cada producto de la marca “debe llevar implícito un avance en términos de sostenibilidad”. 

Javier Goyeneche, CEO de ECOALF

Comenzando por sus orígenes, hay que decir que Goyeneche no era nuevo en el mundo de la moda ya que había creado “Fun&Basics”, una marca de accesorios que vendió en 2008. Al dejarla, no tenía muy claro si quería seguir trabajando en el mismo sector pero sí que se planteó centrarse en un proyecto que tuviera relación con la sostenibilidad. Tras un año de búsqueda, en el que vio “un mundo de protesta pero no constructivo”, decidió crear Ecoalf en 2009, bajo la idea de que “el reciclaje es lo más sostenible que hay en el mundo”. El objetivo de la empresa se marcó desde sus orígenes y decidió crear una nueva generación de productos reciclados “con la misma calidad y el mismo diseño que los mejores no reciclados”, transmitiendo unos valores “muy claros”.

LANZAMIENTO Y PROTECCIÓN DE LA MARCA ECOALF, CLAIM Y PROYECTO

El nombre de la empresa, que actualmente cuenta con poco más de 100 empleados, es un claro homenaje a los hijos de su fundador, que se llaman Alfredo y Álvaro. Su trayectoria viene avalada por más de una veintena de premios, entre los que destacamos el último, que ha recibido el propio Goyeneche como Emprendedor Social 2020, otorgado por la Fundación Schwab para el Emprendimiento Social y que le ha convertido en el primer español en lograrlo hasta la fecha.

“Al lanzar una marca, lo primero que tienes que hacer es registrarla, proteger lo que es tuyo antes de salir al mercado porque de otra manera es peligroso”, afirma Goyeneche para quien la vocación de Ecoalf ha sido “muy internacional” desde el principio, motivo por el que está registrada en más de 50 países.

“Proteger la marca, sin duda, va más allá”, dice Javier Goyeneche. “No hay que defender solo el nombre porque una marca es lo que son tus valores” y añade que su “obsesión” desde que Ecoalf arrancó, contando con el apoyo de los inversores que creían “ciegamente” en el proyecto, es que los principios que están detrás de todo eran y siguen siendo “intocables”.

De la misma forma procedieron con “Because there is no planet B”, su “claim”, registrado en 2014 y que figura como un caso de éxito en la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM), de tanta relevancia que se ha convertido en una frase que utiliza todo el mundo que se identifica con los mismos valores de la compañía.

En palabras de Javier Goyeneche, el mundo de la moda es la segunda industria que más poluciona del mundo y está basada en el “compro, tiro, compro, tiro” y en ofrecer una moda nueva “cada jueves, con promociones, descuentos o Black Friday”, lo cual está creando “un destrozo brutal en el planeta, con millones de prendas que van al vertedero y donde cada una de ellas lleva 2.500 litros de agua”. Este dato es el que revela que este sistema “ni funciona ni tiene sentido” cuando, además, con las previsiones de crecimiento de la población a nivel mundial para 2050, se intuye que no habrá “ni suficientes bosques ni suficientes vertederos” para cubrir las necesidades del ser humano, por lo que “es urgente cambiar el mundo de la moda al ser tremendamente dañino para la sociedad”.

CONSEJOS PARA EMPRENDEDORES DE MODA SOSTENIBLE

Javier Goyeneche destaca la importancia de que la empresa sea “coherente” y que entienda que ser sostenible “no es solo utilizar un tejido con esa razón de ser sino que es el modelo que quieres crear alrededor de tu compañía”. La toma de decisiones a lo largo de los años son “complicadas”, sobre todo cuando se trata de una compañía que no ofrece descuentos de ningún tipo durante las temporadas, lo que supone que otras marcas “venderán más que nosotros en determinadas fechas”. Las rebajas de Ecoalf se dan en las épocas tradicionales, en los meses de enero y febrero y julio y agosto pero sin entrar en la carrera de ofertas porque, a su entender, eso es lo que lleva al consumo irresponsable, que genera mucha basura.

“Es obvio que si eres la única marca que no trabaja así, lo notas”, dice. Sus procesos son más complicados porque ellos no son una compañía de “story telling” sino de “story doing”, es decir, que no quieren contar cómo está el océano sino que lo que quieren es limpiar ese océano. Ser parte de la solución significa “remangarse” y dedicar tiempo a proyectos que la gente no ve porque los clientes tienen la chaqueta de Ecoalf pero no saben que “te has pasado 2 años de tu vida yendo cada jueves a un puerto distinto de España para contar con la colaboración de más de 3.000 pescadores y sacar la basura del fondo del mar”. De hecho, a día de hoy, trabajan codo con codo con el 80% de la flota rastrera de España.

Al principio de lanzar Ecoalf, el diseño, el marketing y las operaciones representaban el 20% de su “filosofía” porque destinaban el otro 80% a I+D, cuyo departamento está formado íntegramente por ingenieros, “como no puede ser de otra forma”. Centran sus procesos de innovación en probar nuevas hilaturas de algodón reciclado, en crear un nuevo filamento que no va a dejar micro plásticos al sistema porque recoger en los puertos de España 200 toneladas del fondo del mar, como ha ocurrido este año, “es recoger mucha basura”. El esfuerzo destinado a ello es lo que les hace ser diferentes en el mercado internacional aunque Goyeneche nos dice que Ecoalf no está todavía dentro del sistema de la economía circular porque “debemos de ser capaces de transformar el 100% de las prendas otra vez en polímero y en hilo”.

Además de significarles, esa labor invisible es, según el responsable de la marca, lo que al final “va a dar una credibilidad” que se afianza año tras año, incluso en este último en el que todo ha circulado alrededor de las consecuencias de la pandemia y en el que Ecoalf, a pesar de las dificultades, va a facturar 25 millones de euros y cuenta con un incremento del 80% respecto del año anterior. Todo ello gracias a la fidelidad del cliente y por tener unos mercados crecientes, donde España representa el 30% de las ventas.

En relación a la pandemia, Goyeneche cree que ha habido un cambio. “Hemos visto delfines en los puertos, animales en las plazas de los pueblos y cielos azules”, recuerda. La gente “empieza a entender que tenemos que consumir para llegar a un equilibrio entre las necesidades y la salud del planeta y está claro que es nocivo para ello tanto el exceso de consumismo como el “fast-fashion”.

Otra de las razones de su éxito empresarial se debe, en opinión de Goyeneche, a que lo que cuenta la compañía tiene “trazabilidad”. Todo el proceso está orientado a que los proveedores de la empresa cuenten con ella desde el diseño hasta la prenda final. No utilizan micra pegamentos partidos que liberan micro plásticos al sistema y no producen por encima de sus estimaciones, “lo cual significa que perdemos un 15% de ventas por temporada por no ser capaces de hacer repeticiones a los clientes”.

Y si la trazabilidad es importante para Ecoalf no lo es menos trabajar con la premisa de aplicar la transparencia en todo lo que hacen en su día a día. “Tan relevante es la humildad como la ambición”, si bien esta última la entienden como una carrera continua por intentar hacer las cosas cada vez mejor, con un alto nivel de autoexigencia.

Como hemos mencionado anteriormente, tomar decisiones en este sentido es, para Ecoalf, algo difícil porque tienen claro que su filosofía no está en que el cliente disponga de 100.000 prendas listas para la venta sino en aplicar la coherencia en lo que transmiten y en “ser valientes”, algo que aconsejan a emprendedores y pymes que quieran seguir un modelo de negocio similar ya que “ganar credibilidad es una cuestión del medio plazo que garantizará que actúas respetando tus valores”.

Su coherencia se traduce y se refleja en que, por ejemplo, ha sido la primera compañía B Corp en España, al cumplir con los estándares que llevan a una economía “más inclusiva y sostenible” y que utiliza sus beneficios para un fin que genera un impacto positivo en la sociedad y el medio ambiente. Asimismo, fue la primera reconocida con el sello Global Recycled Standard, cuyo objetivo es “aumentar el uso de materiales reciclados en los productos y reducir o eliminar los daños causados por la producción”.

En cuanto a sus diseños, Javier Goyeneche los define como atemporales, algo que tenía muy claro desde el principio porque, respetando los valores de Ecoalf, la durabilidad de las prendas es uno de los factores más sostenibles que existen, como “el zapato que heredas de tu abuelo, el que pasa de generación en generación, el trabajo artesanal que cada año está más bonito y que es una oda a la sostenibilidad”, afirma.

Diseñar prendas con estas características ha impulsado la internacionalización de la empresa, si bien Ecoalf ya nació con esa intención porque los valores que transmite ya son, de por sí, “muy internacionales”. Ver los productos de la empresa en el entorno de otras culturas y cómo pueden funcionar en ellas “te enseña mucho aunque aumenta la complejidad” pero, al mismo tiempo, hacer una marca por la que el 70% de las ventas está ya fuera de España, además de dar mayor visibilidad y mucho orgullo para el equipo, aporta una diversificación en el riesgo “porque no apuestas todo al mismo número”. De hecho, sus mercados principales se encuentran en Alemania, España y norte de Europa, donde el equipo comercial de Ecoalf trabaja activamente para que el mensaje de la empresa “cale”.

Ecoalf sigue con sus retos, entre los que Javier Goyeneche destaca dos de ellos. El primero, llegar al final de ciclo de vida útil del producto y por tanto, entrar así en ese sistema “perfecto” de la economía circular. El segundo, que persiguen “hasta la obsesión”, es el de la eliminación total de los micro filamentos, aunque “desgraciadamente” cada vez que se lava todo tipo de ropa (sintética y de materiales vírgenes) “limpiamos y ensuciamos” porque se sueltan muchas fibras por la presencia de componentes químicos. Con todo, Goyeneche nos adelanta buenas noticias ya que están trabajando con unas hilaturas nuevas que, según los últimos estudios realizados en la compañía, están muy cerca del “0 filamentos tras 300 lavados”, lo cual es un paso “increíble” para limpiar nuestro agua.

Patentar sienta las bases para el éxito de las pymes

El pasado día 9 de febrero, celebramos, como sabéis, la jornada de alto nivel de CEVIpyme titulada La importancia de la gestión de los activos intangibles para el emprendimiento y el crecimiento empresarial”, que pretendía dar a conocer las ventajas de proteger las invenciones de las pymes para impulsar su crecimiento y su competitividad.

La jornada contó con la presencia del Director General de Industria y de la Pequeña y Mediana Empresa, Galo Gutiérrez, la Directora General de la Cámara de Comercio de España, Inmaculada Riera i Reñé  y el Director de la Oficina Española de Patentes y Marcas, O.A., José Antonio Gil Celedonio.

Hoy os ofrecemos este artículo, en el que exponemos las conclusiones más importantes a las que llegaron las empresas participantes en la mesa redonda que tuvo lugar tras la presentación del evento. Moderada por la  Subdirectora General de Apoyo a la PYME, del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, María Muñoz, las intervenciones de tres empresas punteras en sus respectivos sectores dejaron claras cuáles son las claves de su éxito dentro del ecosistema empresarial nacional e internacional.

Comenzamos con PREMO, que desarrolla componentes electrónicos basados en el magnetismo y cubre distintos espacios de mercado a nivel internacional en redes inteligentes, aplicaciones industriales y de telecomunicaciones, el internet de las cosas o en automoción. En este último, con una cuota de mercado en algunos productos del 50% a nivel mundial, destaca el sistema de apertura remota de vehículos por radiofrecuencia, utilizado por fabricantes reconocidos mundialmente como Hyundai, Kia o Tesla.

Componentes RFID de PREMO

Si bien el origen de PREMO fue como pyme hace casi 60 años, ahora cuenta con una plantilla de 1.400 empleados repartidos entre sus centros de Marruecos, China, Vietnam, EE.UU., Alemania o Francia, además de España. A lo largo del último año se han centrado en la internacionalización, la especialización en el sector del coche eléctrico y la innovación, fabricando más cerca del cliente, razón por la que se encuentran ubicados en Málaga, actualmente.

La segunda de las empresas de las que os hablamos hoy es la navarra NABRAWIND, fundada en 2015 por un grupo de ingenieros con amplios conocimientos en el sector eólico. Su objetivo principal está en dar respuesta al crecimiento de los aerogeneradores, dado que, con la evolución del sector de esta clase de energía y con los campos eólicos ocupando los “mejores” lugares, entendieron que se debían cubrir aquellos puntos en los que hay menos viento y lo consiguieron implantando molinos eólicos más potentes y más altos a través de dos propuestas: el proyecto “Nabrajoint”, que consiste en la unión de palas modulares compatible con cualquier pala y que se ensambla al pie del generador en poco tiempo y “Nabralift”, una torre auto elevable y que llega a alcanzar los 200 metros de altura.

En tercer y último lugar, contamos con SCOOBIC, cuyo equipo se autodefine como “ingenieros de mente y artistas de corazón”. Esta pyme sevillana soluciona el reparto de “última milla” con un vehículo 100% eléctrico, diseñado como un híbrido entre una furgoneta y un “scooter” y que se presenta en dos versiones, “Mini” y “Light”. Este medio de transporte, en cualquiera de sus variantes, tiene una capacidad de carga de hasta 750 kilogramos y su propósito es que se facilite el reparto de la mercancía por las calles más estrechas de las ciudades.

La clave del éxito está en el equipo

La charla, que se desarrolló de una forma distendida entre los responsables de cada empresa, comenzó con las palabras de Ezequiel Navarro, Consejero Delegado de PREMO, para quien el secreto del éxito de su empresa está contar con un equipo de trabajo “multidisciplinar y multicultural” motivado por un propósito de ser “absolutamente los mejores a nivel mundial, no tener ningún complejo en hacer nuestras propuestas de valor a las mejores empresas, ir al cliente para decirle que tenemos el mejor producto para él y que, además, está protegido”.

Solo en el Departamento de Innovación, comentó, hay cerca de 200 profesionales “de distintas nacionalidades, continentes e incluso de religiones diferentes” que trabajan, por las circunstancias actuales, a “tres clics de ratón” pero que siguen siendo igualmente competitivos.

Iñaki Alti, IPP & Competitive Intelligence Manager de NABRAWIND, afirmó que la clave para ser reconocidos como un caso de éxito empresarial es que se sustentan en la Propiedad Intelectual. Esta compañía navarra surgió con 7 patentes de vocación mundial (PCT) que depositaron con la idea de realizar un nuevo aerogenerador completo. Pero fue, durante la búsqueda de financiación para el proyecto y con el “feedback” que recibían de los inversores, cuando se dieron cuenta de que solo dos de las tecnologías desarrolladas eran las que realmente “merecían la pena”, y apostaron por ellas pero, eso sí, teniéndolas previamente protegidas. Alti señaló que la protección facilita, “sin duda”, la búsqueda de inversores, como ocurrió en su caso, ya que confiaron en un equipo de 4 ingenieros “con mucha experiencia en eólica y en patentes registradas en anteriores etapas”.

El responsable de Nabrawind insistió en que ya iba en la cultura de la empresa que pudieran desarrollar una ingeniería con un diseño, un cálculo, una certificación y después una subcontratación de la fabricación de esos diseños para finalmente, “llave en mano”, poder acceder a los fabricantes de los aerogeneradores o a los promotores de parques ofertándoles sus productos.

José María Gómez, CEO de la empresa SCOOBIC, se unió a las palabras de sus colegas. “Tener un buen equipo y diseñar un producto que se transforme en una buena Propiedad Industrial es importante”, dijo, pero añadió que hay un tercer “secreto”, que consiste en “escuchar al cliente y enamorarte del problema y no de la solución”  porque los empresarios, matizó Gómez, tienden a diseñar un producto y “arreglar con él los problemas de todos los clientes”, estrategia que “no es válida” porque hay que diseñar a medida de la necesidad del cliente.

De arriba a abajo y de izquierda a derecha: María Muñoz (DGIPYME), Ezequiel Navarro (PREMO), Iñaki Alti (NABRAWIND), José María Gómez (SCOOBIC) y Cristina Amate (Agencia de Innovación y Desarrollo de Andalucía (IDEA))

Tras este intercambio de opiniones,  los tres directivos nos explicaron cuál es su estrategia para proteger su Propiedad Industrial. En el caso de Nabrawind, Iñaki Alti dijo que, para todas las pymes, cree necesario y positivo solicitar una PCT “aunque resulte caro económicamente” porque se dispone de 30 meses para decidir qué se va a hacer con esa invención en concreto. Señaló que Nabrawind, durante ese tiempo, apostó por financiación, tanto propia como externa, que ayudó a consolidar que las dos patentes seleccionadas desarrollaran dos productos “muy prometedores”. El equipo de trabajo, muy sensibilizado con la Propiedad Industrial, contempló la posibilidad de patentar nuevas invenciones desprendidas de los prototipos durante el proceso de diseño y reproducción, de forma que al incrementar la cantidad de patentes surgidas de esa forma, “el equipo se involucra y sus miembros aparecen como inventores de las mismas” y la gestión es “dinámica”, al integrar la protección de la Propiedad Industrial en el propio diseño de los productos, tanto es así que ya tienen media docena de patentes desprendidas de cada una de las dos tecnologías. Con todo, añadió, “hay que vigilar y controlar bien lo que merece la pena proteger”.

“Las ideas hay que regalarlas para que quepan más”

Afirmación rotunda de Ezequiel Navarro, de Premo, que tiene más de 30 patentes y en la que elaboran una PCT cada dos meses. “El proceso de protección forma parte del proceso de innovación y este está vinculado a retos”, dijo. En esta empresa trabajan, literalmente, con pizarras en las que apuntan sus retos y cuando encuentran una solución a ese reto y ven que es innovadora e inventiva, se le hace la foto a esa pizarra, esté en la oficina de Premo que esté, y se envía a los abogados de la compañía y al propio Ezequiel Navarro.  Si resuelven cosas que nadie ha solucionado antes, empiezan a proteger pero “no como un fin porque proteger es un medio”, ya que, reconoció, trabajan bajo una presión competitiva brutal e invierten un gran porcentaje de su facturación en I+D porque “es muy fácil copiar”, de tal forma que, en su opinión, proteger concede una garantía al cliente durante 20 años, un valor añadido “de manera privilegiada” sobre el producto que ha adquirido de Premo.

José María Gómez recordó algunos datos de Scoobic a los asistentes a la mesa redonda. Nuevos en el sector, con 3 años de experiencia, cuentan con una patente y tres modelos de utilidad. Con la patente, aceptada a nivel mundial, han ganado la confianza de los inversores (uno de ellos, Innoenergy, que también invierte en Nabrawind). Al igual que el CEO de Premo, desde Scoobic comentó que hay que olvidarse de los complejos, porque “los ingenieros de nuestro país son igual de buenos que los de otros lugares” tanto es así que se mostró de acuerdo en que, de los procesos de innovación aparecen “hijos” patentables. En el caso de Scoobic han diseñado una gama de hasta 9 vehículos diferentes con distinta capacidad o diferente cabina de almacenamiento pero que comparten tecnología, es decir, que la conclusión expuesta por José María Gómez es que las patentes, que se puedan llevar a nivel mundial, se tienen que transformar en un activo intangible que valga dinero porque, además de protegerlos, “tienen que ser el mayor activo de una compañía”.

Con respecto a cómo les ha afectado la Covid, el responsable de Scoobic admitió que, al pertenecer al sector del reparto de última milla, la pandemia les ha “afectado” positivamente. A día de hoy, han multiplicado “por cinco” la flota del reparto y la flota de vehículos. A esto se le añade el hecho de que, en Europa, hay un impulso a la movilidad sostenible que les ha abierto las puertas a la internacionalización en media Europa y EE.UU. e incluso, próximamente, van a salir a Bolsa con Scoobic. A pesar de este impulso, dijo, en España hay que aprender dos lecciones, que no hay que depender del turismo o de la hostelería y que no se puede fabricar todo en Asia porque hay que “romper” la dependencia con ese continente, ya que “somos un país tecnológico y debemos demostrarlo, siendo competitivos, mejores, más económicos y con una propuesta de valor mejor que la competencia asiática para tener un potencial exportador a nivel mundial”.

Scoobic apuesta en el futuro más inmediato por su proyecto “1000 al cuadrado”, donde pretenden crear mil puestos de trabajo y facturar mil millones de euros. “El vehículo eléctrico ligero está en manos de las startups”, dijo convencido José María Gómez, que nos comunicó que en el desarrollo de este último proyecto cuentan con un servicio postventa para todo el mercado mundial que está apoyado en un acuerdo firmado con la multinacional Bridgestone.

Desde Nabrawind también se consideró que la empresa ha sido una privilegiada, a lo largo de este año, al centrarse en una energía que favorece la reducción de las emisiones del CO2, así que “estamos en el momento y en el sitio adecuado”. La Covid ha supuesto, en palabras de Iñaki Alti, “teletrabajar” que, aunque ya estaba bastante “popularizado” entre los ingenieros de la compañía, se ha multiplicado al hacer conferencias telemáticas constantemente, en las que se consiguen, de forma más sencilla e inmediata, las “lluvias de ideas”. De hecho, con esta manera de trabajar este año han desarrollado 4 patentes, “algo por encima de nuestra propia media”.

Según Alti, lo importante “no es patentar por patentar”, que es “peligroso”, sino que lo que se patente se estudie con detenimiento porque hay que hacer un desembolso muy grande tras el paso de los 30 meses y porque las patentes “se hacen útiles país por país”. Al mismo tiempo, como su negocio es global, su política está en proteger en los países “suficientes” para desarrollar sus productos, es decir, “cubrir allá donde se fabrica, viendo más allá de donde se comercializa”. El día de mañana, concluyó, tendrán unas 100 patentes gracias a las que se harán respetar, aun siendo Nabrawind “un David frente a un Golliat” en el sector en el que se mueven.

Mujeres científicas: cuando romper el “techo de cristal” no es una utopía

Trabajan entre tubos de ensayo, reactivos, placas de Petri, buretas y microscopios. Alguna de ellas descubrió su vocación en su más tierna infancia y otras, ya metidas en faena. Cuatro mujeres muy distintas entre sí cuyo nexo de unión es uno, la Ciencia.

En el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, hemos hablado con algunas mujeres, investigadoras, sobre Propiedad Industrial. Pero también hemos hablado de muchas cosas más, porque para eso es su día. Nuestras chicas de hoy son Marita, María José, Raquel y María Jesús. 

Comenzamos con la más joven. Nacida en la localidad alicantina de El Campello, Raquel Pérez Herrera ya tenía en mente, desde los 5 años, ser Química. Lo que nunca imaginó, como ella misma reconoce, es que la investigación la llevara a Zaragoza, ciudad en la que reside desde 2008. Aunque esto pueda parecer la presentación de una concursante del mítico programa “1,2,3”, nada más lejos de la realidad porque solo pretendemos, con este avance, dar a entender que “el movimiento se demuestra andando” porque entre El Campello y Zaragoza, Raquel ha pasado por unos cuantos laboratorios e instituciones en las que ha desarrollado su vocación.

Raquel Pérez Herrera

“Soy muy cañera”, reconoce, tanto que su miedo a volar a Bolonia, destino de su posdoctorado, no le impidió acudir a una ciudad que consideró su pasaporte “perfecto” para volver a España. De hecho, poco después regresó a Sevilla, con el grupo del profesor Lassaletta en el IIQ-CSIC en 2006 y, más tarde, optó a una plaza del Gobierno de Aragón que “casi llevaba mi nombre” y en el que se requería dirigir un equipo de su especialidad, la “organocatálisis asimétrica” y sus aplicaciones. Tras una etapa como científica titular en el CSIC en Zaragoza, promocionó a investigadora científica en esa misma institución y poco después, recibió el premio Lilly al mejor científico joven menor de 40 años en España, reconocimiento “en masculino” pero que “no implica nada en cuestión de género”, desde su punto de vista.

Su experiencia como investigadora es “muy buena”, si bien admite que se mueve en un entorno “ambicioso”, donde “constatas tu trabajo con las publicaciones” seas hombre o mujer y donde cree que se valoran los méritos, “no los genitales”.

A muchos nos cuesta pronunciar a qué se dedica, a eso de la “Organocatálisis Asimétrica”, que ella explica como quien habla del mecanismo de un botijo, sin desmerecer a dicho mecanismo, por supuesto. Pero el caso es que se trata, en resumidas cuentas, de química “verde”, con poco más de 20 años de vida en el mundo de la investigación científica. Su trabajo ha llegado a tal nivel de complejidad que parece que, a veces, “se deje a la naturaleza en mantilla”. Pretenden hacer fármacos de manera sostenible tratando de alcanzar el enantiómero del fármaco que tienen las propiedades que realmente se van buscando.

Patentar en su campo es “muy complejo” y, de hecho, Raquel nos cuenta su experiencia en este sentido como algo “no tan bueno como esperaba”, a pesar del apoyo que tuvo de la Universidad en su momento con una patente de procedimiento que no llegó a buen puerto porque una gran farmacéutica, simplemente, no respetó las condiciones pactadas. Raquel, que solo quería financiación para alguno de sus “muchos hijos” de posdoctorado, se sintió frustrada, pero no por ello dejó el desarrollo de sus compuestos de lado y es que, tal y como explica, “tenemos que hacer realidad nuestros sueños, porque es un mundo duro pero muy bonito” y, aunque obtener resultados cueste mucho tiempo, cuando se logra, “es una alegría para todo el equipo del laboratorio”.

Grupo "Organocatálisis Asimétrica" HOCA

¿Qué aconseja a quienes se acercan a la investigación científica?. No lo duda al contestar: “Si te apasiona, te olvidarás de las horas del reloj”.

Ahora os presentamos a una veterana, María Vallet, que no se planteaba dedicarse a la ciencia cuando estudiaba en el colegio porque no le “entusiasmaba”. Quién le iba a decir que sería una de las científicas españolas más reconocidas, más galardonadas de nuestro país y que incluso estaría presente en algunos libros de texto, tal y como nos cuenta a modo de anécdota entrañable.

María Vallet

Esta catedrática de Química Inorgánica que trabaja en la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid, es pionera en el campo de los materiales cerámicos con aplicación en la Medicina y en introducir medicamentos en los poros de los materiales de sílice mesoporosos.

A alguien que no está familiarizado con todos estos términos, como la que suscribe, le resulta complicado entender el alcance práctico de los descubrimientos de Vallet pero ella explica su vida de una forma tan apasionada que nadie puede creer que no quisiera ser científica.

“Mis padres dejaron que me aburriera en casa”, comenta, y de esa forma, con esa “fingida indiferencia” consiguieron el efecto contrario, que sintiera la necesidad de estudiar, de progresar y de avanzar hacia una carrera universitaria a la que llegó con 2 amigas y cuya tesis ya se centró en la Química Inorgánica, defendida durante su segundo embarazo.

Reconoce que esa época, mediados de los años 70, fue “complicada” porque trabajaba mientras criaba a 3 niños pequeños. Pensó en abandonar el trabajo en la Universidad, pero su marido la convenció de no hacerlo.

Tras enviudar muy joven, tuvo de nuevo la tentación de dejar su carrera, pero decidió cambiar su planteamiento de vida convencida de querer mejorar su investigación, a través de un posdoctorado en el extranjero. Durante el curso académico impartía clases en la Facultad y en verano trabajaba “a tope” en investigación, en la ciudad francesa de Grenoble. Ahora, mirando “hacia atrás”, se da cuenta que la enseñanza le dio una formación en Didáctica muy importante, pero también opina que la investigación en la que María se movía en el departamento de Química Inorgánica de la Complutense de Madrid, “distaba mucho de ser puntera”.

Así, el Talgo “catalán”, tren cuyo trayecto acababa en Laussane y que tenía parada en Grenoble, fue muy frecuentado por María durante muchos veranos de su vida. En el laboratorio francés había ingenieros, físicos y cristalógrafos, que le enseñaron mucho y le dejaron claro que lo que ella hacía, materiales magnéticos tanto en forma de monocristales como de muy pequeño tamaño de partícula, abría una fructífera colaboración que ha durado muchísimos años. “Salir, conocer, ver otras formas de trabajar, de organizar un laboratorio, de las relaciones con las empresas interesadas en sus investigaciones…en todos los sentidos te abre un mundo enriquecedor”, dice. “Si además ves que lo que haces sirve para algo, todavía mejor”, añade.

Quizás ese fuera el punto de inflexión para Marita, como la llaman sus amigos. Comprobar en esa época, de primera mano, que con su trabajo aportaba y solucionaba problemas. Etapa que coincidió con la llegada al Ministerio de Educación y Ciencia de Javier Solana (Ministro) y Juan Rojo (Secretario de Estado) y que supuso un cambio en el sistema español de ciencia y tecnología porque se empezó a financiar a los grupos de investigación en función de la “potencia” de sus proyectos y su calidad científica.

Grupo de Investigación Biomateriales Inteligentes 
GIBI-CIBER-BBN
Fac. Farmacia - U.C.M.

Desde entonces, ha observado un cambio paulatino en las generaciones, “a mejor”, con más medios y unos laboratorios cada vez mejor equipados. “Hace solo 110 años que la mujer tenía prohibida la entrada en la universidad”. Ahora, en “nuestros” grados, el número de mujeres es paritario al de hombres e incluso mayor en algunos casos. También ha cambiado la mentalidad de la sociedad, “antes era raro que la mujer hiciera algo distinto a ser ama de casa mientras que ahora lo normal es que trabaje fuera”.

Citar los premios que ha recibido a lo largo de su carrera es una muestra de su tesón y elegir uno, difícil. Por eso dice que “todos tienen su historia, de ahí que todos sean tan especiales” pero si se queda con algo, por encima de todo y que más ilusión le hace, es recibir correspondencia, dibujos, historias, etc. de niños y niñas de colegios en los que escriben sobre Marita, o pensar que es “maravilloso” estar disponible para ellos cuando abren un libro de texto en los que se la menciona. “Acercar la ciencia a todo el mundo es gratificante”, afirma esta investigadora, que también divulga la ciencia a través de vídeos “para que se entienda lo que hacemos y cómo lo hacemos”.

Marita cierra la entrevista transmitiendo ánimo y fuerza a todas aquellas mujeres que, como ella, tienen claro lo que quieren hacer en la vida. A las niñas y las jóvenes que buscan convertirse en científicas, les dice que es clave tener referentes para que “vislumbren” la investigación como una posibilidad para ellas, que les guste lo que pueden llegar a hacer.

En este momento, viajamos al Norte, a la ciudad donde acaba el Camino de Santiago, lugar donde investiga y vive nuestra siguiente científica, María José Alonso, farmacéutica que trabaja en el campo de la Nanotecnología y que nos cuenta que ella misma escribió “palabra a palabra” sus primeras patentes (tiene un total de 22, muchas de ellas licenciadas) que, aunque tuvo dificultades para obtenerlas, las recuerda “con cariño”.

En la actualidad, además de contar con la ayuda especializada de su universidad, recurren a expertos externos para diseñar la estrategia de patentes de los resultados de sus investigaciones “con la ilusión de poder explotar lo que hacemos”. La estrategia, dice, está en los conocimientos y cómo organizarlos y además, en conseguir financiación, algo “muy complicado” y en lo que coincide con la opinión del resto de mujeres de este artículo.

“Se necesita mucho dinero para emprender y la patente es una condición imprescindible para ello”, tanto que si se quiere entrar en ese círculo, el gasto es enorme y si no se cuenta con el apoyo de una empresa, “el esfuerzo es monumental y a veces desalentador”.

María José Alonso

A María José Alonso le favorece el hecho de que su campo tenga muchas aplicaciones y le “encanta” diseñar tecnologías. El entorno, en su opinión, no facilita “nada” la vía de patentes. Aunque en los proyectos nacionales y europeos se puede incluir el concepto de patentes, así como el de publicación en “Open Access”, el problema es que la financiación del conjunto del proyecto es, en general, limitada, de modo que “te ves en la necesidad de elegir entre invertir en estos conceptos o bien en personal y material fungible”, lamenta la doctora, que echa de menos un extra de financiación para las patentes.

El laboratorio cuenta con 20 personas, entre los que figuran “doctorandos”, “post doctorandos”, técnicos y una persona que se dedica a la gestión científica de los proyectos de transferencia. El salario de todos ellos procede del laboratorio, tanto de convocatorias competitivas como de contratos con empresas.

En cuanto al género, existe un “buen equilibrio” en su laboratorio. Tanto en el grado de Farmacia, donde ella es profesora, como en el doctorado, sí que ve mayoría de mujeres pero no ocurre lo mismo en el escalón del post doctorado, donde apenas hay candidatas a contratos, al menos en su campo, insiste.

Equipo de María José Alonso. CIMUS Research Institute. Universidad de Santiago de Compostela (USC)

Esta reflexión le ha llevado a recordar que, para ella, dedicarse a la investigación fue algo “muy natural” porque el aspecto práctico de sus estudios le gustó, al enfocarse en la solución de los problemas a través de los fármacos. Al igual que le ocurrió al resto de nuestras investigadoras de hoy, se marchó fuera a estudiar tras la licenciatura. En su caso, a la Universidad de París Sur, a investigar en el ámbito de la Nanotecnología Farmacéutica, gracias a una beca. Allí “alucinó” porque el centro era un referente a nivel europeo y, gracias a su supervisor, Patrick Couvreur, muy emprendedor, supo en qué consistía una patente. Pero no fue hasta su llegada a EE. UU. cuando tuvo la “grandísima suerte” de trabajar con Robert Langer, “el número uno del mundo”, capaz de conjugar a la perfección la ciencia de más alto nivel con las patentes y el emprendimiento. De él, comenta, aprendió a “comunicar, emprender y patentar de verdad”.

María José Alonso rompió estigmas en España ya que, hasta ese momento, muchos científicos pensaban que sin patentes no se podía publicar y ella contribuyó a cambiar este pensamiento que se había instalado en el entorno investigador de nuestro país.

Con todo, esta mujer, catedrática de Farmacia y Tecnología Farmacéutica de la Universidad de Santiago, comenta que “es muy difícil sacar un producto al mercado sin pasar por varios litigios”. Patentar “no es una forma de privar de algo a nadie, sino de asegurar que nadie se aproveche de ello ilegítimamente”. Las patentes se infringen con frecuencia porque se considera que interfieren entre ellas en algún aspecto pero, dependiendo del ámbito, producen beneficios que favorecen a las investigaciones, sin duda alguna. En la industria farmacéutica, afirma categóricamente, todo debe de estar sustentado por patentes.

El problema es que, en muchas ocasiones, se habla de esas patentes, sobre todo en el ámbito de la Medicina, como algo “inicuo e indeseable”, sin embargo, ella opina lo contrario gracias a la experiencia que tuvo en la Fundación Bill y Melinda Gates, en cuyo contrato se estableció la necesidad de patentar las vacunas resultantes de su investigación, así como ceder esas patentes de forma gratuita para su explotación por parte de determinados países. Comenta que “se debe dar a conocer al mundo lo que haces, sin importar que se descubran tus secretos porque a veces, merece la pena que se ceda sin recibir nada a cambio, sobre todo cuando se habla de problemas de salud global”.

La pregunta clave en un día como hoy es la que dejamos para el final. ¿Qué falta para reforzar el papel de la mujer en la ciencia?. Y María José Alonso contesta que la visibilidad de la mujer en este entorno es relevante, algo que se puede comprobar en cualquier congreso, “un fiel reflejo de cómo está la situación”. Lamentablemente, si bien la presencia de investigadoras es importante, la mayoría de los conferenciantes son del género masculino y esta tendencia, afirma, ha de cambiar. Durante su mandato como presidenta de la Controlled Release Society creó la unidad de “Women in Sciences”, precisamente para ayudar e incentivar a las mujeres científicas a que visibilicen su trabajo en todos los entornos posibles.

María José Alonso manifiesta que le da “coraje” ver a una mujer con mucho potencial y que no avanza profesionalmente por un tema educacional, porque pueda tener una pareja que no respeta su trabajo o porque siente que su ambición tiene una connotación negativa y no se atreve a cambiar el sentido de la misma. “Nos falta sensibilidad y tenemos que ser las primeras en animar a nuestras discípulas a superar barreras educacionales”.

Retomando el tema de las patentes, en el caso de nuestra última científica, María Jesús Vicent, podemos hablar de buenas experiencias con las mismas en su ámbito de trabajo, el desarrollo de transporte de fármacos con una visión muy “traslacional” con la que pretende, como en las otras investigadoras, aportar una solución al paciente.

Investigadora Jefe del Laboratorio de Polímeros Terapéuticos del Centro de Investigación Príncipe Felipe (CIPF) y co-fundadora de PTS SL, María Jesús trabaja en Nanomedicina. Observando su perfil profesional, está clara su visión, por la que entiende que, de no ir de la mano de una empresa, “no se puede finalizar con el proceso de la investigación de un producto que ofrecer ” y que, siempre, debe estar protegido por una patente pero, cuidado, “una mala redacción, un mal planteamiento de la patente, no solo acarrea pérdidas económicas”, comenta la investigadora. En su caso, proteger con patente la producción de polipéptidos en 2011, patente base de la creación de su “spin off”, les ha traído algún sinsabor por ese tema.

MARÍA JESÚS VICENT

A causa de ese mal planteamiento generaron muchos gastos, teniendo que invertir mucho dinero hasta su actual concesión en Europa y EE. UU. Una patente de forma que ha costado mucho de mantener aunque esté aprobada y que, “sabiendo lo que sabemos ahora se hubiera escrito de forma muy distinta”. Cosa que han hecho con patentes posteriores, que han permitido su rápida concesión y licencia.

 “Como todas las pymes, hemos tenido altos y bajos”, reconoce, si bien durante el primer año de funcionamiento de PTS tuvieron un proyecto europeo que les aportó estabilidad para sus investigaciones. En un momento dado, dieron con un cliente que pidió un producto concreto y generó una patente íntegramente dentro de la empresa, que ya está concedida en EE. UU. y Europa porque está “bien hecha” y en la que figura como co-inventora, siendo PTS la propietaria. De hecho, esta patente, junto con otra licenciada de su laboratorio y también concedida, son la base de toda la investigación que se realiza en la empresa y tienen mucho futuro para distintas aplicaciones.

La política de patentes en centros de investigación no es igual en todos ellos. Actualmente, se procede siguiendo el resultado de los estudios de patentabilidad que, si son favorables y hay vistas de que se licencie la patente es “perfecto”, pero si no, “hay que justificar muy bien que se quiere patentar”.

Por otro lado, tal y como nos comentaban los investigadores a los que entrevistamos en el Día Mundial contra el Cáncer, “hay que publicar” pero el problema es que con ello se puede vulnerar, fácilmente, la Propiedad Intelectual. No se puede “hablar” a nivel académico y eso es muy difícil “a no ser que tengas la capacidad de tener investigaciones en paralelo” porque el científico puede mantener un “espíritu calmado” y callarse durante muchos años hasta que decide proteger el descubrimiento y, una vez lo está, difundirlo. Esto, en palabras de Vicent, es lo que dificulta el escenario, aunque ahora “ha mejorado porque se es más consciente de que hay que proteger las cosas para llevarlas al paciente” y se llega a la cuenta de que es un compendio de la política de las instituciones académicas que favorezcan la protección, del comportamiento de los grupos para no desvelar y de que “quien te ayude a redactar y tramitar la patente, lo haga bien”.

El objetivo principal de esta investigadora es “legar mi descubrimiento, que cure a alguien, que le beneficie”. Al igual que Raquel Pérez, descartaba toda opción en su vida que no fuera la Química, que, tras la Universidad, continuó en Berkeley (California), con una ayuda del Ministerio de Educación, donde vio todas las oportunidades que le ofrecía la Ciencia.

Equipo del laboratorio de Polímeros Terapéuticos, del CIPF

Todas las científicas entrevistadas tienen muy claro, también María Jesús, que sus estudiantes tienen que salir, experimentar, aprender a valorarse a sí mismos y a abrir la mente, puesto que este sector es “altamente competitivo”. Por ello, esta investigadora, que se autodefine como “curranta y muy cabezona”, se obstinó en trabajar en EE.UU. a su manera, al menos en algunos experimentos, como aquel que no salía “ni a la de tres”, hasta que se cansó y decidió hacerlo como ella pretendía. Sus compañeros, que desconfiaban en cierta medida de su capacidad, la respetaron “al 100%” desde ese momento y entonces se dio cuenta del “o te lo ganas o no vales”.

Su regreso a España fue un paréntesis en el que comprendió que lo que hacía tenía aplicaciones para otras cosas y por eso se marchó a Cardiff, para cambiar radicalmente de una investigación en tesis más básica e ir de la catálisis a una más biomédica en el campo de polímeros terapéuticos, gracias a una Beca Marie Curie. Esa fue la época en la que, trabajando en la Facultad de Farmacia de la Universidad de Cardiff y aprendiendo la parte biológica necesaria para la evaluación de sus sistemas de transporte, se dio cuenta de verdad de lo que quería hacer en la vida.

¿Su referente? Ruth Duncan, pionera en el campo de Polímeros Terapéuticos y la primera que llevó a la clínica uno de los sistemas en los que se basa la investigación de María Jesús. “Fue un tiempo en el que la doctora Duncan estaba en un panel rodeada de hombres”, recuerda. El carácter luchador de su mentora le enseñó que se movía en un entorno que, si bien favorece la paridad, prima el sentirse “científica” por encima de cualquier cuestión de género. “Para hacer buena ciencia, tener buena base y que sea aplicable da igual que seas hombre o mujer” aunque reconoce que, cuando comenzó en el CIPF detectó que sus compañeros hombres tenían “otro idioma, otra forma de relacionarse, de trabajar, de conciliar”.

A estas alturas de la entrevista, es curioso ver similitudes en el pensamiento de nuestras cuatro protagonistas. Por ejemplo, cuando dicen que las mujeres “tenemos que vendernos mejor, manifestarlo sin miedo y creer más en nuestras capacidades” porque, aunque muchas, no solo investigadoras, son así ya, “todavía debemos transmitir, exteriorizar más nuestros argumentos y la confianza que tenemos en nosotras mismas”.

“En ciencia hay que mantener una capacidad organizativa y una mentalidad crítica” y eso no depende del género al que pertenezcas, tal y como lo demuestran en su equipo, formado actualmente por 18 personas de ambos sexos. Lo importante, dice, es “trabajar en lo que te gusta y disfrutar de lo que haces”. “El compromiso está en uno mismo”, declara Vicent, para quien no existe “techo de cristal” puesto que todo gira alrededor del tesón, el esfuerzo, la constancia y el trabajo, “sin esperar a que te regalen nada” y, por supuesto, como también han mencionado sus colegas a lo largo de este artículo, “sin mirar las horas del reloj”.

Patentes en la investigación contra el cáncer: retos y oportunidades

Según el Primer informe sobre la investigación e innovación en cáncer en España, de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC), las patentes son un indicador representativo de la innovación que se muestra en el sector.

En uno de sus capítulos, el documento recoge información sobre cada patente y sus familias, país de la persona o institución solicitante. En este sentido, España se sitúa por debajo de Francia, Reino Unido, Alemania y Países Bajos, siendo EE.UU el que mantiene el liderazgo en número de solicitudes de patentes en este ámbito. Sin embargo, el “ecosistema” español es positivo y el impacto científico a nivel internacional de la investigación en nuestro país es alto.

El cáncer continúa siendo la segunda causa de mortalidad en Europa en la población general y la primera razón de fallecimiento entre los menores de 65 años. Con motivo del Día Mundial contra el Cáncer, hemos entrevistado a varios investigadores que nos han dado su punto de vista sobre la necesidad de apostar por el conocimiento, en parte, mediante la inversión en la protección de la autoría de sus descubrimientos científicos.

El investigador ARAID en el Instituto de Investigación Sanitaria de Aragón (IIS Aragón), Alberto Jiménez Schuhmacher, indica a CEVIpyme que “la investigación es inversión” y que la protección de la Propiedad Industrial muestra la tendencia de innovación en un sector que no depende de las patentes si de lo que hablamos es de investigación académica pero sí en el caso de que se quiera elaborar un producto derivado de una investigación, donde es “imprescindible” patentar, como ocurre con firmas genéticas que pueden predecir si un paciente responderá o no a posibles tratamientos, determinados componentes de una biopsia virtual, sistemas de cribado que permiten identificar fármacos, compuestos que se pueden proteger para desarrollar futuros fármacos o tratamientos patentables, no con el objetivo de que los investigadores o laboratorios se enriquezcan, sino “para que no caigan en manos de personas que se pueden lucrar”, como pasa con los medicamentos que ya están disponibles en el mercado.

Alberto Jiménez Schuhmacher en su laboratorio

En opinión de Jiménez Schuhmacher, en España no se patenta más por varias razones. En primer lugar, porque “no hay cultura” de proteger la Propiedad Industrial en el entorno investigador. Piensa que, a los científicos, “se nos ha valorado mucho por los criterios de publicación, pero no tanto por la filosofía de montar empresas”, de forma que en los proyectos sí que hay un potencial de innovación y de comercialización “factible y compatible con el sector pero que no se aprovecha”, así que hay que plantear un “cambio necesario” porque muchos colegas podrían patentar gracias a empresas formadas por miembros de centros de investigación o desprendidas de las propias universidades. Empresas, o en su término anglosajón, “spin-off” que transfieren conocimiento en I+D y que ofrecen a los investigadores la posibilidad de llevar sus proyectos a una práctica empresarial.

El segundo de los motivos que expone este científico del por qué no se patenta con más intensidad en nuestro país es porque es “caro y laborioso” y si, además, “te exigen publicar mucho y no puedes publicar mientras estás patentando, puedes poner en riesgo tu carrera profesional”, afirma. Por último, considera que hubo una época en la que “se abrió mucho la mano” a patentar para “hinchar” el currículum. Desde su punto de vista, ahora ya no se tienen tanto en cuenta las patentes como las patentes licenciadas, pero el problema es que “pasan muchos años entre que se realiza la investigación, descubres, patentas y encuentras una aplicación comercial”.


Biopsia virtual. Reconstrucción 3D de una imagen PET combinada con TAC de un modelo de ratón con glioblastoma/IIS Aragón

Con todo, el responsable del grupo de Oncología Molecular del IIS Aragón, se muestra optimista ya que observa que esa cultura está cambiando. Muchos centros empiezan a tener departamentos de innovación o de transferencia potentes y se nota su labor, que se complementa con la información que difunden y que ayuda a otros que no disponen de tantos recursos económicos a desarrollar sus proyectos, como ocurre en los laboratorios de reciente creación, donde la ciencia no está consolidada todavía. En los que gozan de esa experiencia se patenta mucho, buscando “mejoras de procesos, de ensayos y de productos”, que pueden aplicarse a otros sectores, como el de la industria biomecánica, sin ir más lejos. “Dar con una buena patente de las nuestras supone varios millones de euros que se pueden reinvertir en más ciencia”.

Durante la entrevista, este investigador aragonés declara convencido que el estado de la investigación en España, en cuanto a descubrimientos y publicaciones, “es muy bueno” pero todo cambia cuando se trata de financiación. A pesar de esto, si observamos el ratio de publicaciones frente a la financiación, “es estupendo porque, con poco, hacemos y logramos mucho”, dice. Así que, concluye, en España parece ser que “fallamos en la transferencia y en hacer las patentes porque nunca se ha exigido lo suficiente y porque no hay bastantes ayudas económicas para registrar más”.

Desde la perspectiva de las empresas, Highlight Therapeutics, de carácter privado y dedicada al desarrollo de nuevos fármacos en la etapa clínica, trabaja en el campo de la inmuno-oncología. Su CEO, la investigadora Marisol Quintero, nos habla del trabajo de los 16 científicos que forman parte de esta “pyme” y que llevan hasta los pacientes las terapias que obtienen de sus estudios.

Con una inversión que ronda el 80% del gasto de la empresa en I+D+i, la doctora nos cuenta que, además, este año han conseguido medio millón de euros en calidad de ayudas, que anticipan los beneficios fiscales en el futuro. Al ser cantidades tan importantes, “es obvio que la innovación tiene una ventaja competitiva para nosotros”.

Investigador del equipo de Highlight Therapeutics

La Propiedad Intelectual e Industrial, en su opinión, es una condición “indispensable” para sus investigaciones y es necesaria su incorporación desde el principio de cada proceso. Highlight Therapeutics dispone de agentes de Propiedad Industrial propios que enfocan su labor en función de los territorios donde quieren proteger su investigación porque cada zona tiene unas reglas de juego diferentes, de forma que “resulta necesario profesionalizar la protección de nuestros experimentos”.

En el caso de esta compañía, interiorizar la importancia que tiene defender sus activos va más allá, incluso para financiarse. El valor que se deriva de sus Derechos de Propiedad Industrial es bajo si solo se considera en el mercado español, aumenta en Europa y es todavía más fuerte y por tanto de mayor valor si se consolida en EE.UU y Asia.

Highlight Therapeutics no solo ha protegido sus intangibles mediante Propiedad Industrial, en concreto patentes, en los mecanismos de acción y del producto farmacéutico oncológico, sino también de la fabricación y manufactura del mismo. Para poder hacerlo, es “fundamental” que se den  las condiciones para que se les conceda una patente, como son la novedad, la actividad inventiva y la aplicación industrial. En caso de conseguirlo, “la forma de manufacturar también puede ser protegida, lo cual tiene implicaciones para muchas otras industrias, de ahí que sea clave que las pymes se familiaricen con el proceso de protección industrial”.


Vial de BO-112 para su uso en estudios clínicos/Highlight Therapeutics

La científica valenciana niega que España se encuentre en desventaja respecto a otros países de la Unión Europea en referencia a la protección de los intangibles si bien “el entorno no está tan maduro como en otros países que trabajan desde hace más tiempo con estos conceptos”. En general, en la mayor parte de Europa, hay una ley que dicta que la autoría del descubrimiento es del inventor pero la titularidad, la propiedad de la invención, es del empleador. Y en esta cuestión, hay que diferenciar entre la forma de trabajar en el medio académico y en el medio empresarial. En el primero de los casos, es positivo formar una empresa con el equipo de trabajo o que sea la institución, a la que pertenece el investigador, la que licencie la tecnología a otra empresa para que la desarrolle y, en caso de que sea exitosa, el investigador podría obtener un beneficio económico. Desde el punto empresarial es más sencillo porque la empresa es la titular o cotitular de las patentes y la explotación pertenece, simplemente, a la empresa.

Defender la Propiedad Intelectual es una actividad constante en la investigación

Highlights Therapeutics realiza periódicamente un ejercicio prospectivo, lo que se denomina un “estudio de libertad de operaciones”, en el que se preguntan si pueden comercializar su producto sin infringir otras patentes, siempre teniéndolo en cuenta para los territorios donde quieren operar. A veces, identifican que no tienen total libertad y se plantean acuerdos para conseguirla. En otros casos, si creen que otras patentes no son justas porque quienes las tienen no las han defendido bien, se oponen a que la reivindicación forme parte de las mismas y esas oposiciones dirimen conflictos en los que en ocasiones ganan y en otras pierden. Defender la Propiedad Industrial “no acaba tras la solicitud y la concesión de una patente”, dice Marisol Quintero, sobre todo en empresas con una actividad y una vigilancia tan intensivas en este tema.

Como se recoge en el Informe citado al inicio del reportaje, hay un número importante de pequeñas y medianas empresas innovadoras en el ámbito del cáncer en España. La protección y el desarrollo del ecosistema innovador “multidisciplinar” que va desde la investigación en su nivel básico hasta la clínica es necesario porque es, de este último paso, del que surgen las empresas que deben dotarse de “servicios tecnológicos y profesionales y de las oportunidades de financiación que requieren sus desarrollos, su crecimiento y expansión internacional”.

En un ámbito muy “natural” para la Propiedad Intelectual y la Industrial, hay que “sembrar” en todos los niveles, según indica Quintero. Las organizaciones de “cercanía” pueden contribuir, las agrupaciones que hay en entidades como las Cámaras de Comercio son más capaces de llegar, de trabajar mano a mano con los empresarios y de mover la rueda en la que hay muchas más ayudas para las empresas innovadoras. Poner en valor la investigación contra el cáncer con todas las herramientas de las que disponemos en la sociedad es clave para garantizar el éxito y reconocimiento de todos nuestros investigadores y uno de los primeros pasos es concienciarnos de lo importante que es velar por ellos a través de la defensa de sus descubrimientos científicos.